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Vicente Soler Olcina

Orígenes y consecuencias del éxito

Los grandes éxitos casi nunca se explican a través de un solo factor o sustentan su justificación en un solo argumento. Habitualmente, se precisan varios aspectos para esclarecer una notoriedad deportiva de gran magnitud. La selección española femenina es un combinado nacional que ha cosechado su gloria de manera tardía y coincidiendo con un auge generalizado del deporte de mujeres español. Es preciso recordar que la mayoría de las medallas obtenidas en las dos últimas citas olímpicas han sido logradas por mujeres.

De las 18 preseas conseguidas en Londres 2012, 12 corrieron a cargo del deporte femenino –lo que supone el 66,6 % de las mismas–. La asignación postrera del oro para Lydia Valentín en halterofilia, tras el positivo por dopaje de las tres deportistas que subieron al podio, supone la decimooctava medalla de la delegación española. Y de los 17 metales que obtuvo el deporte español en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, más de mitad –nueve– fueron para las féminas. Alejandro Blanco, presidente del COE, reconoció la metamorfosis de los últimos años ya que “gozamos de grandes deportistas y grandes entrenadoras que han mejorado la planificación e intensificado el trabajo"183. Son datos del potencial del deporte femenino español en el último lustro

Una de esas medallas conquistadas en territorio londinense, exactamente de bronce, fue para las denominadas Guerreras Olímpicas: la selección femenina de balonmano que, tras comnparecer por tercera vez en un evento olímpico, cerró su participación con la mayor gesta que consiguió este deporte de mujeres. La recompensa a una ardua labor de muchos estamentos del balonmano con el eje de la mejor generación de jugadoras de siempre, que hicieron coincidir su auge como balonmanistas en la disciplina del equipo nacional.


“El trabajo en los clubes ha sido fundamental. Durante muchos años hemos tenido una liga muy profesional, donde las jugadoras han podido tener una dedicación completa. Los entrenadores en esos clubes han trabajado mucho y bien. Teníamos una Liga supercompetitiva con equipos que avanzaban en competiciones europeas hasta las fases finales e incluso conseguían títulos. Hemos tenido una generación muy buena de jugadoras y han tenido buenas referencias en jugadoras que les habían precedido. Por parte de la Federación se ha hecho mayor inversión en los equipos femeninos” explica el entrenador Jorge Dueñas.

Es imprescindible remontarse a las categorías inferiores para entender el rendimiento actual del combinado absoluto desde el año 2008. Algunos resultados anteriores a la eclosión de los últimos logros pueden desvelar algún fundamento para interpretar con acierto la época coetánea en la que la selección absoluta española alcanzó metas inimaginables en el origen de las competiciones.

En categoría júnior, inmediatamente anterior a la sénior y ahora precedente de la categoría universitaria, hay varios datos sobresalientes: los dos podios europeos (bronce en 2002 y plata en 2007). En el subcampeonato de Turquía 2007, España cae ante Dinamarca (29 – 19) en la final después de imponerse a Suecia (29 – 22) en semifinales. En 2002, España no puede con Rusia en semifinales (28 – 24) pero se desquita ante Países Bajos en la lucha por el tercer cajón del podio (27 – 19).

En categoría juvenil, donde las jugadoras tienen 16 o 17 años, hay dos resultados que es preciso reseñar aunque sean de generaciones lejanas temporalmente. En el primer europeo de la categoría (Austria 1997), España se proclamó campeona de Europa con balonmanistas nacidas en 1979 y 1980 y en la cita continental de 2007 de Eslovaquia alcanzó la medalla de plata tras claudicar ante Francia por 30 goles a 20185. Fueron las semillas que recogieron para presentarse ante el panorama del balonmano en categoría absoluta en 2008.

Los éxitos más valiosos se recolectaron en las cuatro comparecencias europeas que se han relatado con anterioridad, en el ámbito mundialista resalta el cuarto puesto de la selección júnior en 2008 y las dos quintas posiciones consecutivas obtenidas por el combinado juvenil en 2008 y 2010. Existe una relación directa entre algunas de las jugadoras que formaron parte de esos equipos juveniles y júnior y las internacionales absolutas que han protagonizado la edad de oro del balonmano femenino en España. De hecho, todos los galardones recabados por las categorías inferiores de la selección española fueron previos a las medallas de la categoría absoluta.

Adquiriendo un orden cronológico, en el oro del Campeonato de Europa juvenil de 1997, ya defendía la camiseta nacional alguna jugadora como las guardametas Txibi Elejaga y Silvia Navarro o la pivote Verónica Cuadrado, que con 17 o 18 años alcanzaron el primer éxito internacional de la historia del balonmano de mujeres en España y la única medalla de oro que lucen las vitrinas del balonmano pista femenino si la referencia se establece en Mundiales, Europeos o Juegos Olímpicos. De hecho, Navarro fue la mejor guardameta y María Luján la mejor jugadora del torneo. Adriana López, Daida Ardueso, Gemma Luján, Marta Rada, Martina Santonja, Nagore Zipitria, Patricia Cuesta, Paulina Rodríguez, Pilar García, Vanessa Arobes, Sonia Gavidia y Vanessa Albardías completaban las 16 de aquel equipo que se impuso a Noruega en la final por 20 goles a 11 en Austria después de ganar a Rumanía por la mínima en la semifinales186. En 2002, también con José Francisco Aldeguer como seleccionador, se consiguió el bronce en categoría júnior con la generación de 1983. Y esa generación contaba con jugadoras de la talla de Cristina González, Patricia Elorza o Marta Mangué como estandartes de la selección gloriosa pero también de otras balonmanistas como Patricia Alonso o Nuria Benzal, que han sido integrantes de la selección absoluta. O Verónica Verdú y Nely Carla Alberto, que no asistieron a esa cita europea pero luego han constituido algunas convocatorias nacionales.

“Habíamos tenido la suerte de habernos clasificado para todas las fases finales y estar siempre entre los seis primeros de cada competición, consiguiendo el Campeonato de Europa en el 1997, consiguiendo la medalla de bronce en el Europeo 2002 júnior de Finlandia y estando siempre, repito, entre los seis primeros. España en base ya había dado un salto cualitativo, los equipos contaban con ella” explica José Francisco Aldeguer.




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