Este texto es un fragmento de

Una historia epiquísima (pero real, ¿eh?)

Víctor Canalejas

Introducción

Comencé esta crónica en la madrugada del 21 al 22 de julio de 2011, en mi casa. Por qué, no lo recuerdo muy bien. Creo que hacía calor y que no tenía sueño, supongo que me aburría; había escrito ya alguna cosita anteriormente y quería dar rienda suelta a cierta parte de mí que deseaba crear algo para que todos y todas nos riamos un rato, que falta nos hace, y así, de paso, compensar otro tipo de cosas más serias que a veces escribo, principalmente por trabajo. Y al fin (¡AL FIN!) la di por terminada el día 13 de marzo de 2017, lunes para más señas. Aunque la versión definitiva, claro está, vio felizmente la luz en 2020 de la mano con Libros.com, y gracias al apoyo de decenas de mecenas que creyeron en el proyecto y en mí. ¡Muchas gracias, sois fabulosos, fabulosas, fabuloses!
¿Que por qué me ha llevado tanto tiempo? Bueno, mis ratos libres para escribir llegaban con cuentagotas, el trabajo apenas me dejaba, tengo otras aficiones que consumen gran parte de mi tiempo libre, y…, y… ¡Bueno, qué narices os importa! ¡Cotillas! Aparte de eso, qué más deciros que no os esperéis… Pollito amarillo. Eso sí que no lo esperabais, ¿eh? Bueno, bueno, vale, vale, intentaré ponerme serio, aunque solo sea en la introducción.
Para saber qué temática tenemos entre manos solo diré que agradezco infinitamente la dedicación y el entusiasmo de todos los autores de fantasía y ciencia ficción cuyas obras he tenido oportunidad de leer, y a todos aquellos que han realizado películas o series de tales temáticas (si eran de calidad y no un truño, claro está). Sirva esta obra como un homenaje a todos ellos y ellas, pues esa macedonia de imaginación ha inspirado esta quimera que tenéis entre manos, y que recomiendo que os toméis con sentido del humor, tal como haríais con cualquier otra gamberrada literaria al uso, y también con deportividad, al menos un poco más de deportividad con la que un enano de Tolkien se tomaría ser derrotado por un elfete en un concurso de cortar troncos a base de hachazos.
Mis intenciones para con esta obra, aparte de homenajear al género y a sus autoras y autores, estaban enfocadas, principalmente, a dos objetivos. El primero era crear una obra…, una obra… Vaya, no encuentro un calificativo apropiado —algo que, por otra parte, no me deja en buen lugar como escritor—, aunque sería una mezcla entre trepidante y desternillante y que, por tanto, podríamos llamar trepinillante. El segundo objetivo era coger los tópicos y convenciones del género y darles la vuelta hasta el punto de acogerlos con los brazos abiertos para pasar un rato divertido con ellos (o a su costa, según se mire) y que lleguen a arrancar alguna que otra carcajada. En resumen, y tal como señaló con acierto Libros.com en cierta ocasión, en esta obra muestro por el género fantástico tanta insolencia como admiración, y me lanzo con sátira y humor a por los tópicos y los clichés, y los amaso bien para hacer ricas croquetas con ellos.
Y sin más dilación, que dé comienzo la acción.





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