Novelas inspiradas por las drogas

Aunque el título pueda llevar a engaño y penséis que hablo de novelas que relatan la historia de personajes que sufren duras experiencias con las drogas, como Campos de Fresas de Jordi Serra i Fabra, la realidad es que la entrada de hoy trata sobre novelas que se escribieron (si no enteras, en parte al menos) bajo los efectos de las drogas.

Largo es del debate de si los escritores (o los artistas en general) deberían o no usar sustancias que estimulen su creatividad. Como ya comenté en la entrada sobre supersticiones y manías literarias, cualquier excusa es poca para llamar a las musas. Pero una cosa son los rituales y otra la ingesta de drogas, tanto blandas como duras.

Charles Bukowski

En el caso de las drogas blandas socialmente aceptadas encontramos el alcohol en todas sus variedades, exceptuando el vendido en farmacias. Un escritor muy dado a cualquiera de sus variantes fue el padre del llamado realismo sucioCharles Bukowski (Cartero). Toda su obra se ha visto influenciada por este vicio al que se inició con 17 años, gracias a su amigo Baldy. Otros escritores que también practicaban el levantamiento codo fueron: Hunter Thompson (Miedo y asco en Las Vegas); Raymond Chandler, creador de uno de los detectives privados más famosos de la literatura estadounidense, Philip Marlowe (El sueño eterno); John Cheever, conocido como “el Chéjov de los barrios residenciales” (Falconer); O. Henry, pseudónimo bajo el que escribía William Sydney Porter y de quien se dice que escribió su relato más famoso (El regalo de los Reyes Magos) en menos de tres horas y bajo la influencia de una botella de whisky entera.

A Tennessee Williams (Un tranvía llamado deseo) su alcoholismo, entre otros problemas, le salvó de tener que unirse al ejército durante la II Guerra Mundial. A Dylan Thomas el alcohol le inspiró muchas de las imágenes que aparecen en sus poemas. Dorothy Parker, la única mujer de nuestra lista, también tuvo problemas con las bebidas espirituosas. Edgar Allen Poe (El cuervo) también practicaba el noble arte del levantamiento de jarra en barra fija, por lo que cuya muerte ha sido asociada al alcohol además de a las drogas, el cólera, la rabia y el suicidio entre otras causas.

Truman Capote (Desayuno con diamantes) escribió A Sangre Fría tomándose una media de cuatro martinis al día. A Jack Kerouac (En el camino), uno de los padres de la Generación Beat, se lo llevó una cirrosis. William Faulkner, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1949, era uno de los pocos que no usaba el alcohol como fuente de inspiración para sus escritos sino como forma de escapar de su día a día. F. Scott Fitzgerald (El Gran Gatsby) se aficionó al levantamiento de codo durante sus días universitarios en Princenton y eso fue lo que le acabó costando la vida. A James Joyce (Ulysses) lo conocían muy bien en los pubs irlandeses de Dublín, y también las múltiples peleas que provocaba con tanto consumo de Guiness. Ernest Hemingway (El jardín del Edén) fue un gran bebedor durante toda su vida, cosa que pudo afectar a su estado mental.

Drogas duras

Pero como hemos dicho, el alcohol no es lo único que han usado muchos escritores para estimular su imaginación. Samuel Taylor Coleridge concibió uno de sus poemas más famosos en un sueño, Kubla Khan (1797), mientras estaba bajo la influencia del opio, droga muy de moda por aquella época. Se dice que en cuanto despertó del sueño empezó a escribir sin parar, hasta que una visita lo interrumpió. Cuando se fue, Coleridge fue incapaz de añadir nada más que unos cuantos versos a los 300 escritos ya que había olvidado el resto.

Charles Baudelaire (Las Flores Malditas) fue uno de los llamados “poetas malditos” gracias a su adicción a las drogas, en particular el hachís, que lo iluminó para escribir Paraísos artificiales (1860). William Burroughs (Junkie) fue un novelista que también compartía una gran afición por las drogas, especialmente la heroína, a la que también era aficionado Jim Carrell (Diario de un rebelde).

Jack Kerouac / www.guardian.co.uk

Jack Kerouac también le daba al alpiste a parte del alcohol. Su obra más famosa, En el camino, la escribió bajo el efecto de la Benzedrina (más conocida como anfetaminas), o al menos eso es lo que cuenta la leyenda. Otro escritor que hemos mencionado en la lista de alcohólicos, Hunter Thompson, también probó a tomar drogas para inspirarse. Su elección fue el LSD y ello se puede apreciar en su novela más conocida, Miedo y asco en Las VegasAllen Ginsberg, escritor estadounidense perteneciente a la Generación Beat y hippie, alabó las propiedades del LSD como sustancia creativa.

Otro escritor que aprovechó sus vivencias con el LSD para escribir una novela fue Ken Kesey. Alguien voló sobre el nido del cuco está basada en las experiencias de Kesey cuando trabajaba en el turno de noche de un hospital psiquiátrico en California, donde tuvo que tomar LSD como parte de la Operación MK Ultra (un programa de investigación secreto de la CIA).

Del escritor de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, Robert Louis Stevenson, se cuenta que escribió la novela en seis días (o tres, dependiendo de la fuente) después de haber tenido una pesadilla provocada por la cocaína que había consumido. Su mujer, Fanny, leyó el borrador y le hizo escribir la novela de nuevo ya que era demasiado oscura y amoral.

La mescalina, otro alucinógeno, ayudó a escritores como Antonin Artaud, Henry Micheaux o Jean-Paul Sartre (quien rechazó el Premio Nobel de Literatura que le concedieron en 1964). Este último experimentó con la mescalina, causando un gran impacto en su novela La náusea. Aldous Haxley escribió Las Puertas de la Percepción después de pasar un día bajo los efectos de esta droga pero, al contrario de muchos de los ejemplos antes mencionados, también estaba bajo supervisión médica durante el proceso.

Kalam

Acerca de Kalam

Estudiante de Filología Inglesa. Lectora empedernida desde que aprendí a juntar letras para formar palabras.
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