¡No quiero premios!

Probablemente, la reacción más extendida a la hora de recibir un premio es de alegría, ya sea expresada con lágrimas, con palabras o sin ellas. Puede que incluso modestia o falso agradecimiento. Lo que no suele ser tan normal es rechazarlo.

Javier Marías/ escritores.org

A Javier Marías, escritor de Los enamoramientos, le fue otorgado recientemente el Premio Nacional de Narrativa (dotado de 20.000€) por el Ministerio de Cultura, Educación y Deportes, un premio a la mejor obra narrativa publicada en España en 2011. Pero Marías, siguiendo una tradición auto impuesta desde 1995 de no aceptar ningún premio pagado con dinero del Estado, ha rehusado aceptar el premio.

El caso de Javier Marías no es el único en el mundo literario español.

Mientras que Juan Goytisolo declinó la Legión de Honor de Francia, en 2003, Álvaro Pombo rechazó la Medalla de Plata de Santander, otorgado por el Ayuntamiento de la ciudad, por razones políticas. En sus propias palabras:

Que la medalla fuera de oro, plata o cojón de mico daba igual; el caso es que los políticos lo hicieron mal.

Rechazos internacionales

Pocos escritores pueden presumir, o lamentar, haber rechazado un Nobel de Literatura. Jean-Paul Sartre, en 1964, y Boris Pasternak, en 1958, han sido los únicos, aunque por diferentes razones. Sartre no lo aceptó por principios, tenía por costumbre declinar todos los premios que le otorgaban ya que consideraba que institucionalizaban a los artistas. El caso de Boris Pasternak fue diferente. El escritor de Doctor Zhivago fue amenazado con la expulsión de la Unión Soviética si aceptaba tan honorífico premio. Su hijo acabó recibiendo el galardón en su nombre muchos años después de su muerte, en 1989.

Por desgracia, la política suele ser una de las principales razones para rechazar premios literarios. Hace menos de dos meses, la escritora portuguesa Maria Teresa Horta se negó a recibir el premio D. Dinos de manos del primer ministro Passos Coelho, como protesta por la política de austeridad que está llevando acabo el país luso. El poeta estadounidense Lawrence Ferlinghetini también ha rehusado aceptar el premio internacional de literatura Janus Pannonius, condecido por el PEN húngaro, como muestra de repulsa por las políticas del partido gobernante en Hungría.

Otro escritor que comparte la opinión de Jean-Paul Sartre es el poeta griego Dinos Cristianópolus, quien rechazó el Gran Premio de las Letras griego ya que opinaba que los premios eran sólo distinciones que disminuían la dignidad del ser humano al tratar de diferenciarlos.

Fuera de la literatura

El campo literario no es el único que conoce el rechazo a un premio. En el mundo del teatro, Albert Boadella y Els Joglars declinaron el Premio Nacional de Teatro en 1994. Consideraban que el premio llegaba demasiado tarde, cuando ya no lo necesitaban y tenían el reconocimiento de sus seguidores para arroparles.

En 2010, el escultor Santiago Sierra rechazó el Premio Nacional de Artes Plásticas ya que opinaba como Sartre y Cristianopolús. En 2001, el diseñador gráfico Daniel Gil no aceptó la distinción extraordinaria que el Ministerio de Ciencia y Tecnología quiso otorgarle con ocasión del décimo aniversario de los Premios Nacionales de Diseño.

Kalam

Acerca de Kalam

Estudiante de Filología Inglesa. Lectora empedernida desde que aprendí a juntar letras para formar palabras.
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