Este texto es un fragmento de

Ozaru, en busca de la libertad

Alfredo da Silva Pérez

Volvía por el paseo como cualquier otro día y justo llegando al túnel del tren de Mongat, lugar donde bajaba la velocidad debido a que estaba prohibido ir en bicicleta por ese tramo, me encontré con un grupúsculo violento de cara. No recuerdo si pude ver qué reivindicaban, todo sucedió muy rápido. Uno de ellos me vio y chilló al resto para venir a intimidarme. Diciéndome frases del estilo: «¿Qué pasa, eres el típico que pasas de todo y vas con tu bicicleta para no tener problemas con los cortes de transporte? Vaya un equidistante de mierda, por gente como tú nos acaban comiendo la tostada. ¡Ser equidistante frente a la injusticia te hace cómplice!» Tu miedo a las élites es nuestra derrota, a ver si te empezamos a provocar miedo nosotros para que te unas ¿es eso, no? Entonces empezaron a caer.

Un puñetazo en el lateral de mi cabeza, tirándome las gafas al suelo. Un codazo en las cervicales para esquivar el casco de bici que llevaba puesto y aprovechar que estaba algo inclinado hacia delante por el golpe anterior. Entonces caí al suelo. Unas cuantas patadas y ya desperté del trance. Me levanté como pude, empecé a correr mientras ellos prefirieron guardar la posición y mi bici, para empezar a tirarme piedras de la vía del tren. Por suerte no me dio ninguna. 

Tenía mucho miedo y estaba muy excitado. El corazón se me salía por la boca, pero no podía parar de correr. Salté la valla del tren y me perdí por las calles de Montgat hacia arriba. Diría que llegué a Tiana y luego, tras pasar por Alella, acabé llegando a Masnou. 

Llegué a casa ensangrentado, exhausto y triste, muy triste. Sabía que no me quedaba otra, que el lugar donde yo había nacido, donde tan bien había vivido y donde creía que yo y mi familia podríamos vivir toda la vida, se había vuelto inseguro. Masnou se había vuelto un lugar de turismo de borrachera, con la mayoría de las viviendas dedicadas a pisos turísticos, lleno de universitarios alcoholizados y construyendo en cualquier rinconcito de arena que quedase. Si ya no podía ser seguro ir a trabajar, no me quiero imaginar un futuro con un hijo teniendo que cruzar toda Barcelona para estudiar y tener que ir esquivando todos los disturbios. 



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