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No disparen al balón

Nacho M. Martín

LA ALARGADA SOMBRA DE LOS DUVALIER

Haití, uno de los países más pobres del mundo y el más pobre de toda América, ha vivido en su devenir histórico momentos que han contribuido a la desfavorable situación en la que se encuentra.

Surgido a finales de siglo XVIII a raíz de una sublevación de los esclavos negros que expulsaron a los colonos franceses, Haití ha vivido una serie de regímenes dictatoriales como el de Jean Jacques Dessalines o Faustino Soulouque, quien se autoproclamó emperador bajo el nombre de Faustino I; o gobiernos de déspotas ilustrados de supremacía ejercida por la minoría mulata como el de Jean Pierre Boyer.

El país caribeño fue invadido por las tropas estadounidenses durante la Primera Guerra Mundial con el objeto de defender los intereses de las empresas norteamericanas. La ocupación duró hasta 1934, periodo en el que hubo cierta estabilidad y se pudo sanear las finanzas públicas, se creó un ejército y se construyeron escuelas y carreteras.

Una vez los estadounidenses abandonaron Haití, el país francófono experimentó etapas democráticas con dictaduras efímeras y gobiernos provisionales y militares hasta que François Duvalier se hizo con el poder tras ganar unas elecciones. Posteriormente, reformó la constitución haitiana y se erigió como presidente vitalicio construyendo un régimen totalitario en el que controlaba todos los aspectos de la vida de Haití, incluido el fútbol.

El fútbol llegó a Haití a finales del siglo XIX, pero fue con el ascenso al poder de Papa Doc (como era conocido Duvalier), que ganó las elecciones con reclamos populares como combatir los beneficios de la minoría mulata y revitalizar las prácticas del vudú, cuando el fútbol haitiano comenzó a desarrollarse. Para ello, priorizó el fútbol antes que muchos sectores del estado y a mediados de la década de los 60 comenzó a invertir dinero, incluso el recibido solidariamente por otros países para el desarrollo social, para la mejora del balompié nacional.

Papa Doc era, como la mayoría de los haitianos, un apasionado del fútbol, por lo que se propuso como meta llevar a la selección del país a un Mundial para así lograr la adhesión de un pueblo que adolecía de instalaciones médicas notoriamente primitivas, de una baja tasa de alfabetización y de altos casos de hambruna rural y que encontraría en el hito mundialista algo a lo que aferrarse.

Así, y dado el buen papel que hizo la selección juvenil en la Copa del Caribe de 1965 donde emergieron figuras como el portero Henri Françillon, el extremo Roger Saint-Vil o el mediocentro Philippe Vorbe, el presidente vitalicio haitiano evitó tentaciones a los ojeadores internacionales y prohibió que sus jugadores fichasen por clubes extranjeros. De esta manera, sólo jugadores que llegaron a tener una relación especial con Papa Doc pudieron beneficiarse de permisos temporales para recalar en equipos extranjeros, normalmente de la NASL norteamericana, como fueron Guy Saint-Vil (hermano de Roger) y Claude Barthélemy.

Con esta medida, Papa Doc quiso evitar una fuga de talento y que no volviera a suceder un caso como el de Joseph ‘Joe’ Gaetjens, en cuyo trágico final tuvo mucho que ver el dictador haitiano.

Gaetjens nació en Puerto Príncipe en una familia acaudalada (su padre era un comerciante alemán) y desde los 14 años demostró un talento innato para el fútbol, talento que le permitió con esa edad jugar en el equipo sénior del Etoile Haitienne. Dado que el fútbol haitiano de los años 40 no garantizaba un sustento económico, Gaetjens decidió trasladarse a Estados Unidos, donde logró una beca para estudiar contabilidad en la universidad neoyorquina de Columbia.

