Empecé a leer este libro algo descorazonado, porque acababa de abandonar otro de un autor conocido, porque al cabo de 20 páginas aún no había conseguido saber de qué iba y me empezaba a cansar el abuso de originalidades lingüísticas carentes de contenido.
En cambio, nada más empezar a leer La vida nueva de Orhan Pamuk (escritor que me sorprendió en Me llamo Rojo y me fascinó en Estambul), me sentí invadido por una extraña sensación. Fue como si el texto, que no es particularmente claro ni divertido, surgiera de la profundidad de mi propio espíritu. Como si el autor hubiera hallado la forma de entrar en mí mismo y se hubiese puesto a desvelar mis secretos mejor guardados. Tardé un tiempo en “saber de qué iba”, pero no me importaba porque me había cautivado.
Delicado, sensible, profundo y sensual, Pamuk expone sin pudor su conocimiento de la naturaleza humana y una imagen descarnada y minuciosa de la vida cotidiana de su tierra. Y al mismo tiempo demuestra que el verdadero escritor no sorprende con palabras bonitas o novedosas, sino con ideas que conmueven el espíritu del lector.
Carlos Laredo
