Este texto es un fragmento de

Del Hospitium al Turismo 4.0

Francisco Rodríguez

“La distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión, por persistente que ésta sea”
Albert Einstein

El hospitium o pacto de hospitalidad, figura procedente de la época prerromana de los celtíberos de la península ibérica posteriormente adoptada por los romanos, consiste en un tipo de acuerdo por el que una comunidad asimilaba a miembros de otras comunidades como si perteneciesen a ella misma en condiciones de igualdad. Mediante una tésera de hospitalidad -u objeto que simbolizaba el pacto y cuyas mitades se repartían entre las partes- se adquiría un compromiso hereditario de acogida en el hogar y protección al extranjero.

Los viajes por placer y el homesharing -o compartir casa con viajeros- y los desplazamientos colaborativos van mucho más allá de los inicios de la industria turística o internet La historia de la humanidad es una historia llena de viajes. Unos viajes a los que nos hemos visto arrastrados cada vez más por la curiosidad y menos por las necesidades básicas. La necesidad de conocer es que la que nos pide movernos y explorar.
A lo largo de la historia hemos vivido como especie una serie de descubrimientos, avances tecnológicos o revoluciones que han cambiado nuestros hábitos de manera radical. La invención de la rueda y el barco de vela, junto con el desarrollo de la escritura, dieron el pistoletazo de salida a una especie que es lo que es gracias al movimiento constante que exige nuestra curiosidad innata.

Fue esa curiosidad - unida a la necesidad de encontrar comida - la que nos llevó desde África hasta Europa, Asia Oriental, América y cruzar océanos hasta Australia. La colaboración entre individuos fue la que nos hizo conquistar cada territorio que explorábamos y ponernos por encima de especies que, a nivel individual, son muy superiores a nosotros.

Según iba evolucionando la especie, y tras la revolución agrícola de hace más de 10.000 años en Mesopotamia que trajo consigo la generalización de los asentamientos, los viajes comenzaron a extenderse debido al comercio - viajes de negocios - y, debido a éste último, se inventó una forma más eficiente de intercambiar bienes y servicios: el dinero. Conforme fueron llegando las organizaciones de las ciudades que fueron emergiendo para buscar protección, y con ellas los reinos y los imperios, las segundas viviendas para descanso de los gobernantes comenzaron a hacerse necesarias para escapar de la rutina diaria. En el antiguo Egipto de hace unos 3.500 años estas élites emprendían largos y pesados viajes a través de los caminos de la época hasta llegar a su lugar de reposo. Durante el trayecto, al no existir establecimientos hoteleros, se hacía uso de la hospitalidad de las personas que residían por el camino. En el mismo Egipto ya existía además un atractivo que hacía que personas de diversos lugares lejanos visitases esas tierras: las pirámides. La antigua Grecia y Roma son otros de los ejemplos existentes sobre viajes por placer y búsqueda de paz o emociones.

A pesar de que generalmente se utiliza “El Grand Tour” - fenómeno que se verá con detenimiento en capítulos posteriores- de los jóvenes, principalmente británicos, por Europa en los siglos XVII y XVIII como uno de los inicios del turismo - y de ahí el nombre que se le da a la actividad, aunque hay otras teorías - ya en la antigüedad existían los viajes por placer y descanso, las segundas residencias, las peregrinaciones, compartir hogar, comida y trayecto con extraños y las visitas culturales. "El Grand Tour" no dio comienzo a esta actividad, más bien podemos definirlo como una bisagra entre presente y pasado. Una bisagra que, gracias a la producción literaria de la época, permite abrir muchas puertas a los viajes de entonces.

De manera paralela a los avances de la humanidad, el turismo ha ido sufriendo y asimilando diferentes disrupciones que parecían que iban a hacer tambalear los cimientos. Es ésta una industria resiliente que ha superado golpes innumerables, desde desastres naturales hasta atentados terroristas, y de todos ellos ha salido fortalecida. Es una industria hecha por y para las personas y de ahí saca su fuerza para continuar pase lo que pase.

Lo que parece claro es que en el pasado están las claves del presente y el futuro. Para poder analizar alguna problemática concreta, no hay nada como ver casos similares ocurridos a lo largo de la historia: hechos, causas, contexto, soluciones aplicadas y resultados obtenidos. En el caso del turismo, actualmente nos enfrentamos a un panorama que parece amenazar a nuestra principal industria. Industria que no ha hecho sino crecer durante las últimas décadas convirtiendo a España en una potencia mundial.

Actualmente el sector representa actualmente el 11% de PIB español. En 2016, a falta de los datos acumulados del año, la OMT asegura que el turismo representa el 10% del PIB mundial, el 7% del comercio internacional y el 30% de las exportaciones de servicios. Por si esto fuera poco, según la misma fuente, uno de cada 11 empleos depende del turismo a nivel global y 1 de cada 4 en España. Parece claro que la importancia de esta industria es indiscutible. Más discutibles son las causas de las problemáticas a las que nos enfrentamos actualmente: Turistificación de las ciudades, turismofobia, regulaciones limitativas y prohibitivas... Pero, ¿es todo esto nuevo o ya a lo largo de la historia han sucedido cambios vertiginosos que han traído consigo fricciones?

El turismo es la industria de la felicidad, como se refiere a ella el periodista y analista de tendencias turísticas Fernando Gallardo. Y felicidad - e ingresos y empleos - ha traído a los destinos que se han subido al carro del sector. Como toda industria, ha vivido muchos cambios drásticos que han dado la impresión de cambiar todas las reglas del juego y provocar situaciones que no tienen marcha atrás. ¿Vivimos actualmente momentos únicos o se han repetido a lo largo de la historia?

Es ésta una actividad que ha reducido fronteras que antes parecían inexpugnables, que ha abierto culturas y las mentes de las personas que entran en contacto con diferentes culturas. Un sector que se remonta a los inicios de las civilizaciones y que es parte importante de la causa de lo que somos hoy día.

Tanto el pasado, como el presente y el futuro de esta industria - como veremos a lo largo de la obra - pasa por el P2P, esto es, el papel de la ciudadanía como parte de activa del sector ofreciendo sus casas, coches, cocinas, conocimiento del lugar y la idiosincrasia local. A través de las empresas y startups que se han ido creando se ha globalizado la actividad, y nuestra participación como pares que ofrecen a otros pares sus bienes, servicios, tiempo y conocimiento forma parte de las fricciones creadas con los operadores tradicionales.

Es hora ya de analizar el sector en profundidad, ahondando en las raíces históricas, y extraer aprendizajes de cara a un futuro con un turismo sostenible, participativo, descentralizado, desestandarizado, distribuido y desestacionalizado.

Un futuro que, ni mucho menos, finaliza con el P2P; Blockchain, la realidad virtual, la inteligencia artificial, el internet de las cosas, la impresión 3D, hyperloop y demás tecnologías también formarán parte de la industria de los viajes. Tras hacer el recorrido histórico y plantarnos en el presente, veremos qué papel podrían desarrollar estos avances y cómo seguirán configurando la forma en la que visitamos destinos. Es momento de hacer algo de retrospectiva, buscar las claves que siempre suelen encontrarse en el pasado y mirar con base histórica al futuro.




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