Este texto es un fragmento de

El exilio voluntario de Larra

Emilio Salcedo

I.  A LA SOMBRA DEL REY JOSÉ

 

 

De los 156.607 habitantes del censo de Florida blanca, Madrid había pasado, ya en 1804, a 176.374. Sede de los servicios burocráticos del Estado,. villa y Corte, concentra una población que se distribuye entre nobleza, mayorazgos, fuerza militar, estamento religioso, empleados, magistrados, médicos y demás profesiones liberales de un lado, en que ya se establecen diferencias de clase y, de otro, comerciantes, propietarios, artesanos, criados, jornaleros, mendigos y hasta algún que otro esclavo traído de las posesiones de Ultramar.

 

Desde el Tratado de Alizan en Fontainebleau, en el otoño de 1807, la presencia de las tropas francesas en España, y particularmente en Madrid, adquiere un inquietante sentido. El rey Carlos IV y su hijo Fernando se enzarzan en torpes disputas familiares que culminan en el Motín de Aranjuez y en la proclamación del Príncipe de Asturias como Fernando VII. Murat entre en Madrid como aliado el 23 de marzo, mientras Napoleón se dirige a Bayona para encontrarse con el derrocado Carlos IV que abdica el trono en el emperador y Fernando VII que acepta renunciar a la corona. El 2 de mayo de 1808 es el día de la sublevación popular y el 3 el de los fusilamientos de la Moncloa. En julio había llegado a la Corte el rey José I, en un a estancia relámpago acelerada por el resultado de la batalla de Bailen. El propio Napoleón, al que José escribe desde Madrid: "señor, estáis en un error; vuestra gloria se estrellará en España", aparece el 2 de diciembre ya en los altos de Chamartín y entrará vencedor en la villa siete días después.

 

El 22 de enero de 1809, cien disparos de cañón saludaron la llegada del rey José, que había permanecido en la Casa de Campo de la Duquesa de Alba, hasta donde habían llegado insistentes delegaciones para rogarle su establecimiento en la Corte. Hacia las nueve de la mañana, a caballo, con su flamante Estado Mayor, cruzaba la puerta de Atocha. "Cabalgó por el Prado, echó por la derecha al llegar a Alcalá, continuó por la ancha vía hasta la Puerta del Sol, y bajó luego por la calle de  Carretas. Las calles que se extendían a lo largo de la ruta del cortejo real, adornada especialmente para celebrar la ocasión, estaban flanqueadas por soldados de la guardia francesa, pero había también un cierto número de espectadores españoles. Estallaron unos conatos de aplausos diseminados, pero en conjunto las caras no mostraron ni odio ni entusiasmo. (...) Tras pasar por la calle de Atocha y la de Toledo, José desmontó ante la iglesia de San Isidro en dónde pronunció una breve alocución: La unidad de nuestra Santa Religión, la independencia de la Monarquía, la integridad de su territorio y la libertad de sus ciudadanos, son las bases del juramento que pronuncié al recibir mi Corona, que no se deshonrará en mi cabeza. A esta declaración siguió un tedéum tras el cuál el rey marchó a caballo por la calle de Toledo, Plaza Mayor y calle de la Almudena hasta el Palacio Real. La entrada en su residencia la anunciaron otros cien cañonazos".

 

El problema de algunos españoles Ilustrados, en cuyo desideratum se entusiasmará Jovellanos, es el de diferenciar el ideal de la Ilustración, la Enciclopedia, de sus consecuencias revolucionarias y subversivas como la Revolución francesa de 1793 y la presencia subyugante de Napoleón. La insurrección, motor de la guerra de Independencia, no representa más unidad que la oposición de los invasores: no todos lucha por las libertades: se lucha también por la permanencia del absolutismo y en éste ámbito contradictorio se irá fraguando el intento democrático -con  innegables tentaciones de despotismo ilustrado- de la Constitución de Cádiz. Madrid, mientras tanto, es la Corte del Rey Intruso, de Pepe botella, al que secundan hombres de la Ilustración, liberales, afrancesados o josefinos, que han jurado reconocer a José como rey de España.



El 24 de marzo de 1809, madrugadoramente, había nacido un hijo varón del médico Don Mariano de Larra y de su segunda esposa. Se repite que el natalicio tuvo lugar en los aposentos del fiel Administrador de la Casa de la Moneda, abuelo del niño, pero fué en un caserón sito en la calle de Segovia, esquina a la cuesta de Ramón, que terminaba en la calle de la Ventanilla, trasera del Palacio de los Consejos, zona madrileña hoy irreconocible donde hace ya muchos años se levantó el Viaducto. Fué bautizado aquella misma tarde por el cura Manuel José Gutiérrez, con los nombres de Mariano José siendo padrino de la ceremonia su tío carnal José Sánchez de Castro.

 

Los abuelos paternos eran Antonio Crispín de Larra, nacido en Lisboa, fiel Administrador de la Casa de la moneda, casado con Eugenia Langelot, también nacida en Portugal, en Odivelas, Santissimo Nome de Jesús de Odivelas en el concejo de Loures. De los once hijos del matrimonio, el segundo era Mariano Antonio José, nacido en Madrid el 8 de diciembre de 1773; había estudiado Medicina en Madrid y en Valencia, se había casado y enviudado habiendo tenido siete hijos del primer matrimonio de los que no hay referencia y se supone muertos o malogrados prematuramente acaso como consecuencia de precaria salud de la madre. Se casó después, en la parroquia de San Andrés, en 1806, con Dolores Sánchez de Castro, de Villanueva de la Serena, hija de Francisco Sánchez de Castro e Inés Delgado de Torres, del mismo lugar. Recién casado, el Dr. Larra amplió sus estudios en París regresando a España dos años más tarde. Mariano José sería el único vástago de este matrimonio.

 







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