Este texto es un fragmento de

Gorbachov: luces y sombras de un camarada

Paco Herranz

GORBACHOV: LUCES Y SOMBRAS DE UN CAMARADA


CAPÍTULO 1. INFANCIA Y JUVENTUD.

El guion de vida acechaba a Mijaíl Serguéyevich Gorbachov desde la pila bautismal. Por alguna razón, inconsciente o no, su abuelo, Andréi Moiséyevich, decidió cambiarle de nombre cuando le llevaron a bautizar, en secreto, a la iglesia situada en la aldea de Leníntskoye.

El bebé tendría que haberse llamado Víktor, pero el pope —sacerdote cristiano ortodoxo— le introdujo en el mundo cristiano como Mijaíl, y así quedó modificado irremediablemente su destino. El padre de su padre le privó de la ocasión de ser «el vencedor» —el significado de  Víktor en griego— y pasó a estar, para siempre, bajo la protección de un gran anacoreta (Mijaíl) que era considerado «igual a Dios» (Grachov, 2005: 16).

Boris Kuchmaev, el autor de un libro publicado en 1992 sobre los años de Gorbachov en Stávropol y que trabajó bajo su mando en la organización territorial del partido y también como periodista, cita al propio Gorbachov diciendo que Mijaíl no era el nombre que sus padres querían ponerle (Brown, 1996: 27). En otra ocasión, cuando celebró su 85 aniversario, reveló que le estuvieron llamando Víktor durante dos semanas, hasta que le bautizaron en un pueblo cercano. Y en una entrevista concedida en 2009 a la nieta de Eduard Shevardnadze añadió lo siguiente: 

¿Sabías que Mijaíl es un nombre judío? Cuando empezamos a tener nietos, nos pusimos a ver los nombres en un libro. Pues, Mijaíl, traducido del hebreo, significa «igual a Dios». Así que el abuelo no se equivocó (Revista Bolshói Górod (Gran Ciudad), del 30 de enero de 2009).

El Análisis Transaccional hace especial énfasis en la elección del nombre del recién nacido y en el significado del nombre elegido por los parientes. Por esa razón, este detalle de la elección del nombre no es una simple anécdota de la biografía de Gorbachov, sino todo lo contrario. Esa circunstancia es una de las piedras angulares para considerar el rumbo del guion de vida que propició, quizás de forma involuntaria, Andréi Gorbachov, el abuelo de nuestro personaje, quien prefería que su nieto fuera perfecto, el mejor, a que simplemente fuera un triunfador. Ahí arrancó el primer mandato parental, antes incluso de que el niño tuviera conciencia de serlo.

Desde su más tierna infancia, Gorbachov tenía ganas de romper el círculo continuo de vida de esclavo que llevaba y optó por tomar el camino de los estudios y aprender. Ahí se produjo el momento de adoptar un guión de vida, resultado de una decisión forzada y prematura, ya que fue tomada bajo unas duras condiciones existenciales. También, entonces, se generaron los mandatos o requerimientos paternales: «¡No seas débil!» y «¡Sé el mejor!»

El colegio completo más cercano estaba a 20 kilómetros de distancia de su aldea, en Krasnogvardeiskoye (el Pueblo de la Guardia Roja, según su traducción del ruso). Mijaíl o Misha, como le llamaban, era entonces un niño «revoltoso, curioso y obstinado» (Grachov, 2005: 19). Leía con fruición todo lo que caía en sus manos. Una vez, según él mismo recuerda (Gorbachev, 1996: 135), desapareció durante tres días, lo que le preocupó mucho a su madre: se había escondido en el granero para devorar las páginas de la traducción de una novela de aventuras del escritor Thomas Mayne Reid titulada en inglés Afloat in the forest.

Gorbachov admitió públicamente que ya desde pequeño quería «sorprender a su padre y a su madre, y a sus compañeros» (Grachov, 2005: 17). Al cóctel de su personalidad había que añadir la mezcla de sangre, rusa y ucraniana, de dos familias de colonos que se instalaron y se unieron en Privólnoye: los Gorbachov, de Voronezh, y los Gopkalo, de la región de Chernigov.

El protagonista hablaba de que tenía una misión predestinada y casi mesiánica, lo que enlaza con uno de los guiones de vida que siguió, el guion Hasta que:

Para decidirse a llevar a cabo las reformas había que vivir lo que yo había vivido y ver lo que yo había visto: salir de una familia que ha conocido el drama de la colectivización y las represiones de 1937, y pasar por la Universidad de Moscú (Grachov, 2005: 24).

En el guión Hasta que las personas «se sienten obligadas a hacer algo, a vivir algún tipo de vida, frecuentemente penosa, porque sienten que hasta que no lo hagan no podrán ser felices o triunfar» (Martorell, 2000: 130). El héroe mítico de estos individuos es Hércules.

