Este texto es un fragmento de

Manifiesto arquitectónico paso a paso

David García-Asenjo Llana

IGLESIA DE SANTA ANA DE MORATALAZ. UNA OBRA DE ARTE TOTAL.

«Por eso te daré gracias, oh Dios mío, y cantaré salmos en tu honor.
Si conocieras el don de Dios y lo que es el cielo.
¡Si pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos!»        
      
Una niña de siete años se dirige con estas palabras a su hermana fallecida. En ese canto es acompañada por una escolanía, que evoca un coro de querubines, y por el coro de un teologado, que interpretan a los ángeles entre los que se encuentra. Y una parte de la orquesta Manuel de Falla trata de expresar con instrumentos el movimiento de estas figuras en el cielo. Se produce un momento de gran emoción, pues transcurre en la ceremonia de consagración de un nuevo templo, dedicado a la memoria de la hija del autor del proyecto. La niña que canta era Taciana Fisac y se comunicaba con su hermana Anaick a través de las palabras que entre los salmos había elegido su madre, Ana María Badell. El templo era la parroquia de Santa Ana de Moratalaz, en Madrid. Anaick, la hija mayor de Miguel Fisac, había fallecido hacía dos años y la inmobiliaria Urbis y el arzobispado de Madrid decidieron dedicarle esta nueva construcción en su recuerdo, y como homenaje a uno de los principales arquitectos de la época, figura clave en la renovación de la arquitectura religiosa.

La pieza que se representó era la cantata In Memoriam Anaick, obra de Cristóbal Halffter, amigo personal de la familia, otro artista fundamental en la renovación de su campo, en este caso la música. Con esta composición quería mostrar la alegría con la que sería recibida en el cielo la niña mientras que el duelo se mantenía en la tierra. Se puede escuchar en el episodio que el programa Documentos, de Radio Nacional de España, dedicó a Miguel Fisac.

Y una de las imágenes del templo, una niña que sostiene una vela que señala la presencia del sagrario, fue moldeada por el escultor José Luis Sánchez a imagen de la homenajeada.

Se produjo así ese día, el 18 de diciembre de 1966, un hecho singular, en el que se entrelazaban dos historias. La primera concernía a los autores de las obras que se mostraban, el homenaje a un ser querido. Y la otra historia hablaba del deseo de la integración del mejor arte contemporáneo en la sociedad, a través de la realización de una iglesia que integraba lo mejor de la arquitectura, la escultura y la música que se estaba realizando en ese momento.

Hoy se cumplen 50 años de la ceremonia de consagración de uno de los edificios más importantes de la arquitectura religiosa española contemporánea. Fue un acto tan relevante que llegó a salir en el NO-DO, dos semanas después. Se puede ver cómo Miguel Fisac explica a Matías Prats la disposición interna del espacio y los motivos que le llevaron a proyectar de ese modo el templo.

Era una época en la que a través del arte se pretendía modificar la sociedad. Qué mejor forma de hacer entender el cambio que había sufrido la liturgia tras el Concilio Vaticano II que crear espacios que respondieran al espíritu de la reforma. Complementarlos con unas imágenes que integraran el arte abstracto y la simbología religiosa. Y componer nuevos cánticos, con raíz en la tradición pero en los que se recitaran los nuevos textos salidos de la reforma, los primeros que no utilizarían el latín y permitirían entender mejor el rito.

Miguel Fisac había proyectado hasta el momento una serie de templos que habían revolucionado la construcción de iglesias, y de una calidad incuestionable, que todavía permanece, transcurrido más de medio siglo. Pero esta era la primera iglesia que construía tras la celebración del Concilio Vaticano II. Fisac explicó que había modificado el espacio interior debido a las innovaciones en la liturgia. Señaló cómo las nuevas disposiciones necesitaban de un nuevo tipo de espacio. La celebración había pasado de estar centrada en el altar a tener un foco de atención móvil, que cambiaba entre los distintos puntos de la celebración. La atención de los fieles se desplazaba entre esos focos litúrgicos.


Campanario de la parroquia de Santa Ana de Moratalaz. Autor: David García-Asenjo

Con esta iglesia el arquitecto quiso dar un giro radical con respecto a su anteriores realizaciones. Frente al ladrillo o la piedra que utilizara en dos de sus principales iglesias, la del Teologado de los Dominicos en Alcobendas, o la parroquia de la Coronación en Vitoria, el conjunto parroquial de Moratalaz está construido íntegramente en hormigón armado, sin revestimientos. Los muros que definen su perímetro están realizados in situ, mientras que la cubierta está resuelta con el sistema prefabricado de vigas hueso que utilizara Fisac a partir de los años sesenta, y cuyo máximo exponente es el Centro de Estudios Hidrográficos, junto al puente de Segovia en la ribera del Manzanares.

