La carretera, Cormac McCarthy: “Me parece uno de los mejores ejemplos de cómo se pueden transmitir sensaciones y emociones extremadamente intensas a través de las letras. Confieso que he leído pocos libros que hayan perdurado tanto en mi inconsciente y que me hayan dejado un poso de dulce desagrado durante tanto tiempo. Un padre, un hijo en medio de la más absoluta soledad y miseria. ¿Quién da más?”.
El periodista deportivo, Richard Ford: “En honor a la verdad, tendría que haber puesto la «trilogía de Frank Bascombe», compuesta, además de por este volumen, por El día de la independencia y Acción de gracias. Richard Ford es un maestro en desarrollar una crítica de la cultura y de la sociedad, en este caso norteamericanas, recurriendo al humor. Su empleo de la ironía y el modo en que estructura sus diálogos deberían estudiarse en cualquier taller de literatura… ¡Qué demonios! ¡Debería estudiarse incluso en la escuela!”.
¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, Raymond Carver: “Carver es el maestro de los relatos cortos. He elegido este volumen porque me encanta el título y porque incluye algunos de mis historias favoritas. La idea de Carver, que también encontré mencionada en el Mientras escribo de Stephen King, es sencilla: eliminar lo superfluo. Carver lo consiguió; King no lo tengo tan claro (a pesar del cariño que le tengo)”.
1984, George Orwell
: 2Francamente, no debería explicar por qué este libro aparece en este listado. Resulta imposible comprender nuestra sociedad actual ni el funcionamiento del panóptico contemporáneo sin tener al menos presentes las tesis vertidas en un libro ¡publicado en 1949! Para aquellos o aquellas que no lo conozcan, sólo les diré que Gran Hermano (ni siquiera el término) no lo inventó John de Mol ni Tele5…”.
Moby Dick, Herman Melville: “Esta novela lo tiene todo: aventuras, simbolismo, filosofía… e incluso una ballena blanca. ¿A quién no le va a gustar?”.
El hombre que fue jueves, G.K. Chesterton: “Lo admito: Chesterton es el más grande. Imaginad a un Conan Doyle que, a la hora de hacer que su Sherlock Holmes resuelva un caso, le añada un plus absolutamente desconcertante. Chesterton es el mago de las paradojas literarias, del estilo elegante y caballeroso tan propio del siglo XIX y, en esta obra, pone toda la carne en el asador: lógica, aventuras, misterio, política, detectives, anarquistas y teología en una misma coctelera. Irresistible”.

Walden, Henry David Thoreau: Clasificar esta obra de «novela» resultaría excesivo, pero recomendar su lectura sí que es un must. Desde su estancia en la naturaleza, Thoreau, defensor de la desobediencia civil, hace un análisis de la sociedad de su época que todavía sigue resultando vigente para comprender la nuestra. Después de todo, tal vez necesitemos menos de lo que pensamos y la felicidad esté a la vuelta de la esquina…
Fahrenheit 451, Ray Bradbury: “Considero que esta novela debería leerse a la vez que 1984. Ambas plantean las dos caras de un mismo problema, luego nos previenen contra él, es decir, contra el atontamiento de las masas y contra los abusos del poder. Leer Fahrenheit 451 es evitar la quema de un libro; es poner otro ladrillo en la construcción de la conciencia crítica. Ah, sí, y también es pasarlo muy bien disfrutando de una gran novela”.
Hagakure, Jocho Yamamoto: “Me fascina la cultura oriental. Cierto, tampoco ésta es una novela, sino un compendio de sabiduría samurái. Es uno de mis libros de cabecera desde hace muchos años. Cada vez que me acerco a él, los guerreros luchan en sus páginas y mi alma se aquieta. Un libro profundo, profundísimo, que debería ser leído, al menos, una vez al mes”.
Ilíada, ¿Homero?: “Sé que se le atribuye a Homero… claro, si se admite que existiera realmente… Como no es el lugar para discutir estas cuestiones, simplemente diré que, junto con la Odisea, este libro es fundacional. Me sorprende que algunos compañeros escritores lo hayan metido en el mismo saco que otros tantos. Eso sería como incluir la Biblia o el Corán en la lista de los bestsellers más vendidos en supermercados. Es de esos libros que, tal como sucede con el Quijote, todo el mundo cree haber leído porque en el colegio le hablaron de él en un par de ocasiones. Bien, si se quiere conocer la raíz de nuestra cultura, de la cultura mediterránea, y varios millones de cosas, hay que leer este otro viaje de Ulises; un viaje siempre cargado de peligros: el de vuelta”.
Y ahora un pequeño plus «Bruno Nievas Style» orientado al fomento de la lectura infantil y juvenil que no creo que le venga mal a nadie:
Las aventuras de la mano negra, Hans Jürgen Press: “¿Qué niño no ha soñado alguna vez con convertirse en detective? Este libro combina lectura, imágenes, desarrollo de la capacidad de observación y de la lógica y, personalmente, me hizo pasar muy buenos ratos durante mi infancia. Ahora mi hijo se ha sumado a la banda… de la Mano negra, claro”.
La guerra de los botones, Louis Pergaud: “Dejémonos la mojigatería. A los chavales les gusta pelear, los tacos, las pandillas, las aventuras… y un saludable y natural tránsito de la vida infantil a la adolescente o adulta. Mi padre me habló de este libro cuando yo era un chaval. Me debió gustar porque todavía pienso en él cuando me preguntan acerca de libros y, circunstancias de la vida, he acabado siendo escritor…”.