Los abuelos de Gorbachov eran polos diametralmente opuestos. Panteléi Yefímovich Gopkalo era un partidario acérrimo de la colectivización fomentada por Stalin, mientras que Andréi Moiséyevich Gorbachov se oponía a ella con uñas y dientes. Mijaíl vivió en una casa donde se sentía directamente la lucha de clases, pues padre e hijo, Andréi y Serguéi, reñían a menudo por cuestiones políticas e ideológicas. Los abuelos eran políticos temperamentales, pero Gorbachov mamó la tolerancia y el pluralismo hasta en su propio hogar, pues en la habitación principal — salón, comedor, dormitorio— de la casa de los Gopkalo descansaban en una esquina los retratos de Lenin y Stalin y en la otra, sendos iconos ortodoxos traídos del monasterio de Pechora, pues la abuela era muy religiosa. Según Gorbachov, Andréi sentía envidia de Panteléi. También admitió que sus abuelos le querían desinteresadamente y que en su casa se sentía importante, lo que implica la administración de permisos o licencias.

Sus dos abuelos fueron enviados a los campos de concentración en 1934; uno, por «sabotaje» agrario; otro, por «actividades contrarrevolucionarias trotskistas», cuando era presidente del koljós. El arresto en plena noche de Panteléi, ante los ojos del pequeño Mijaíl, perturbó «profundamente al niño» (Carrère d’Encause, 2016: 25). Sin duda, las duras experiencias vividas por sus padres y sus abuelos le impresionaron mucho, ya que en el momento de las grandes purgas ordenadas por Stalin él tenía entre seis y siete años, es decir, cuando se estaba grabando en la mente de Gorbachov su estado del yo Padre.

Andréi Gorbachov parecía «haber sido incluido en la saga familiar a propósito, siguiendo las reglas de cualquier guion que se precie, para crear contraste» (Grachov, 2005: 17). El exdirigente comunista describió, al hacer memoria, una escena que debía haberle traumatizado de chiquillo y que, sin duda, tuvo efectos en su posterior comportamiento personal y político: padre e hijo estuvieron a punto de llegar a las manos por el cereal que Andréi guardaba en un granero.

Durante la Segunda Guerra Mundial, con las tropas alemanas ocupando una buena parte de la región del Stávropol, incluido Privólnoye, el abuelo Andréi salvó a su nieto de 12 años Mijaíl escondiéndole en una granja de cerdos vecina después de que se propagara el rumor de que los nazis iban a deshacerse de los familiares de los comunistas cuando se retiraran de la zona.

Cuando su padre marchó al frente, le compró un helado y le regaló una balalaika sobre la que Mijaíl grabó la fecha: 3 de agosto de 1941. Incluso llegó la noticia de que había caído en el campo de batalla, noticia que afortunadamente para ellos resultó ser falsa.

En el colegio le interesaban todas las asignaturas; estaba ávido por aprender. Le encantaba el teatro. Tanto Alexánder Yákovlev como Yegor Ligachov, dos de sus más estrechos colaboradores, coincidieron en que Gorbachov habría sido un excelente actor. «Es difícil decir que le atraía más: si la posibilidad de metamorfosearse, de cambiar de máscara, el juego, o la atención del público, los aplausos» (Grachov, 2005: 19). Durante algún tiempo, estuvo considerando muy seriamente seguir la carrera de actor.

Mijaíl mantenía más que una relación amistosa y afectiva con su padre. Lo adoraba. Una foto del padre en uniforme presidía la mesa del despacho en la dacha de secretario general. Los lazos eran de estrecha amistad, conectados al trabajo, pero al mismo tiempo, tiernos y conmovedores:

Cuando pienso en mi padre o mi abuelo Panteléi, soy consciente de su sentido del deber, su vida y obra, su actitud hacia su trabajo, su familia y su país – todo tuvo una tremenda influencia sobre mí y sirvió de ejemplo moral. La naturaleza dotó con riqueza a mi padre, un simple hombre del campo, con discernimiento, perspicacia, inteligencia, humanidad y ¡muchas otras virtudes! Esos regalos le hicieron sobresalir sobre otros campesinos. La gente le respetaba  y confiaba en él. Como adulto, yo estaba incluso más fascinado por mi padre. Su inextinguible interés por la vida me impresionó profundamente [...] Siempre aprecié su consideración hacia Madre. No era ni abierta ni refinada, bastante reservada, simple y cálida, no grandilocuente pero sentida (Gorbachev, 1996: 50).