La nueva liturgia apuesta por una participación activa de los fieles, por lo que el presbiterio deja de ser un lugar aislado de la asamblea. Fisac traza una planta parabólica que acoge a la asamblea y al presbiterio. Ya no quedan vestigios del ábside, elemento tradicional en las iglesias preconciliares. La forma de la planta no concentra la atención en un punto sino que delimita un ámbito de donde sucede la celebración. Ya no debe existir una separación física clara entre ambos espacios, y aunque la celebración sigue oficiándola el sacerdote, cada momento de la misa transcurre en un lugar distinto, y los fieles deben poder estar cerca del mismo para compartir la celebración. El recinto en el que se alojan la sede, el ambón y el altar debe ampliarse para que cada uno de ellos disponga del espacio necesario para poder realizar los movimientos y gestos que marca la liturgia. El terso muro curvo de hormigón se modifica con tres concavidades que señalan la presencia de cada foco litúrgico. La concavidad central responde a la presencia del altar y sobre ella flota un crucificado. La concavidad de la izquierda señala la presencia del ambón y la sede. En ella se cobija un grupo de Santa Ana, la Virgen y el Niño. En la tercera concavidad se sitúa el Sagrario, iluminado lateralmente por una vidriera de tonos rojizos adecuada a la presencia de la Reserva Eucarística.


Interior de Santa Ana de Moratalaz. Autor: David García-Asenjo

A lo largo de su carrera Miguel Fisac buscó incorporar el arte contemporáneo a sus obras y contó con algunos de los mejores artistas del momento, pero su concepción del espacio religioso, y la búsqueda de la esencialidad, hasta que el templo quedara «definido tan solo por el silencio y la luz», hizo que utilizara los mínimos elementos. Dada su importancia, debían estar depurados al máximo. Es por eso que mantuvo largas colaboraciones con Pablo Serrano o José Luis Sánchez, que crearon piezas que transmitían a la perfección el espíritu que buscaba Fisac, favorecían el ambiente adecuado para la celebración. Se apreciaba así con mucha mayor intensidad su valor simbólico y colaboraban de una forma óptima al desarrollo del culto.

En la iglesia de Santa Ana se plantearon inicialmente solo dos imágenes, el crucifijo (heredero de los que diseñó Pablo Serrano para iglesias anteriores), el grupo escultórico de Santa Ana, la Virgen y el Niño, y la evocación a Anaick, todas ellas obra de José Luis Sánchez, realizadas en hormigón sobredorado. El Vía Crucis se talló en el hormigón,  no hay más elementos que distraigan la atención de los focos principales del templo.

Además de la cantata In Memoriam Anaick en esta ceremonia se interpretó la «Misa de la Juventud», de Cristóbal Halffter. En esta obra se pretendía generar un nuevo conjunto de cantos que adaptados a las nuevos textos surgidos del Concilio Vaticano II. El espacio del templo también está preparado para los nuevos requerimientos acústicos. Las concavidades tras el presbiterio no solo señalan la presencia de las distintos elementos de la celebración, sino que sirven para que el sonido se transmita mejor en el interior de la iglesia y pueda ser entendido sin dificultad por la asamblea.


Carátulas de las piezas musicales

Se producía así un intento de renovar por completo el espacio, las imágenes y la música que se daban en una misa católica.

El espacio es de una desnudez casi extrema. Todo está al servicio de la celebración.

Pero fue en el momento de la consagración, y en el silencio tras la misma cuando la iglesia alcanzó su máxima pureza. El uso posterior del edificio no ha estado a la altura pese a que ha resistido en sus principales valores. Pero esa intensidad de las artes uniéndose para conseguir el estado de gracia que se busca en un templo no se volvió a dar.

Fue tan intenso su compromiso con este templo que Miguel Fisac dejó de visitarlo cuando observó que los fieles no respetaban su pureza simbólica, incluso modificaban alguno de los elementos artísticos originales. Taciana Fisac señala desilusionada la diferencia que existe entre el espacio que proyectó su padre y el actual, en el que se diluyen las excepcionales obras de arte. De la misa compuesta por Halffter no hay recuerdo. La utilización de la música sacra, que fue una de las primeras renovaciones que se introdujeron en el rito a principios del siglo XX, está más lejos que nunca de la excelencia.


Nave de la iglesia de Santa Ana. Autor: David García-Asenjo

Se han cumplido 50 años desde que se produjo esta ceremonia y esta intensidad en la integración entre la arquitectura religiosa y el mejor arte contemporáneo se ha perdido. Hay arquitectos y artistas que siguen colaborando, pero es la sociedad la que poco a poco ha dado la espalda a este trabajo conjunto.
 



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