En la ciudad de los rascacielos compaginó sus estudios con un trabajo de friegaplatos en un restaurante italiano del barrio de Harlem cuyo dueño era el presidente de un equipo amateur, el Brookhattan, por lo que invitó a Gaetjens a enrolarse en él a cambio de 25 dólares extras. Sus actuaciones en el pequeño club neoyorquino llamaron la atención de los ojeadores de la federación estadounidense quienes estaban conformando un equipo para disputar el Mundial de Brasil de 1950. El joven haitiano aceptó y partió a tierras brasileñas con una selección estadounidense que contaba con otros jugadores ‘asimilados’ como el polaco Wolanin, el belga Maca o el escocés McIlvenny.

En ese Mundial, Gaetjens sería uno de los héroes, junto al portero Frank Borghi, de la victoria histórica de la selección estadounidense por un tanto a cero ante Inglaterra. Fue una calurosa tarde en Belo Horizonte cuando, a los 38 minutos de juego, Gaetjens conectó un soberbio cabezazo y batió al meta Bert Williams marcando así el único gol del partido, una hazaña que se recrea en la película El partido de sus vidas, en la que Gerard Butler interpreta a Borghi. 

La gesta estadounidense sorprendió a propios y extraños, tanto fue así que tras la recepción del teletipo con el resultado, muchos medios británicos pidieron una corrección, otros publicaron un marcador de 10-1 pensando que se habían olvidado de una cifra, e incluso el New York Times desestimó publicarla creyendo que era una información falsa.

Sea como fuere, el nombre de Joe Gaetjens pasó a la historia. Tras la cita brasileña, el ariete caribeño probó fortuna en el fútbol francés en el Racing de París y en el Alès para luego volver a su país natal donde se retiró en el Etoile Haitienne, club en el que comenzó su carrera. Tras ello, montó una tintorería y a veces interrumpía su vida apacible por el deporte que amó ya sea organizando una liga juvenil o entrenando a la selección nacional.

En ningún momento mostró interés por algo que no fuera el fútbol o su negocio pero, desafortunadamente para él, sus hermanos sí lo hicieron. Fue en 1957 cuando Papa Doc ganó las elecciones que le sirvieron para construir ese régimen dictatorial en el que la élite mulata (a la que pertenecían los Gaetjens) era la víctima predilecta de su política represiva. En esas elecciones, los hermanos de Joe Gaetjens apoyaron abiertamente al oponente de Duvalier, un industrial y amigo cercano de la familia Gaetjens llamado Louis Déjoie. Es más, Gérard Gaetjens fue uno de los asesores más cercanos de Déjoie. 

Así, la mañana del 8 de julio de 1963, dos miembros de los Tonton Macoutes, la policía secreta del régimen (cuyo nombre viene del término criollo para 'hombre del saco'), se presentaron en el negocio de Joe Gaetjens para llevárselo a la comisaría. Nunca lo volvieron a ver. Tuvieron que pasar 20 años para que un preso político, compañero de celda del futbolista en la prisión militar de Fort Dimanche, diera constancia de su fusilamiento.

Éste es el capítulo más negro de Papa Doc y del fútbol haitiano de una larga lista que va desde descalificar al Eclair de Cap-Haitien por hacer un gesto solidario contra las víctimas de la represión, a sacar a rastras del modesto Parc Sainte-Thérèse, al término de un partido, al futbolista amateur Max Montreuil para encerrarle en una cárcel por pertenecer al grupo opositor Congreso por el Movimiento Democrático. Todas ellas se recogen en el libro François Duvalier y el fútbol haitiano: un control totalitario del ahora senador Patrice Dumont. 

Con esta dinámica, Papa Doc continúo con su objetivo de clasificar a la selección haitiana para una Copa del Mundo, éste inyectó dinero para mejorar las instalaciones, traer técnicos y preparadores físicos extranjeros, y en definitiva, mejorar las condiciones de vida de los futbolistas.