Serguéi Gorbachov sólo estudió hasta cuarto curso de Primaria. No obstante, leía a menudo el periódico Pravda, al que estaba suscrito, y se interesaba por todo con avidez, lo mismo que le pasaba a su hijo. Serguéi era tranquilo y trabajador, y era respetado por el pueblo. «La gente joven le pedíamos a menudo consejo, le preguntábamos cómo debíamos hacer algo. Lo que particularmente me impresionaba de él era que siempre estaba tranquilo. Siempre tenía el enfoque correcto. En el campo, cuando se rompe un motor, casi todo puede ocurrir. Pero nadie le escuchó soltar palabrotas», dijo Nikolái Liubenko, el exagrónomo del koljós del pueblo. Iván Maliko, que trabajó de joven con Serguéi Gorbachov, subrayó: «Nunca se enfadaba con nadie. Si ibas a verle para algo, siempre estaba listo para ayudarte. No importaba que fueras mayor o no». De ahí que el propio Gorbachov recordara: «Los vecinos de mi padre le valoraban como un hombre trabajador, modesto y considerado. Estoy orgulloso de mi padre» (Ruge, 1991: 15).

La relación con su madre, María Panteléyevna, era mucho más complicada y menos fluida. En agosto de 1991, tras recuperar la libertad en el intento de golpe de Estado, Gorbachov no la llamó para decirla que estaba sano y salvo. «No tuve tiempo. Y hoy lo lamento», escribió más tarde en la versión rusa de su libro El Putsch. La figura de la madre, que era analfabeta (Brown, 1996: 27), es poco citada en sus memorias, como si le costara hacerlo o si tuviera sentimientos contradictorios y poco publicables sobre ella.

Sí mencionó que era una «mujer decidida» que hizo todo lo posible para que se salvaran de la hambruna de 1944. Los campesinos vecinos la consideraban demasiado ruda en comparación con las maneras suaves del padre, Serguéi Andréyevich. Según su asesor Andréi Grachov, en una ocasión en que discutían las «eternas dudas» de Gorbachov, éste le dijo: «Mi madre nunca ha tenido dudas. Nunca estudió, pero todo estaba claro para ella» (Grachov, 2005: 20). Exteriormente, el expresidente soviético se parecía a su madre, pero por dentro era como su padre, según confesó en una ocasión su única hija Irina.

William Taubman (2017) recoge en un libro biográfico un incidente entre madre e hijo ocurrido en 1944 antes de que el padre regresara de la guerra. Un día, ella cogió un cinturón y agitándolo, le amenazó con darle con él. «La agarré, se lo quité y la dije: ‘¡Basta, se acabó!’ Rompió a llorar porque yo era el último objeto que podía controlar y lo había perdido». La actitud de ella hacia él era de resentimiento, como él mismo confesó: «Nunca me perdonó la forma en que defendía a mi padre. ‘Tu padre es tu favorito’, me decía. Y yo respondía: ‘Tú también eres mi favorita, sólo que no te has dado cuenta de que he crecido».

Tras ser elegido secretario general del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), reparó la casa familiar, el pavimento, instaló teléfono y puso seguridad, pero las visitas y  conversaciones con su madre se hicieron cada vez más raras. El puente entre ambas personas era Irina quien, cuando todavía vivía su abuelo, iba allí en verano y regularmente visitaba a su abuela. Otra de las explicaciones plausibles para entender este distanciamiento es que la madre se llevaba mejor con el hijo menor, Alexánder Gorbachov, quien nació 16 años después que Mijaíl, y falleció en 2001.

Consideraba que su hermano pequeño había sido un niño muy querido por sus padres. Quizás sobreprotegido por ellos. Eso se infiere de estas declaraciones: «Su infancia y juventud fueron diferentes [a las mías]. Todo eso se reflejó en su carácter y en su relación con respecto a la vida. Para Alexánder todo era distinto. Me parece que más simple y fácil. A mí eso no me gustaba y yo intentaba ajustar su orientación vital. Luché mucho con él, algo conseguí. Pero Sashka [forma diminutiva y cariñosa de llamar a Alexánder] se mantenía en sus trece» (Gorbachov, 1995: 57).

Gorbachov visitó muy pocas veces su aldea natal siendo secretario general. Lo hizo en 1992 para convencer a su madre que se marchara con él a Moscú. El padre falleció de una hemorragia cerebral en 1976. Su madre murió en la primavera de 1995 y vivió sola un tiempo en la pequeña casa que su marido construyó en la aldea donde era conocida como «abuela Manya». La dimisión de Gorbachov le complicó la vida. Los poderes locales dejaron de manifestar por ella el interés de antaño. Los vecinos, condenando la desintegración de la URSS, le dieron la espalda. La casa que pertenecía a María Panteléyevna la compró A. Razin, jefe del estudio musical Dulce Mayo, quien oficialmente formalizó que quedara bajo tutela de la madre del expresidente soviético. Sin embargo, poco después, ella se trasladó a la casa de su hijo menor, Alexánder, con quien vivió en unas condiciones incomparables con las de su hijo mayor.



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Un retrato en profundidad del último líder soviético, que desentraña las razones que le convierten en héroe y villano

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