Este texto es un fragmento de

Negro

Sergi Cámara

No quisimos ver

Musa es uno de los habitantes de la montaña del Gurugú, situada en Marruecos, en frente de Melilla. Lo conocí en uno de mis viajes en 2013.

Musa es un hombre pequeño con una gran sonrisa.

No tuvo una infancia fácil, ni un futuro en su país, Nigeria.

Cientos de personas procedentes de diferentes países del África subsahariana, utilizan la montaña del Gurugú en Marruecos, para esconderse mientras esperan el momento de acceder a Melilla. Por las noches, muchas de estas personas intentan acceder a la ciudad, saltando la doble valla que separa África de Europa. Pero en el Gurugú, lo pasan muy mal.

Las condiciones de vida, el frío, la lluvia, la falta de comida y atención médica, junto con las constantes redadas de la policía de Marruecos, hacen del Gurugú un infierno ante el paraíso.

Estas personas han llegado hasta aquí después de un largo viaje, atravesando varios países, y esta es su última frontera antes de poder pisar suelo europeo.
 
Sus denominaciones varían a lo largo de su ruta.
 
A Musa, como a todos los que deciden iniciar el viaje hacia Europa, le llamaron «aventurero». Durante su travesía por el desierto del Sahara le llamaron «clandestino». En Marruecos le llaman «africano». Y en la valla, en sus intentos de llegar a Melilla, la policía le llama «Negro».
 
Musa es sordo de nacimiento y fue uno de mis informadores más activos.

No hablaba, tampoco oía, pero si podía ver. Escribía bien: pudo estudiar unos años y aprender en una escuela especial en su país, Nigeria. A través del teléfono, nos manteníamos comunicados con sms y me avisaba de todas las redadas y maltratos de la policía. También, cuando yo volvía a subir al Gurugú, me informaba de si en aquel momento se podía subir o no, por presencia policial.  

No tengo ninguna foto de él. En este trabajo te encuentras con personas que, sin saber muy bien por qué, finalmente nunca les haces ninguna foto. Musa es una de esas personas.

Un día recibí una llamada de su teléfono. Descolgué y, al otro lado, una voz amenazante me pedía que me identificara.

Me hicieron saber que tenían a Musa rodeado y que estaba acusado de ser un confidente de la policía.

La captación de los confidentes suele suceder a veces en los intentos de salto. 

La policía de Marruecos utiliza a algunos de los detenidos en los intentos de saltar la valla y les ofrecen buen trato, un teléfono y algún dinero a cambio de informar de los movimientos de sus compañeros. Algunos, llevados por la desesperación y el miedo, acceden. A quienes les cogen y comprueban que son confidentes reciben palizas y son expulsados de la montaña.

Sus compañeros estaban convencidos de que Musa era uno de ellos. Observaron que mandaba muchos mensajes a mi teléfono y me llamaron para comprobar quién era yo.

Después de mucha charla, conseguí finalmente convencer al grupo de que Musa no era ningún confidente y accedieron a dejarlo libre.

Seguimos en contacto varios meses más. Musa me informaba de las constantes y violentas redadas de las fuerzas armadas de Marruecos y de los malos tratos que recibían por parte de las fuerzas policiales en la valla.
Lo último que supe de él es que fue para Tánger tras intentarlo varias veces, sufriendo alguna devolución en caliente.

No aguantó más la indigna situación de vida que sufría.

En sus últimos mensajes sólo hablaba mal de Europa, que Europa no le quería, que ya no deseaba ir a un país que no le quería. La rabia se alargó hacia mí y decidió no hablar más conmigo. 

No oímos, nos callamos y no quisimos ver. 



Apoya este libro

¡No te vayas!

Forma parte de los 310 mecenas que ya han apoyado a Sergi Cámara .

Sergi Cámara

Negro

Historias vividas a ambos lados de la valla de Melilla a través de textos y fotografías

o continúa como invitado
Al continuar, aceptas las condiciones y confirmas que has leído nuestra Política de privacidad, incluido el uso de cookies