Manuel Marlasca (@manumarlasca): “A alguien no le interesa que el e-Book despegue en España”

Verano de 2010. Martes 22 de junio. Un candidato a becario asoma la cabeza por la puerta de una redacción . Uno de los periodistas que hasta ese momento tenía la mirada fija en la pantalla dice: “Tienes visita”. Comienzan los chascarrillos. “Callaros, que lo vais a asustar”. ” A ver, ¿dónde has estado?”.  El candidato suelta la retahíla.

****

“Aún están a tiempo de cambiar de profesión. Ese es el primer consejo que Manuel Marlasca (Madrid, 1967) da a los becarios que entran en la redacción de Interviú, donde trabaja como reportero con la categoría de adjunto al director. “Cuando insisten les digo, sobre todo, que se tiren a la calle, que el periodista se hace en la calle”. Y es precisamente la calle la que le ha permitido firmar reportajes semana tras semana en esta publicación y escribir tres libros de los que se habla en esta conversación que Libros.com mantiene con él. “Las generaciones nuevas creen que se pueden hacer Periodismo con Google y con todo lo que sale por la pantalla de un ordenador, pero hoy uno se sigue haciendo periodista en la calle. No hay otro camino”.

****

“¿Y te quieres dedicar a esto?”. “Sí”, contesta el candidato. “Pero… ¿dónde estás ahora?”. El candidato vuelve a ponerle en situación. “Vente… yo estoy encantado… pero si estás metido en temas de Internet… ahí está el futuro”. “El papel…”. Esta entrevista, realmente, comenzó aquel verano.

Fotografía de Manuel Marlasca

Marlasca cree necesario replantear el negocio editorial. /UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

P.- ¿Qué llevó a Manuel Marlasca al Periodismo y en consecuencia a escribir?

R.- No creo en el determinismo, pero… soy hijo y nieto de periodistas. Desde muy joven pasaba las tardes-noches de los viernes y los sábados en la redacción del diario Pueblo, donde trabajaba mi padre. Imagino que eso ayudó a elegir mi profesión.

P.- Como muchos otros también fue becario o estuvo “en prácticas”. ¿Maestros?

R.- Fui becario en Antena 3 de radio (verano de 1986) y en el diario Ya (verano de 1987). Especialmente en el periódico aprendí mucho de muchos profesionales… Me fijaba en todo, quería conocer todos los procesos hasta la salida del diario, por eso aprendí tanto. Poco después comencé a hacer sucesos y hubo muchos compañeros que me ayudaron, reporteros ya consagrados que me echaron una mano: de manera especial, Jesús Duva, pero también Carlos Aguilera, Ángel Colodro, Ricardo Domínguez, José Luis Guardia… Reporteros de sucesos que mantenían unos códigos que empiezan a perderse, una manera de hace Periodismo y de ser compañeros que ya no existen.

P.- Así son, así matan cumple diez años desde su publicación. Lo escribió junto a Luis Rendueles con el que forma, dice,  sociedad periodística-editorial. ¿Por qué con él?

R.- Luis y yo nos conocimos en 1990, en la redacción del diario El Sol. Trabajamos juntos allí, en Antena 3 TV y nos volvimos a juntar en Interviú en 1998. Nos conocemos muy bien, somos amigos y no hace falta ni hablarnos para saber lo que uno espera del otro.

P.- ¿Cómo se complementan?

R.- En el caso del libro, nos repartimos la mitad de los capítulos cada uno y luego, yo revisaba los suyos y él los míos. Los reportajes de Interviú, como los guiones de Territorio Negro, el espacio que hacemos dentro de Julia en la Onda, son trabajos hechos más a cuatro manos.

P.- Y la idea para este libro, ¿es propia?

R.-Fue una idea nuestra, que convenció a Carmen Fernández de Blas, que por aquel entonces estaba en Temas de Hoy. Llevábamos, en mi caso, 14 años dedicado a los sucesos, habíamos cubierto los crímenes más importantes de nuestra historia reciente y creíamos que nos faltaban muchas cosas por contar.

P.- Empezaron con buen pie, ¿no? Prólogo de Lorenzo Silva.

R.- Luis y yo éramos lectores de Lorenzo. Yo, en concreto, le conocía desde La flaqueza del bolchevique, una novela que me encantó. Los dos habíamos leído las primeras de la serie de Bevilacqua y Chamoro y nos pareció la persona más idónea. Fue toda una sorpresa. Le entregué en un bar el manuscrito y a los pocos días me llamó: “Me ha encantado, os he corregido un par de erratas y os he hecho el prólogo”. La generosidad y la calidad humana de Lorenzo es aún mayor que su talento como contador de historias.

P.- Recogían veinte asesinatos cometidos en los diez años anteriores a la publicación. Sus letras sirvieron para que desfilaran, como usted define, monstruos del tipo de Antonio Anglés o Petru Arcán. ¿Qué fue lo que más le impresionó cuando escribía el libro?

