Este texto es un fragmento de

La historia tras Outlander. Temporada 1

Laura Díaz. Ilustraciones de Azahara Herrero

Presentación


Sing me a song of a lass that is gone.
Say, could that lass be I?
Merry of soul she sailed on a dais
over the sea to Skye.
[Cántame una canción de una muchacha que se fue.
Dime, ¿puede que esa muchacha sea yo?
Alma alegre, un día partió
sobre el mar a Skye.]

Billow and breeze, islands and seas,
mountains of rain and sun.
All that was good, all that was fair,
all that was me is gone.
[Neblina y brisa, islas y mares,
montañas de lluvia y sol.
Todo lo que fue bueno,todo lo que fue justo,
todo lo que fui se ha ido.]

Sing me a song of a lass that is gone.
Say, could that lass be I?
Merry of soul she sailed on a dais
over the sea to Skye.
[Cántame una canción de una muchacha que se ha ido.
Dime, ¿puede que esa muchacha sea yo?
Alma alegre, ella navegó un día
sobre el mar a Skye.]

Outlander me recibió con la melodía de esta canción típica escocesa y es la misma con la que yo quiero recibirte a ti. Puede que la primera vez que la escucharas no te transmitiera demasiado a pesar de la voz tan especial de Raya Yarbrough, la esposa de Bear McCreary, encargado de la banda sonora de la serie. Quizá ni siquiera sabías que se trata de la versión de una canción tradicional en Escocia, todo un himno jacobita teñido de melancolía pero también de esperanza que narra la huida del príncipe Estuardo tras el fracaso de su rebelión y aboga por su regreso, algo que nunca sucedió —la canción que aparece al inicio de la serie, no es la original, se ha adaptado a la historia de Claire, la protagonista de Outlander—. No te preocupes: yo tampoco sabía mucho acerca de todo esto hasta que recibí la propuesta de Huevo Cósmico Editorial para ponerme al frente de este proyecto que ha acabado enamorándome.
Tengo que reconocer que no era una experta en el siglo xviii y que apenas conocía unos esbozos acerca de la rebelión jacobita de 1745. De hecho, recuerdo que fue el tema que cayó en uno de los exámenes de la universidad y que lo superé sin pena ni gloria, por los pelos. ¡Quién me iba a decir (y a mi profesor también) que más de diez años después iba a sumergirme hasta el tuétano en la historia de los Estuardo, de las Highlands y del siglo xviii! Y cuando digo hasta el tuétano, debería decir hasta el corazón, porque, tras meses y meses leyendo, estudiando y aprendiendo, tengo que confesar que he caído rendida a los pies de Escocia, de los clanes de las Highlands, de Jamie y de Claire.
Sigamos con las confesiones: cuando supe el argumento de Outlander, torcí un poco el morro. Nunca he sido aficionada a la novela romántica, ni siquiera cuando tienen un trasfondo histórico, que suele ser mi excusa para interesarme por algo. Sí, me dejé llevar por la primera impresión y caí en el error que comete mucha gente: creer que la historia de amor de Claire y Jamie es comparable a las novelas en cuya portada aparece un pirata a pecho descubierto aferrando a una damisela de ajustado vestido rasgado. La historia de Claire y Jaime tiene como eje central el amor que va surgiendo entre ellos, pero se entrelaza con los problemas derivados de los doscientos años que los separan y con los hechos históricos en los que ambos se ven inmersos prácticamente desde el momento en que se conocen. No es una historia de amor en primer plano con un escenario de fondo, sino toda una amalgama de situaciones de diversa índole en la que te vas enredando sin darte cuenta. Si ya has visto la serie, como imagino, sabrás a lo que me refiero.
Afronté el visionado de Outlander desde una óptica profesional: libreta y bolígrafo en mano, me dispuse con mi mejor actitud de historiadora a tomar notas de todo detalle de interés que pudiera desarrollar para ampliar el contexto de cada capítulo. Y poco a poco la historia me fue atrapando hasta el punto de tener que retroceder escenas porque me embelesaba en algunos momentos y me olvidaba de coger apuntes. Pero eso no fue todo…
Suelo ser muy crítica con las series y las películas históricas (hay quien me define en este sentido como insufrible, pedante y otros elocuentes adjetivos). Aunque comprendo que por necesidades de producción se cambien detalles de la historia, no entiendo el motivo por el que a veces se hacen modificaciones radicales que lo alteran todo y que, además, acaban tomándose como veraces por los espectadores. Es otro de los motivos por los que comencé a ver Outlander con cierto escepticismo y, ¿por qué no decirlo?, con prejuicios. Digamos que mi objetivo era buscar el error histórico y explicar la realidad para aclarar a los lectores de este libro cómo fueron las cosas realmente.
Me equivoqué y a lo grande. He de decir con mucha satisfacción que en este sentido la serie (y también los libros de Diana Gabaldon) ha sido cuidada hasta el más mínimo detalle. Sí, los miembros del clan Mackenzie no se corresponden con los históricos (aunque sí mantienen sus mismas posturas políticas), y sí, la rama de los Fraser de la que desciende Jamie es ficticia (pero se apoya en el carácter libertino que mostró Simon Fraser el Zorro durante toda su vida y que hace plausible la existencia de hijos bastardos y, por lo tanto, nietos bastardos). ¿Qué quiero decir con esto? Que aunque el hecho de que tratarse de ficción justifique ciertos cambios, los que Diana Gabaldon ha introducido en su relato tienen sentido dentro de los hechos históricos que se conocen. Conforme avances en la lectura de este libro, comprenderás mejor lo que te digo.
Este libro me ha supuesto un viaje increíble que ahora quiero compartir contigo. Quiero llevarte de la mano hasta las Highlands del siglo xviii para que recorras conmigo innumerables castillos llenos de historias y fantasmas. Quiero que caminemos entre ríos y montañas para encontrar las antiguas leyendas que hoy siguen vigentes. Quiero que escuchemos melancólicas canciones a través del eco de las gaitas y los tambores. Quiero que veamos a los highlanders avanzar entre la bruma y que nos contagien su pasión por la libertad, por la vida sencilla, por la amistad y el amor.
¿Ya has recuperado el aliento? Pues el viaje no acaba ahí, porque, al igual que Claire, también vamos a viajar en el tiempo. Pasearemos por 1945 para vivir los últimos coletazos de la Segunda Guerra Mundial y atisbaremos el inicio de la Guerra Fría. Enlazaremos eventos históricos para descubrir que, en efecto, el presente es hijo del pasado y que debemos conocer lo que pasó para tratar de averiguar qué es lo que pasará.
Porque la historia no es tan solo una sucesión de hechos, importantes nombres propios y fechas señaladas, sino mucho más. La historia también se esconde tras los versos de las canciones populares, en los hogares de ricos y pobres, en las costuras de sus ropas, en la comida que hay en sus platos. La historia puede llegar a todos y yo quiero acercártela y transmitirte al menos una parte de la pasión que siento por ella. Espero conseguirlo.

Nos vemos en las Highlands.



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