En este aspecto, el referido Roger Saint-Vil reconoció a John Spurling en su libro Muerte o gloria que gracias a Papa Doc las instalaciones de entrenamiento «mejoraron» y que, cada vez que jugaban en un país caribeño rival, se alojaban «en buenos hoteles» y «con buena alimentación». «Muchos de nosotros veníamos de familias pobres por lo que François Duvalier había traído luz a nuestras vidas», apostilló. 

El conjunto haitiano se sometió a una dura preparación para lograr un billete para el Mundial de México de 1970. Así, Haiti lideró el primer grupo clasificatorio con dos victorias y un vital empate en Guatemala que le dio el pase a una segunda ronda donde batió con solvencia a una selección de Estados Unidos en proceso de mejora tras lanzar su nueva liga profesional, la NASL.

Sólo quedaba un último escollo para que se despejase el camino hacia México y era el combinado de El Salvador, selección que en la ronda anterior apeó a Honduras, tras una eliminatoria que originó la llamada Guerra del Fútbol (conflicto armado entre ambas naciones centroamericanas que duró cuatro días).

En esta definitiva eliminatoria, la selección haitiana perdió el primer partido en casa por 1-2 pero se rehízo en tierras salvadoreñas ganando por 0-3 y forzando un partido de desempate que se jugó en Jamaica y que se llevó El Salvador por un solitario gol.

Haiti acarició el objetivo con los dedos pero se le escapó en el último momento. Por ello, el gobierno de Papa Doc emitió un comunicado que decía: «Prometemos a todos los haitianos que nuestra selección va a estar en el Mundial de 1974 y que el presidente Duvalier continuará monitorizando el progreso de la selección y respaldará al equipo, a sus jugadores y a su entrenador para garantizar que este sueño se hace realidad».

Finalmente Papa Doc murió en 1971 y no pudo ver cumplida su objetivo fijado cediendo esta cuenta pendiente a su hijo Jean-Claude Duvalier, conocido como Baby Doc, quien heredó el mando del país y prolongó la cruenta dictadura.

Para la siguiente cita mundialista, el sistema de clasificación de la organización territorial de América del Norte, Centro América y Caribe, la Concacaf, se había modificado. De ese modo, su ronda final se constituyó en una liguilla final con los seis clasificados de la primera ronda a disputarse en un único escenario. La sede elegida para las clasificatorias de Alemania 74 fue, precisamente, Haití. Era una gran oportunidad y Baby Doc no la iba a desaprovechar.

Haití comenzó la liguilla de manera exultante con dos victorias sobre Antillas Neerlandesas y Honduras por lo que el partido contra Trinidad y Tobago se presentó crucial dado que si ganaba ya sólo le restaba conseguir una victoria ante Guatemala y no perder contra México para sellar su pase para Alemania 74.

Y así fue, la selección anfitriona ganó por dos a uno a Trinidad y Tobago pero durante el partido ocurrieron cosas bastante extrañas como la anulación de cuatro goles legales a los trinitenses así como la no concesión de dos penaltis bastante claros a los visitantes. A raíz de este hecho, se especuló con que el gobierno de Baby Doc tenía amenazado al colegiado de aquel partido, el canadiense James Huguet, pero nunca hubo pruebas de ello.

De cualquier forma, el secretario general de la federación trinitense, Jack Warner, no emitió queja alguna, todo lo contrario que la federación mexicana denunció, además, que su hotel estaba cerca de un prostíbulo y que en una visita a una destilería de ron fueron excesivamente generosos con sus jugadores. Las protestas mexicanas cayeron en saco roto si bien Huget y sus jueces de líneas fueron expulsados de por vida.

A la jornada siguiente, la selección de Trinidad y Tobago le hizo un favor a Haití, que ganó su partido ante Guatemala, venciendo a México por 4-0, lo que significaba que los anfitriones ya tenían el pase para Alemania 74 a falta de un partido. Finalmente, Baby Doc consiguió cumplir el deseo de su padre.

