Este texto es un fragmento de

El Chato, miradas de una época

Juan Manuel Menéndez

Quiero empezar este trabajo citando un libro que demuestra que Jaime Menéndez “El Chato” es, y no es el único, el gran desconocido de la Generación del 27.

En 1937 se presentó en el famoso Congreso de Valencia de los intelectuales contra el fascismo Crónica General de la Guerra Civil. Este libro fue editado por La Alianza de Intelectuales Antifascistas y presentaba una selección de unas cuantas crónicas periodísticas de la Guerra Civil. María Teresa León hizo la mencionada selección, eligiendo las mejores plumas de aquel momento, plumas leales a la República, con la intención de que no se olvidasen aquellos textos, ni aquellos hechos, ni aquellas plumas. No contaba ella, en aquel momento, que Franco, Hitler, Mussolini y algún mandatario extranjero más, ganarían la guerra. Ese asunto, la victoria del fascismo, hizo que, por desgracia, ese libro, esas crónicas y muchos de sus autores fuesen invitados, de manera forzosa e involuntaria, al ostracismo.

La nómina de escritores y periodistas, que aportaban uno o varios artículos al mencionado libro, habla por sí misma. Podríamos afirmar que, por la pléyade de plumas allí reunidas, es uno de los volúmenes de mayor valor periodístico, y quizás literario, del periodo republicano. Entre esas plumas estaban: Dolores Ibárruri, María Teresa León, Miguel Hernández, Luis Cernuda, Salas Viu, Ramón J. Sender o Antonio Machado. Estos grandes nombres sí han pasado a la historia con gran reconocimiento pero otros que les acompañaron en aquel viaje ilustrado no, aunque, por su categoría, no mereciesen esa oprobiosa suerte. Lo que no tiene discusión es que María Teresa León les incluyó a todos por méritos propios. Y lo hizo porque ellos, a excepción de alguno más longevo, eran de lo más eximio de la Generación del 27.

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Con este trabajo pretendo recuperar a uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX, a Jaime Menéndez Fernández “El Chato”, el gran desconocido de la generación del 27. Nació el 25 de junio de 1901 y falleció el 31 de enero de 1969.

En 1920, cuando se vio preparado, decidió partir a los Estados Unidos, vía Tampa, estableciendo su residencia, en Nueva York, en el número 594 de la calle 178. Entró a formar parte de la redacción del diario La Prensa, el primer rotativo escrito en castellano en aquel país. Curiosamente su amigo y paisano, el escritor y Profesor de Derecho Internacional Camilo Barcia Trelles, le dedicó su libro El imperialismo del petróleo y la paz mundial con la siguiente frase: "Al director de “La Prensa” de New York, muy cordialmente".



En esa época se mudo al núnero 35 de Whitson Street, en Forest Hills, e ingresó en la Universidad de Nueva York Washington Square College para estudiar Letras y Biología y también ingresó en la Logia Masónica Universal, llegando a ser Secretario de la misma y Maestro de grado 3º.

Poco después, según el testimonio de Hebert Lionel Matthews, Jaime Menéndez “El Chato” se convirtió en ser el primer español en formar parte de la redacción de The New York Times, cumpliendo uno de sus sueños.







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