Este texto es un fragmento de

El sentido de las flores

Massimiliano Tonelli

Todas estas y otras tantas tonterías, como telefonear a su novia Marta, y visitar a sus padres, y desde luego aparcar su nuevo hibrido-coche, y saludar con una sonrisa al portero de la empresa, y tener buen humor con esa pesada de Lucía la nueva secretaria, con los compañeros que solo sirven para darse cuenta, que, en este mundo no estás solo, aunque muchas veces crees ... que ni en el desierto podríamos estarlo. Y entras con esos ojos luminosos de idiotas y esa sonrisa de tonto, y dices saludando:

-¡Hola! ¡Buenos días! ¡A todos!

-¡Buenos días, Javi! ¡Hola Javi! ¡Javi, hola!

Javi entró en su despacho, y se sentó al frente de su mesa, abrió el ordenador, y en seguida quiso escuchar las noticias. Todo seguía igual. Pero ya algunas noticias se infiltraban, y se sabía que este maldito bicho invisible golpeaba los débiles: los enfermos, los que tienen unas anomalías, los que sufren de enfermedades graves, y a los ancianos. Mientras estaba leyendo unos periódicos italianos, y extranjeros, se abrió la puerta, era su director:

- ¡Javi! ¿Ya has redactado el artículo para el viernes? ¡Como sabes lo necesitamos unos días antes! ¡Para dárselo a la impresión! 

El director se quedó con las palabras entre los dientes, cuando vio la mano izquierda alargar el artículo ya impreso, con el USB y con esa mirada segura Javi añadió:

- ¡Lo he impreso por facilitar las cosas! ¡Y en el USB, está todo el texto corregido y las imágenes!

- ¡Perfecto! ¡Muchas gracias, Javi! El director cogió el artículo, y cuando estuvo para salir, Javi mirándolo añadió:

- ¡Txema! ¿Crees que este maldito virus vendrá aquí?

El director con una mirada preocupada y pensativa contestó: 

- ¡No lo sé! ¡Javi! ¡De todos modos, no pinta nada bien! Veo que tú también lees las noticias, ¿tienes acaso a alguien en una residencia?

Aquella pregunta puso a las defensivas a Javi. Y mirando a su director dijo:

- ¿Por qué? ¡¿Crees que...?!-. Fue interrumpido por el director.

¡Javi! ¡No lo creo! ¡Sino lo creo! ¡Tú eres periodista! ¡En China los que se están muriendo y los que se han contagiado en Italia y algunos en Madrid son en su mayoría personas de mayor de edad! ¡Y, para más inri, nadie nos dice nada, pero si yo tuviera una abuela o un abuelo en una residencia me lo llevaría a mi casa! ¡Aún estamos a tiempo, dentro de semanas esto no será posible y desde luego ya sería demasiado tarde! La mirada de Javi miró al director y añadió preocupado:

- ¡Pero mi abuela está bien! ¡Además necesitaría una solicitud escrita! Volvió a ser interrumpido por el director: 

- ¡Mira, Javi! ¡Siempre hay una solución a todo!-. La mirada perpleja de Javi preocupó al director:

- ¡Mira, si de veras crees eso, puedes ir donde tu médico de cabecera y explicarle la situación y él te aconsejará para ir al abogado del periódico! ¡Si quieres se lo digo yo! ¡Te hará un escrito que por fuerza mayores tu abuela está ahora bajo tus cuidados y que prefieres que esté en tu casa! ¡A partir de hoy, te doy veinte días de permiso! 

Javi se quedó sorprendido.

Javi, apagó su ordenador Apple Mac, y lo puso en su maletín, recogió algunos libros, el estuche de los USB, y de los rotuladores y lápices. Luego, despidiéndose de sus compañeros, sobre todo de su compañera y amiga María (María es una mujer segura, y a la vez muy abierta, entre ella y Javi hay un buen rollo en el sentido de la amistad, es muy guapa: ojos verdes, morena, unas pequeñas pecas muy suaves en la nariz. También ella es redactora, pero en la sección de crónica sociales. Siempre suelen ir juntos al bar de abajo a tomar un café y charlar un poco de todo. María vive en un piso a una calle más debajo de Javi).

Luego pasó por la oficina del abogado del periódico y explicándoles las razones, con todos sus datos, incluyendo los biográficos de su abuela. El amigo abogado redactó una perfecta carta de custodia preventiva por causas mayores y dando las gracias, dobló su carta en un sobre con un membrete jurídico. Entrando en el ascensor dio las últimas miradas a su buffet y cerrando las puertas bajó hasta el garaje donde estaba estacionado su coche (un escarabajo Volkswagen de color blanco roto descapotable).

Cuando salió del garaje, se dio cuenta que el tiempo estaba cambiando. Poniéndose a un lado de la carretera sacó su móvil y llamó a su amigo Esteban (que además era su médico de cabecera). Y hablando con él le explicó la preocupación y las razones por las que quería llevarse a su abuela a casa. El amigo médico le dijo que se pasara en ese momento y que dejaría a su secretaria un sobre para él. Arrancando motores, Javi, sin prisas, pero sin pausas, llegó a la calle donde se encontraba la clínica de su amigo.





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Massimiliano Tonelli

El sentido de las flores

Una novela que rinde homenaje a las personas mayores de nuestra sociedad, principales víctimas de la Covid-19

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