Les grenadiers, como se les llama a la selección haitiana, fueron encuadrados en un duro grupo con rivales de la talla de Italia, Argentina o Polonia, por lo que la andadura haitiana en Alemania 74 se auguraba intensa pero breve.

El primer partido sería contra el país transalpino e iba a tener su morbo al enfrentar al entonces seleccionador de Haití, el italiano Ettore Trevisan, contra la selección de su país. Pero tal circunstancia no se dio. Trevisan, a pesar de haber conseguido la clasificación mundialista de la selección caribeña, fue cesado semanas antes de comenzar la cita mundialista por ser reacio a considerar las «recomendaciones» de Baby Doc. El sustituto del italiano fue el técnico local Antoine Tassy, quien ya estuvo a punto de clasificar a los caribeños para México 70 y era más proclive a las injerencias de Jean-Claude Duvalier. 

Y llegó el 15 de junio de 1974, en el que un Estadio Olímpico de Múnich con 70.000 espectadores en sus gradas iba a ver el debut de la exótica Haití con una Italia que tenía como figura indiscutible a Dino Zoff. El portero de la azzurra llevaba sin ser batido con su selección desde septiembre de 1972, cuando recibió un gol contra Yugoslavia, todo un récord en ese momento que se sumaba a la proeza de estar 903 minutos sin ceder un tanto con la Juventus. Todo ello, le llevó a quedar en segundo lugar detrás de Johan Cruyff en la votación del Balón de Oro de 1973. 

En los primeros compases del encuentro, Haití se plantó bien en el terreno de juego cediendo el balón a la squadra azzurra y limitándose a defender con orden y criterio con su guardameta Henry Françillon, quien tras el Mundial fichó precisamente por el 1860 Múnich, realizando intervenciones soberbias y haciendo gala de grandes reflejos que motivaron que se llegara con empate a cero al descanso. 

Segundos después de la reanudación, el ariete haitiano Emmanuel Manno Sanon irrumpió entre líneas rivales para adueñarse de un balón enviado por Philippe Vorbe, capitán y único mulato del equipo además de hijo del Ministro de Deportes; y, tras dejar atrás como si fuera una ráfaga de viento a Luciano Spinosi, uno de los eslabones de una consistente defensa formada por Burgnich, Morini y Facchetti, batir a Zoff marcando el primer tanto del partido. De ese modo, Sanon, un desconocido de 22 años que ganaba 200 dólares al mes jugando para Don Bosco de Pétionville y que aseguró antes del partido que iba a marcar porque la defensa italiana era «demasiado lenta», dejó el récord de Zoff de imbatibilidad en 1.143 minutos. 

La alegría le duró poco a Haití. Sólo seis minutos después empató Italia por mediación de Gianni Rivera, sentenciando posteriormente el equipo azzurro con dos goles más que dejarían el resultado final en 3-1. A pesar de esa derrota, el hecho de tutear a una selección de la talla de Italia con jugadores como Capello, Mazzola, Riva y los referidos Zoff y Rivera, es considerado el mayor hito del fútbol haitiano, no en vano Sanon, quien tras el Mundial tendría una fructífera carrera en el Beerschot belga y en la NASL, fue nombrado deportista haitiano del siglo XX. 

Aunque este encuentro iba a dejar una sorpresa más. Al término del partido, Sanon y el centrocampista Ernest Jean-Joseph se sometieron a un control antidopaje. Sanon lo pasó pero Jean-Joseph dio positivo por efredina siendo el primer jugador en dar positivo en la historia de los Mundiales. El futbolista del Violette se excusó ante la prensa alegando que el positivo fue por un medicamento para su asma algo que desmintió el propio médico de la selección caribeña, Patrick Hugeux, quien llegó a aseverar que Jean-Joseph «no tiene el nivel intelectual suficiente para darse cuenta de lo que ha hecho». Finalmente, la FIFA expulsó al futbolista de la competición y el bochorno fue generalizado. 

