Este texto es un fragmento de

Está bien así

Benito Muñoz

Qué forma tan brusca tenía Jean de acabar sus reflexiones. No le gustaba nada hablar de los sentimientos. Se pasó la vida, el muy ingenuo, desdiciéndose, asegurando que lo que había en su pecho sólo latía para seguir caminando, que él no era un sentimental. Y no fue otra cosa. ¿Quién no lo es? Al menos un poco, que tipos vacíos hay muchos. Es más, pienso que con los años (yo se lo noté enseguida) Jean agrió su humor para defenderse de los recuerdos que atormentaban su corazoncito. Dicen que con la edad uno se ablanda, que llora hasta con los telediarios. Pues bien, yo nunca vi llorar a Jean. Eso sí, cuando se enfadaba soltaba unos cuantos rebuznos, como yo calificaba sus insultos cuando se le escapaban, bien por cosas tan tontas como tirar un vaso de agua en el mantel o mancharse una camisa con una gotita de grasa en el restaurante. Si eso pasaba, estaba incómodo toda la noche, o toda la tarde si se había manchado al mediodía. Debía pensar, cuando íbamos al cine o de paseo, que un foco le seguía, que televisaban el momento y que un narrador gritaba: “¡Ahí está, la mancha de Jean ya está entre nosotros! ¡Aplaudan, por favor! ¡Esa camisa pringada de grasa se lo merece! ¡Gracias, gracias a todos por presenciar este sensacional acontecimiento!”. Pues no, nadie se enteraba de esa mancha salvo nosotros dos, y así se lo trataba yo de hacer ver. Daba igual, hasta que no regresábamos a casa no descansaba totalmente de la presión a que lo había sometido la presencia injustificada de esa mancha diminuta y, si no observé mal, siempre muda. Dejaré este cuaderno para más adelante. Además, es extenso y supongo que no será lo único que encuentre con un tono de diario. Así lo escribiré en la solapa: Diario.

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No tengo hijos. Siempre me he negado. Mi madre, obviamente, pensaba de otra manera. Yo soy la pequeña de cuatro hermanos. Todos casados y, a su vez, con niños. Hay que decirlo, todos guapísimos y, hay que constatarlo, a cuál más malo. Pero están en edad de serlo, como recuerda siempre la abuela cuando coincidimos en esas interminables comidas familiares que padecemos en la casa de mis padres. Mis padres son, eso afirman ellos mismos con orgullo y yo no entiendo por qué hay que pregonarlo a los cuatro vientos, de derechas. Yo, según mi madre, que es más facha (mi padre es un bonachón con mala leche y poco más), soy una roja descerebrada. Y cuando lo dice ríe para continuar: “¡Bueno, como todos los rojos, ja, ja, ja!”. Uno de mis cuñados se parte con ella. Es militante del PP y está, creo recordar, metido en la directiva. Su sueño es llegar al Congreso. No hay duda de que lo conseguirá. Es inteligente, tiene presencia y habla bien, aunque, también he de apuntar, lo que dice es una sarta de tonterías que no se las cree nadie... Tal vez sus futuros votantes.

Me estoy yendo por las ramas. No tengo hijos porque, aparte de que no ha llegado un hombre como debe ser (mi madre diría “como Dios manda”), no me da la gana supeditarme a nadie, aunque sé que una vez tuviera el bebé entre mis brazos viviría esa sensación de plenitud que sienten las madres cuando dan a luz poco antes de caer en una depresión horrible. No soy miedosa, más bien al contrario. Hay que ser muy valiente en España para ser mujer y no querer tener hijos. Sí, todo va por buen camino y habrá un día en el que todas las personas serán iguales sin discriminación por raza, religión, opinión o sexo, pero no es el caso aún.
Tengo veintinueve años. Es decir, edad suficiente como para estar esperando casi una década para tener niños. Mi novio es un encanto, pero es de esos que va a la Latina los domingos, se fuma no sé cuántos canutos y no para de reír en toda la tarde hasta que, sin darse cuenta, se le ha echado el lunes encima. Es, yo se lo digo con sorna, un Ji-ji, ja-ja. Vamos, que se comporta como un niñato a sus treinta y dos años. No es del todo un mequetrefe. De ser así, no estaría con él.



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Benito Muñoz

Está bien así

La vida de un escritor brillante podría caer en el olvido mucho antes de su propia muerte..., salvo que su viuda rescate sus diarios.

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