Este texto es un fragmento de

Inconformistas

Javier Castro

Capítulo 1

06:20 de una de las primeras mañanas de verano en el nuevo barrio hípster de la capital. Lucas despierta de un salto tan pronto como suena la alarma de su iPhone último modelo; no le ha dado apenas tiempo a abrir del todo los ojos cuando ya se está llevando la pantalla del móvil a la cara para ver las notificaciones que se ha perdido durante sus programadas ocho horas de sueño. Se trata de un ritual: primero Facebook, después Instagram y finalmente Whatsapp, donde, como de costumbre, le aparecen decenas de mensajes sin leer, siempre de los mismos grupos: «Familia por el mundo», «Primos para qué os quiero», «Universitarios Forever»; y, con suerte, algún que otro mensaje de contactos con los que tiene menos relación, pero le recuerdan para pedirle algún favor, usualmente de trabajo o de recomendaciones sobre restaurantes y viajes.
 
– Joder, ya es lunes –Lupe, prima hermana de Lucas, siempre tiene un mensaje de positivismo para empezar la semana.
– Hoy dejo mi trabajo, en serio.
– ¿Soy la única que odia ir a trabajar? Ojalá pudiera dejar esto, somos esclavos del dinero…
 
Normalmente las quejas no vienen solas, son como una especie de llanto que empieza con un pequeño balbuceo y acaban a lágrima viva.

– ¿Os levantáis todos los días muertos de cansancio?
– Tengo para mí todo el estrés de la vida moderna
 
Lupe está en el grupo de primos y es de las más activas en él: acaba de cumplir 30 años y su deseo de tener un trabajo bien remunerado y a la vez creativo no parece haberse cumplido. Hablando de forma general, quizá no se ha cumplido para ninguno de los conocidos de Lucas. Lupe es una chica carismática, pequeña en altura, pero grande en incertidumbres. Tiene unos marcados rasgos asiáticos casi inexplicables dado su endogámico árbol genealógico: padres, tíos, abuelos... Todos sus ancestros directos proceden de unos, como máximo, cien kilómetros a la redonda de la comarca en la que nació y vive. Le encanta imaginarse china o quizá peruana, por lo que los estampados étnicos forman parte en su extenso y variopinto fondo de armario. Suele completar su look con un pelo negro zaino, alisado, flequillo recto y gafas de pasta negras. Un caminar etéreo y un halo despreocupado que la envuelve son también señas clave de su identidad. Según ella misma señala, en su pequeña esencia sintetiza todas las inconsistencias, miedos, inseguridades, ansiedades y angustias de la generación millennial, aquella formada por los nacidos con posterioridad a 1980.
 
Lupe se medica. Para ser más exactos, toma somníferos sin prescripción médica desde que tiene 25 años. Parece que desde que terminó la carrera la vida se le ha hecho demasiado cuesta arriba: duerme mal, tiene insomnio y su cabeza sólo puede pensar en calamidades antes de dormir, lo que no colabora con su descanso.
 
Lo primero que hace cada mañana, tras maldecir su desdichada existencia, es ir con los ojos abiertos al diez por ciento y su camisón japonés hacia su máquina Nespresso en búsqueda de su café solo –desde que vivió en Milán ya no es capaz de añadir azúcar o leche a su gasolina matutina–; después se da una ducha rápida y, aún con el pelo mojado y con sólo un poco de eyeliner, sale directa en búsqueda de su coche modelo Micra turquesa –toda una metáfora de ella misma-, el cual rara vez encuentra a la primera. Hace poco compró con su novio Hugo un piso diminuto en el centro que les dejó sin ahorros para un parking. El apartamento que en la mente de ambos había sido concebido como bohemio y poético, en el que podrían tomar vino tinto con velas por las noches, también presentaba serias desventajas, como la falta de aparcamiento, lo que se traducía en una espiral de vueltas a las manzanas colindantes que solía alargarse hasta una hora diaria. Luego, evidentemente, Lupe no era capaz de recordar dónde había dejado aparcado su diminuto medio de transporte.
 
Tras dejarse caer en el asiento como si las fuerzas ya se le hubieran acabado, Julia escribe el primer WhatsApp en el grupo. Deja el móvil junto al cambio de marchas, se abrocha el cinturón, consigue arrancar al segundo intento y se dirige a base de volantazos inseguros pero vehementes hacia la empresa en la que trabaja, un taller de chapa y pintura donde ejerce como responsable de ventas, el nombre profesional de vendedora telefónica. El trabajo se lo consiguió su padre. Desde que empezó hace cinco años no ha sido capaz de dejarlo tan fácilmente: se siente en deuda con su padre y sus propios miedos lo evitan. Todo ello le supone una carga psicológica demasiado pesada para su frágil cuerpecito. Sus compañeros tampoco se lo ponen fácil, para ella son «una panda de garrulos» que poco o nada entienden de social marketing, gamificación o estrategias virales que propone Lupe para dar un empujón al negocio.
 
Lupe continúa en su trayecto cuando oye un nuevo mensaje:
 
– Venga, prima, que esta tarde nos vemos en el gym.
– ¡Buenos días, familia! Os envío el horóscopo de hoy del teletexto.
 
Julia es la hermana mediana de Lucas y es quien trata de poner un poco de practicidad en las conversaciones. Es un año menor que Lucas y siempre ha sido el miembro más racional del grupo: es ingeniera y su trabajo, aunque le consume bastantes horas, nunca parece suponerle tanto suplicio como al resto de los cinco primos. Julia es especialmente guapa; sin embargo, su inseguridad le hace verse como la menos atractiva de la familia. Su mayor fijación es tratar de ocultar sus curvilíneas formas naturales mediante vestidos de una talla menos que ha visto a influencers en Instagram.
 
– Virgo: hoy el día te depara sorpresas en el amor y en el trabajo. ¡Vístete para triunfar! –en realidad el único signo en el que está interesada Julia es en el suyo propio y ese es justamente el único que comparte.



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