Este texto es un fragmento de

Simón después de Teresa

Miguel Ángel de la Calle

Madrid, a día quince del mes de Octubre del año 1798

Mi nombre es María Teresa Rodriguez Del Toro y Alaiza, hija de Bernardo Rodríguez Del Toro y Ascanio y de Benita de Alaiza y Medrano.
Nací en Madrid el día quince del mes de Octubre del año 1.781. Hoy cumplo diez y siete años, rodeada de algunos familiares y amigos.
No hemos podido hacer una gran fiesta con baile, como a todos nos hubiese gustado, porque aún está muy reciente en nuestros corazones el fallecimiento de mi madre, y el luto aún perdura tiñendo de negro nuestra casa y nuestras ropas al menos durante tres meses más.
Sin embargo, han pasado por nuestra casa los familiares y amigos más cercanos para felicitarme, y mi prima Pilar de Alaiza y Quijada y mi tía Dolores de Alaiza y Medrano me han regalado este diario que hoy comienzo.
La enorme tristeza que inunda mi alma tras la pérdida de la persona que me dio la vida y que ha estado a mi lado cada uno de los días de mi existencia me impiden disfrutar del cariño de las personas que hoy me felicitan, pero espero que este dolor que aún me presiona el pecho vaya pasando poco a poco, y que escribir cómo me siento en este diario me ayude a cerrar la inmensa herida que aún tengo abierta en mi corazón.
Siento la obligación de ser fuerte, y de ayudar a mis hermanos a entender y superar su ausencia. Antonio y Manuel son muy pequeños, y aún dependían mucho de mamá, no sólo en su formación, sino también por la necesidad del cariño materno que se tiene a su edad, y que no se puede sustituir por nada.
Sólo le pido a Dios que me ayude a superar estos momentos tan amargos, que me ayude a consolar a papá, que me de fuerzas para amparar a mis hermanos y que puedan crecer felices y llegar a ser los grandes hombres que siempre decía mamá que llegarían a ser.


Madrid, a día quince del mes de Noviembre del año 1798

Ya hace frío en Madrid.
Pilar me ha preguntado hoy si escribir en el diario me está ayudando a ordenar mis ideas y superar mi pena, y he tenido que reconocerle que mis nuevas ocupaciones me han impedido escribir apenas unas palabras en él, y no he conseguido crear el hábito de hacerlo con continuidad.
Le he prometido que lo iba a intentar, y que escribiría en él al menos una vez por semana si me era posible, aunque sólo fueran unas palabras. Espero encontrar un hueco en mis quehaceres, y que escribir aquí me ayude de alguna manera.
Estos últimos días por fin he conseguido sacar a papá de su biblioteca. Desde la muerte de mamá se levanta temprano cada mañana, le sirven un desayuno liviano y a partir de ese momento sube a su biblioteca donde recibe a todas las personas que acuden a él para hacerle consultas, sobre compras, sobre arrendamientos, sobre herencias, sobre pleitos… o simplemente para dialogar un rato con él o hacerle compañía. Y de ahí apenas baja en todo el día.
Varias veces le he subido la comida, porque conozco las cosas que le gustan, y así le animo un poco. Le cuento como están los chicos, y me redacta dos o tres cartas para que se las haga llegar a los abogados, a D. Miguel Sajés, que es el principal administrador y mano derecha de papá, o alguna carta para la familia.
Continúa muy triste, a veces con la mirada perdida, y algunas noches mientras le recojo y le ordeno los papeles y libros que ha desordenado durante el día le miro sin que se de cuenta y le veo derramar alguna lágrima…
No sé qué más puedo hacer, pero como me dice Fray Fulgencio será cuestión de tiempo que lo vaya superando y recupere su vitalidad.


Madrid, a día dos del mes de Diciembre del año 1798

Hoy han pasado por nuestra casa los primos Tomás y Fernando.
Venían a ver como estábamos, y querían invitarme a una fiesta.
Todavía no estoy preparada ni animada para salir, pero tenían razón y debo comenzar a recuperar mi vida. Ya tengo diez y siete años, cumplo con mis obligaciones con la familia y frente a Dios, ayudo a mi padre y a mis hermanos, pero también tengo que pensar en mi misma y en mi futuro. Tengo que volver a divertirme con mis primos, con mis amigos, y ser la mujer feliz y divertida que he sido siempre.
Entre Pilar y yo, y las dos amas que se encargan de atender a los niños ya tenemos organizado perfectamente el funcionamiento de la casa, y papá poco a poco vuelve a su actividad normal.
Ya va siendo hora de que cada uno tome su lugar después del fallecimiento de mamá.


Madrid, a día tres del mes de Enero del año 1799

Comienza un año nuevo.
Gracias a Dios terminó un año que no ha traído grandes noticias para la familia, y que tristemente quedará señalado para siempre en nuestras vidas como el año en que murió mamá.
No cabe duda de que la vida debe de continuar, y estoy segura de que este año nuevo vendrá lleno de alegrías.
Mamá siempre estará presente en nuestras vidas y en nuestras oraciones, y todos tenemos la obligación de conocer lo que Dios nuestro Señor tiene reservado para cada uno de nosotros. Tengo la intuición y la ilusión de que en mi vida muy pronto habrá cambios notables que me llenarán de esa felicidad que hace tanto tiempo añoro.
Papá nos ha dicho a todos que el luto se lleva en el corazón, y que es una obligación para nosotros hacer que la luz y la felicidad iluminen de nuevo nuestra casa.



Comprar