Este texto es un fragmento de

Ni dioses ni amos

MC Roig

PRÓLOGO

Hace once mil años.

— ¿Por qué?

La voz de su hermano, tranquila y profunda, le hizo abandonar su tarea por unos instantes. Los cristales perdieron su brillo al desaparecer el contacto.

 —Cuando todo suceda, necesitarán saber los motivos para decidir qué camino recorrer.

 Su hermano negó. No estaba de acuerdo, al igual que el resto de su familia.

 —Les bastará con obedecer; la fe hará el resto.

 Iroel suspiró profundamente.

 —¿La fe? ¿Vamos a usar el mismo recurso de aquellos a los que hemos condenado? ¿No es eso una incongruencia? 

 —Es el recurso que va a usar el enemigo. Tendremos que usar sus mismas armas para poder vencerlo definitivamente.

Su hermano no tenía razón, ninguna. Ellos no necesitaban ciegos adoradores, ellos defendían la iluminación a través del conocimiento.

  —Nada justifica que los convirtamos en aquello contra lo que tanto hemos luchado... No podemos decidir algo así.

—Entiendo la lógica de tu argumentación, Iroel, pero hemos deliberado largo y tendido y se ha establecido otra vía igual de elocuente y que traerá los resultados esperados. No se te está pidiendo que dejes de hacer tu trabajo. Debes seguir haciéndolo; eres un Cronista, pero los archivos deben seguir siendo única y exclusivamente para la Coalición. Va a prohibirse que se distribuya esta información en los registros primarios, solamente se podrá acceder a ellos cuando se haya alcanzado cierto nivel evolutivo.

 Iroel cerró los ojos.

 —Estamos sumiendo a muchas especies en la oscuridad por algo que ha sucedido en un solo mundo.

 —La restricción a los registros primarios solo sucederá en la Tierra, declarada ya en cuarentena. El resto de sistemas planetarios continuará ligado a la red.

 —Sigo sin estar de acuerdo. Somos sus guardianes y ese nombramiento implica asegurar la evolución de nuestros protegidos. Se han clausurado los portales; sin ayuda externa sólo nos tienen a nosotros.

 —Somos guardianes y cronistas, no facilitadores. No hemos recibido dispensa para hacerlo.

 — Fueron sus antecesores quienes violaron las leyes, no ellos. Si desde que recibimos la dispensa hubiéramos tomado el papel de agentes en vez de actuar de forma sutil, nada habría sucedido.

 —Tú lo has dicho, Iroel; son sus descendientes y su genética les condena. Te has encariñado con aquellos a los que debes observar y eso sesga tu juicio.

Quizá hubiera algo de razón en aquel alegato. Los demás habían sufrido el descenso como él y sin embargo no compartían sus mismas inquietudes ni tenían su misma visión.

 —Los aral provienen de la Fuente al igual que nosotros, y eso les confiere derechos a pesar de ser extranjeros. Les detuvimos, les juzgamos. Pagaron muy caro sus errores. ¿No es eso suficiente para exculpar a su línea genética, una línea que no participó en los crímenes? 

Los aral habían sido controlados y expulsados del planeta; el verdadero peligro tenía otro origen.

 —Agradecemos enormemente tu dedicación a la causa, Iroel, pero no vamos a permitir que las Crónicas caigan en manos equivocadas. Nuestro enemigo ya tiene suficiente poder como para permitirle el acceso a información fundamental que puede inclinar la balanza de su lado.

 —¿Quién dice que serán las equivocadas? Modifiquemos el acceso para que solo...

 —Has llegado a la misma conclusión que nosotros.

 —Las demás especies no son culpables de...

 —Son daños colaterales. Hay que contener al enemigo, Iroel; el daño que puede provocar será mucho mayor que el beneficio de otorgar a unos pocos el privilegio de la ascensión.

 —¡Eso es aberrante, hermano! ¿Cómo puedes estar de acuerdo con algo así?

 —¿Cómo puedes tú no estarlo?  No podemos permitirnos más pérdidas. Hay que confinar al enemigo definitivamente y ese plano no podrá contenerlo para siempre. 

—No podemos condenar a toda la humanidad por lo que vaya a hacer una parte.

 Su hermano no ocultó su perplejidad.

 —Ya condenamos a un planeta entero por lo que hizo una sola especie. Las leyes son claras. Todos deben ser uno. Además, el principio universal de no intervención nos ata de pies y manos.

 —¿Ahora nos ata?

 —Debemos volver a nuestros preceptos iniciales si queremos continuar con nuestra labor  y no ser relevados y degradados. No pasará mucho tiempo antes de que seamos evaluados. Cuanto más nos ciñamos a nuestros orígenes, menos causa habrá cuando nos juzguen.

A Iroel ee le partió el corazón al pensar en todo lo que habían hecho. El papel original de su estirpe era puramente observacional y sus órdenes iniciales no incluían el ser proactivos. Todo eso cambió cuando recibieron la dispensa del principio universal de no intervención.

 —Buscáis redención.

 —Eso significaría que somos culpables de algo; todo se hizo en bien de la mayoría. Tus creencias no son realidades, hermano. Hazme caso, cambia la codificación de las Crónicas y clasifícalas para entrelazamientos cuánticos elevados. Si no lo haces tú, lo hará otro Cronista.

A Iroel no le quedaba otra opción que seguir aquellas indicaciones, pero eso no significaba que no hubiera otros caminos.

Se le consideraba el estratega del Alto Consejo y encontraría la manera de puentear aquella orden.

Siempre lo hacía. Era su especialidad. 




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