Los dos días siguientes, Jean-Joseph se puso a deambular intranquilo por el vestíbulo de la Escuela de Deportes de Grunwald, donde se alojaba, ya que había puesto en la picota el orgullo de Haití, que por aquel entonces se podía decir que era el orgullo de Baby Doc. Al tercer día, el vicepresidente de la federación haitiana, el mayor Acedius Saint-Louis, junto a dos agentes de la Tonton Macoutes, sacaron a golpes del recinto a Jean-Joseph y lo encerraron en una habitación del Hotel Sheraton para luego llevarle de vuelta al país caribeño. Su destino era incierto.

Este hecho causó temor en el resto de la selección haitiana, y no porque podían perder el premio que Baby Doc les prometió por clasificarse al Mundial, un FIAT 147, sino porque podría haber fatales consecuencias.

Baby Doc no era como su padre, de quien se dice que mandó ejecutar a Clement Barbot, líder de los Tonton Macoutes, por creer que estaba conspirando contra él. Después de ello, tras escuchar a un médico brujo decir que Barbot había sido transformado en un perro negro, Papa Doc ordenó que dispararan a todos los perros negros de Haití así como que la cabeza de Barbot se empaquetara en hielo y se la enviaran a él con el fin de mirarla fijamente para conectarse con su espíritu.

Eso, en el fondo son rumores, lo que no lo es el hecho que en su periodo de gobierno fueran asesinadas más de 30.000 personas por lo que cuando su hijo Baby Doc fue derrocado en 1986, una muchedumbre fue a la tumba del propio Papa Doc para desenterrar su cuerpo y apalearlo ritualmente.

No, Baby Doc no era como su progenitor pero sentía que cualquier mancha a la selección haitiana era una mancha a su orgullo. «Dejó claro que era su equipo y su dinero lo que nos llevó al Mundial», aseguró Sanon a John Spurling en Muerte o gloria. «Se presentaba al entrenamiento y regularmente nos llamaba a mí y a varios de los otros jugadores para verificar que estábamos bien, por eso, algunos de los muchachos sintieron que era peligroso tener a Jean-Claude Duvalier demasiado cerca del equipo, pues se creía que era como un padre y que también podría castigarnos si lo deseaba», abundó el delantero haitiano.

La salida violenta repleta de incertidumbre de Jean-Joseph sumió en un ambiente de intranquilidad a los integrantes de la selección haitiana, pues temían que su compañero pudiera ser castigado con la muerte, por lo que no durmieron nada en la noche que precedía al partido contra la Polonia de Deyna, Lato y Gadocha. Por ello, durante el encuentro los jugadores haitianos se mostraron descentrados, lo que facilitó el juego de los polacos y que estos les arrollaran endosándoles un contundente 7-0.

Al día siguiente de la derrota ante Polonia, el propio Jean-Joseph llamó a sus compañeros para tranquilizarles de que estaba vivo, y éstos, aliviados, tuvieron una mejor actuación en el siguiente partido contra la Argentina de Yazalde. A pesar de ello, perdieron por 4-1 y la prensa haitiana lo achacó a que el brujo de vudú que acompañaba a la selección se equivocó al maldecir la portería errónea.

No ha transcendido si hubo represalias físicas contra Jean-Joseph a su vuelta a Haití y lo único que parece más o menos cierto, dado a que lo apuntan varias fuentes, es que fue condenado a dos años de trabajos forzados por haber deshonrado al país y a su presidente vitalicio.

Sea como fuere, Jean-Joseph volvió a jugar a fútbol llegando a defender, nuevamente, la camiseta haitiana e incluso jugando más allá de su país tras fichar por el Chicago Sting de la NASL, siendo el fin de una de las muchas historias que confirman que sobre el fútbol de Haití se ceñía la alargada sombra de los Duvalier.



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