Hernando Guanlao es un habitante de la ciudad de Manila de unos sesenta años. Una de sus pasiones es la lectura y decidió que era el momento de compartir su afición con el resto de vecinos de la ciudad. Montó una biblioteca improvisada fuera de su casa, situada en el centro de la ciudad.

La casa de Hernando Guanlao convertida en biblioteca. /BBC
Pero no era una biblioteca cualquiera. Para empezar los libros son gratuitos, nadie tiene que pagar por ellos ni un solo céntimo. La peculiaridad continúa por el tiempo de entrega: no existe. Una persona puede coger un libro y tenerlo el tiempo que desee. Como dice Guanlao: “la única regla es que no hay reglas”.
Pero, ¿cómo surgió la idea? Cuenta Guanlao que llegó un momento en el que los libros parecía que le hablaban, diciéndole que querían ser compartidos y pasar de mano en mano.
Habrá quien piense que con este sistema este hombre ha perdido toda su colección, que ofreció a partir del año 2000 tras la muerte de sus padres. Todo lo contrario, el número de libros ha aumentado de forma considerable.
Vía: BBC
