Por qué escribir pudiendo ser normal

Me permito la licencia de parafrasear el magnífico título de Jeanette Winterson porque creo que hay preguntas que, de forma implícita, conllevan la respuesta. Cómo explicar lo inexplicable, por qué se desea ascender la más difícil de las cumbres (¿porque está ahí?), que nos empuja a pintar un cuadro, para qué componer una canción. Sin llegar ni tan siquiera acariciar el sentido último que nos impele a los humanos a realizar cosas sin aparente utilidad, permitidme que comparta con vosotros los pasos que me han conducido a la escritura… pudiendo haber elegido ‘ser normal’.

Este viaje, como casi todos los de la vida, se teje sin sentido aparente, si estrujo mi memoria quizá encuentro, muchos años atrás, dos hechos cinematográficos que a la postre van a orientar mis velas en determinada dirección, las películas de: Mujercitas y  Horizontes lejanos.

De la primera aprendí que todo escritor necesita tener algo que contar, lo cual dejó en el limbo mi inicial ilusión infantil de ser escritora (porque a mí, salvo las risas que hacíamos en el cole mi compañera y yo, y lo mal que nos caía la de adelante, no se me ocurría qué más necesitaba contar). Y de la segunda obtuve la curiosidad suficiente para demandar el conocer esos “horizontes perdidos”, que yo traduje por viajar a países del, mal denominado, tercer mundo.

Luego pasó la vida, muchos días de vida.

Hasta que al regreso de unos de esos viajes alguien puso en mis manos, de forma fortuita, las bases de un concurso de relatos y fui consciente, por vez primera, de que ahora sí tenía algo que contar. Y lo conté. Y gané el pequeño concurso. Y se produjo la confluencia astral. Ahora estaba enganchada a leer, a los viajes y… a escribir.

Así que escribí, escribí y escribí. Me presenté a todo concurso de relatos del que me pude informar. Gané unos cuantos y continué escribiendo más, más y más. Un blog plagado de textos, una novela, después otra, pero… ¿de qué sirve tener algo que contar si no sabes a quién dirigirlo? ¿dónde depositar aquello que sientes de veras que debe ser transmitido?. Retorno a la casilla de salida, arranca otra aventura, hablamos de un nuevo desafío: publicar.

Y a este respecto, yo, en un alarde de imaginación, utilicé el mismo recurso que había manejado cuando me licencié: Empezar a mandar mi currículo a diestro y siniestro. Cambié, eso sí, de tecnología, y en vez de papel, me dediqué a enviar correos electrónicos. Para obtener, eso sí, el mismo resultado: el más profundo de los silencios. Salpicado con un uno por ciento (según mi particular estadística), de mi más profundo agradecimiento ante las escasísimas respuestas recibidas, tales como: sentimos comunicarle… nuestros planes editoriales están cerrados… somos muy pequeños… o, en la actualidad, de forma más valiente: la crisis no nos permite… no podemos arriesgar con gente sin nombre… De acuerdo, conozco las reglas del mercado. Tengo que esforzarme un poco más, barajar nuevas opciones.

Montar algún escándalo para salir en la televisión y conseguir nombre: No va con mi personalidad, una pena. Abrir otro blog para que se pueda valorar de forma sencilla si puedo seguir inundando el éter de historias o mejor me dedicó al macramé: sólo hay un millón, más o menos, de bitácoras que pretenden lo mismo. Auto-publicar en papel: ¿Para atormentar a mis amigos cual colegiala vendiendo las papeletas de su rifa de viaje de fin de curso? Auto-publicar en la red, vía Amazon: Desafiando a piratas y atormentando a mis amigos cual colegiala… Hice esto último. Para mi satisfacción, para la de los que me han leído y les ha gustado, para la desazón de los que lo quieren en papel, porque no se apañan o no les gustan los nuevos soportes del futuro, para…

Sigo pensando ideas, llamando a todas las puertas, buscando resquicios. Merece la pena porque por el camino he encontrado nuevos amigos, sinceras felicitaciones, alegrías pequeñas de tamaño inmenso, y también, no hay que negarlo, mucho silencio y mucha soledad. Pero nadie dijo que el viaje iba a ser fácil.

Lo único necesario en esta travesía, lo más importante, es que la fuerza de esa razón inexplicable que surge dentro de ti, te siga empujando a escalar la montaña que has escogido. Aunque también quepa la posibilidad, por supuesto, de elegir ser normal.

 


Asun Blanco Cobelo es autora de Barnelia. Sigue escribendo lo que sus neuronas le dictan en Espacio Potemkin.

 

 

 

 

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