R.- Muchas veces, lo que más sorprende es la banalidad del crimen, lo simples que son los personajes que protagonizan actos de extrema crueldad. El secuestro y asesinato de Anabel Segura es una prueba de lo que digo. Un fontanero y un repartidor que deciden solucionar su vida yendo a una zona adinerada de Madrid, secuestrar a alguien al azar sin plan, sin escondite… Y lo único que se les ocurre es matarla e intentar cobrar un rescate. Es tremendo.

P.- ¿En todos los seres humanos hay interna una maldad inmensa que solo necesita de unos estímulos negativos para que aflore?

R.- No, no en todos los seres humanos hay una maldad inmensa, como tampoco hay una bondad sin límites y es la sociedad la que nos hace malos, como dicen las viejas teorías de izquierdas. Sí es cierto que muchas veces, como decía el genial George Simenon, “un asesino es alguien como usted o como yo instantes antes de cometer un crimen”, pero en este oficio, igual que uno conocer lo peor, también conoce lo mejor de las personas.

P.- ¿Luego vino Una historia del 11-M que no va a gustar a nadie? ¿Eso de que “no va a gustar a nadie” viene quizá porque se alejaban de las dos grandes teorías y no se vendían a ciertos intereses políticos como hicieron algunos medios de Comunicación?

R.- Exactamente. Quisimos salirnos de las trincheras, de ese frentismo que se creó tras el 11 de marzo de 2004, en el que la prensa se posicionó de manera descarada. Como español y como periodista me sigue avergonzando lo ocurrido –y lo que aún hoy sigue ocurriendo– en torno al 11 de marzo de 2004.

P.- ¿Qué va a aportarle al lector leer un libro como este después de todo lo que se ha escrito y dicho sobre este terrible suceso?

R.- Lo único que le va a aportar es un detallado estudio del sumario, de los personajes que formaron la trama terrorista, de los errores –hubo muchos– de policías, guardias civiles y políticos, de cómo se desarrollaron las pesquisas que acabaron con el suicidio del núcleo de la célula y el asesinato del geo Javier Torronteras… Y van a poder leer un capítulo entero dedicado a la conspiranoia…

P.- Pero aquí qué hubo: ¿malos políticos, malos periodistas, malos policías? ¿También habría buenos, no? ¿Dónde quedaron?

R.- Los buenos policías fueron esos que precisamente se dejaron la piel para esclarecer los atentados y a los que tuvimos ocasión de conocer durante la elaboración del libro. Unos tipos que trabajaron con la presión de casi 200 muertos y que hicieron las cosas muy bien, pese a toda la basura que se ha arrojado sobre ellos. Los buenos periodistas estaban, en muchos casos, sepultados por el hormigón de los intereses de sus empresas, al servicio de una u otra versión. Pero también hubo buenos periodistas que resistieron y que dieron un ejemplo de profesionalidad, y pienso ahora en Cruz Morcillo y Pablo Muñoz, de ABC, dos enormes reporteros.

P.- Dice sobre este libro: “Invertimos en él un esfuerzo enorme… Sin embargo, las ventas fueron muy discretas”.  Arturo Pérez-Reverte decía en una entrevista realizada por Enric González que de las novelas que había escrito, El pintor de batallas era la mejor pero la que menos había vendido. ¿Qué ocurre aquí? ¿Qué hay, o que le meten en la cabeza al lector para que no aprecie las obras en las que se ha hecho un gran esfuerzo?

R.- Creo que el lector no tiene que apreciar eso, sería un error. Sería algo asi como decirle: “Oye, lee mi libro, que me ha costado mucho hacerlo”. Un libro, igual que un reportaje o una película gusta o no gusta. Mi trabajo es escribir una y otra cosas, no contarle al lector lo que me ha costado hacerlo. Uno de los consejos que doy a los chavales que empiezan es precisamente ese: al lector no le importa lo que te costó llegar a un sitio o que te trataron mal. Tu trabajo es ese, llegar y contarlo. Para eso nos pagan.

P.- Mujeres letales, otro de sus libros. Dicen en él: “El número de asesinas españolas ha crecido en los últimos veinte años”. Podría explicar en qué se fundamenta este crecimiento. Por cierto, ¿por qué centrarse solo en mujeres? ¿Idea propia o propuesta de la editorial?

R.- La ida de hacer un libro sobre criminalidad femenina fue de la editorial. El crecimiento de esa criminalidad creo que no es más que una muestra de la adopción de la mujer de roles tradicionalmente reservados a los hombres. Igual que las mujeres han llegado a la policía, a la mina, al ejército… Se han incorporado al crimen.

P.- Usted se dedica a los sucesos. ¿Por qué las noticias y reportajes que aparecen escritos gozan de buena aceptación o no están tan mal vistos como las informaciones de sucesos que aparecen en televisión? ¿Es más difícil que reciban ese calificativo fácil de que están inundadas de “amarillismo”?

R.- Hacer sucesos en televisión es mucho más difícil que hacerlos en un medio escrito. Cuando yo estoy en la calle haciendo un reportaje voy ‘armado’ solo con bolígrafo y cuaderno. Así es mucho más fácil ganarse la confianza de alguien que con una cámara, focos… Los compañeros que hacen información de sucesos en televisión lo tienen muy difícil y, aún así, hacen trabajos excelentes. Otra cosa es que algunos de ellos hayan cruzado determinadas líneas y se hayan olvidado de la información para hacer algo más cercano al espectáculo, como en los años del plomo de los realitys, los Cruzamos el Missisipi y esas bazofias.

P.- Usted y sus compañeros, nos consta, patean la calle en busca de historias. Ahora a los periodistas se les acusa, entre otras cosas, de haberse acomodado en las redacciones; abusan del teléfono, se mueven poco… Pongamos el caso de la información política que cada vez está más lejos del ciudadano y sirve más como altavoz. ¿Qué puede enseñar la información de sucesos a la información política?

R.- Es así. Los periodistas pisan mucho menos la calle de lo que lo hacíamos antes. Hay una parte de culpa que está en la crisis: ya no se viaja con tanta frecuencia para cubrir una información o para investigar; otra parte de culpa la tienen los responsables políticos, empeñados en controlar la información policial y hacer uso de ella, limitando todo lo posible los contactos de policías y periodistas; pero una parte importante la tenemos los propios periodistas, adocenados y metidos en nuestras redacciones…

Aún así, por supuesto, la información de sucesos está mucho más viva que la política. El Periodismo de sucesos tiene que enseñarle, no solo al político, sino a todos. ¿Hay alguna otra especialidad en la que a uno, cuando empieza le digan algo semejante a: ‘hale, chaval, vete a la casa del asesinado y no vuelvas sin una foto’. No imaginas lo que curte eso.

P.- Y después de escribir sobre asesinatos, mafiosos… ¿es todo tan espectacular como se nos cuenta en novelas, películas o series? O, por poner un ejemplo, el mafioso tipo es un personaje más chusquero.

R.- Absolutamente chusquero, cutre y zafio, aunque muchos de ellos se empeñan en imitar algún modelo de cine o de la televisión.

P.- Dice: “De mayor quiero contar historias como las cuenta Carlos Zanón”. ¿Tienes ganas de dar rienda suelta a la ficción, de dibujar perfiles menos realistas que los que describes en tus reportajes y más cercanos a lo que sería un mafioso de El padrino?

R.- Me encantaría escribir una novela, pero me impone un enorme respeto. Soy un gran lector y por eso precisamente sé que es muy difícil tener el talento de Zanón o de Silva… O de Chandler, Thompson, Hammet, Connolly… Pero si escribiera una novela, siempre estaría muy pegada a la realidad, estaría mucho más cerca de lo real que de los arquetipos cinematográficos. Al fin y al cabo, es lo que yo conozco.

P.- ¿Qué le parece la subida del IVA que se va a aplicar a patir del 1 de septiembre al libro electrónico pasando del 18 al 21%? ¿Encuentra alguna razón lógica?

R.- Es una tropelía. No se me ocurre ninguna razón, salvo que a alguien no le interese que el libro electrónico despegue en España.

P.- Es inevitable. ¿Qué cree que podrían mejorar las editoriales?

R.- Creo que las editoriales son las primeras que no están poniendo demasiado de su parte para que el negocio del libro electrónico crezca. Creo que hay que replantear el negocio. No pueden plantearse ganar el mismo dinero que ganaban con el papel si se ahorran distribución, papel… Los precios aún son muy altos y, lo que es peor, hay muchas editoriales que aún no tienen su catálogo en e-Book

P.- ¿Ve viables en el futuro la autopublicación, el crowdfunding…?

R.- Creo que parte del futuro pasa por allí. Ya hay de hecho pequeñas editoriales que hacen casi autopublicación de autores importantes, como Libros del K.O. Creo que en el futuro sobrevivirán los grandes acorazados, pero también los que apuesten por este tipo de proyectos innovadores.

P.- Aunque es difícil, cinco libros que deberíamos leer…

R.- Difícil elección, desde luego, porque yo leo, no solo novela negra, sino otro tipo de libros, así que os daré un menú variado: Una mujer difícil, de John Irving (Tusquets); Antología del cuento norteamericano. Selección de Richard Ford (Galaxia Gutenberg); Plenilunio, de Antonio Muñoz Molina (Alfaguara); La trilogía de Nueva York, de Paul Auster (Anagrama); 1280 almas, de Jim Thompson (RBA).

 

Sobre el autor

Manuel Marlasca (Madrid, 1967) se dedica al Periodismo desde 1986. Ha pasado por diferentes medios hasta que recaló en Interviú en el año 1998.  Desde enero de 2008 , junto a su inseparable Luis Rendueles, hace la sección Territorio Negro en el programa de Julia en la Onda; desde junio de 2010 colabora con Espejo público, en Antena 3.  Ha participado en España Negra, editado por Planeta.

 

Esta entrada fue publicada en Entrevista y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Identifícate o regístrate para poder dejar un comentario.