Este texto es un fragmento de

El túnel del tiempo

Ester Martín Santos

 EL TÚNEL DEL TIEMPO


1.  En casa de Berta

Berta y Hugo llegaron caminando al portal de la chica. Ella buscó las llaves en su bolsito de Tous rosa, las sacó y antes de meterlas en la cerradura se dirigió a su novio.

-¿Estás seguro de que quieres hacerlo?

-Por supuesto.

-Todavía estás a tiempo de echarte atrás, si quieres…-propuso Berta.

-De ninguna manera, te lo llevo pidiendo mucho tiempo. Y ahora, que por fin me has hecho caso, no te vayas a echar atrás tú. 

-Ya te dije, y te sigo diciendo, que me parece muy pronto- se justificó ella.

-Pero nena, si llevamos saliendo casi un año. ¿Cuánto quieres esperar?

-Pues… No sé. No es cuestión de esperar, sino de encontrar el momento adecuado.

-¿Y cuándo, según tú, es el momento adecuado? -preguntó interesado Hugo.

-Pues me parece que, me guste o no, va a tener que ser hoy... -sentenció Berta- Mira, por ahí viene mi hermano Fran. ¡Ale, ya empiezas a conocer a mi familia!

Se acercó a ellos un chico que rondaba los 30 años, un poco más alto que Berta, con el pelo castaño como ella y sus mismos ojos verdes. Llevaba una camisa Polo Ralph Lauren azul claro de manga larga, elegantemente remangada hasta el codo y unos pantalones de pinzas con deportivas blancas.

-Hola hermanita, ¿Cómo estás? – se acercó a Berta y le dio un beso en la mejilla. - Y tú debes de ser Hugo, ¿qué tal tío? yo soy Fran, el hermano mediano de esta pija.

-Encantado – contestó Hugo estrechándole la mano – Berta me ha hablado mucho de ti.

-Así que hoy es el gran día, ¡vas a conocer a mis padres! Que emoción, ¿no? -bromeó Fran.

-Sí, parecía que Berta no se atrevía a presentármelos, pero por fin se ha decidido.

-¡Tú lo has querido! – advirtió la chica.

-¿Y estás seguro de que quieres conocerlos? Yo puedo decir que no te he visto ¿eh?, que por mí no sea…-continuó Fran.

-Claro que sí, ¿por qué no voy a querer conocerlos? – preguntó Hugo extrañado.

-Vale Tío. ¡Pues ánimo y mucha suerte! -rio Fran.

Algo en su tono le hizo dudar a Hugo de si realmente había sido una buena idea querer conocer a los padres de Berta. Ella ya conocía a su madre y a su padre le había visto una vez de forma muy rápida. Lo lógico era que ella también le presentase a los suyos, pero siempre que lo comentaba, Berta cambiaba de tema. Ya le había advertido su chica de que sus padres podían ser un poco puñeteros en cuanto a novios de su hija pequeña, pero él no se lo había creído del todo. Para Hugo su relación iba muy en serio, pero tenía dudas de que para ella fuese igual de formal, presentarle a su familia, suponía un paso adelante.  ¿Pensaría Berta que quizás él no iba a estar a la altura para ellos?  Sabía que eran un poco esnob, pero ese día estaba dispuesto a conquistarles. Se había arreglado de forma especial. Se había afeitado la barba de tres días que solía llevar y recortado un poco el pelo, pues estaba algo desgreñado.  Se había puesto un polo azul marino y vaqueros, pero al ver a su hermano pensó que quizás habría sido mejor llevar camisa. Ya no había vuelta atrás.

Los jóvenes entraron en la casa seguidos de Fran. Berta hizo las presentaciones. 

-Mamá, papá, este es Hugo -indicó-. Estos son mis padres Montse y Juan Luis. 

De primeras parecían agradables, aunque él notó que la madre le había hecho un repaso de arriba abajo. Pasaron al salón donde ya estaba la mesa puesta para la cena y, todavía de pie, le sirvieron una copa de vino. Él habría preferido tomar cerveza, pero no se atrevió a pedirla, ya que así se había servido para todos y Montse propuso un brindis por conocer al fin al novio de su hija.

El salón era muy amplio, casi tanto como su casa entera. Sobre la mesa colgaba una enorme lámpara de cristales que reflejaban la luz por toda la sala y las paredes estaban recargadas con cuadros y tapices. A Hugo le recordaba un poco a la casa de sus abuelos, pero con mucha más elegancia y mucho más dinero invertido entre aquellas paredes.

Sonaba música clásica de fondo cuando el padre les indicó que podían sentarse a la mesa. Comenzaron hablando de temas triviales, la madre era muy cordial, aunque le daba la sensación de que su padre estaba esperando el momento para saltarle al cuello. Montse se disculpó de que no hubiese ido a la cena su hijo mayor, Juan Luis, pero justo ese día había tenido que viajar al extranjero por temas de trabajo. Le contó que era director de negocio de una importante compañía internacional y que estaba constantemente viajando a distintas partes de Europa. Había querido invitar a Nuria, su mujer, pero ella ya había hecho planes. Berta había elegido la fecha de la presentación a sabiendas de que su hermano mayor no podía asistir, a veces podía ser tan cretino como su padre y no quería ponérselo más difícil a Hugo. Sin embargo, sabía que Fran estaría dispuesto a echarle un capote si la cosa se complicaba. De momento la cosa no iba mal, hasta que su padre decidió que ya había pasado el tiempo oficial de cortesía y comenzó con el interrogatorio.

-¿Hugo, a qué te dedicas? Berta no nos lo ha contado – le preguntó mientras echaba a su hija una mirada de reprimenda. 

-Trabajo en un supermercado – respondió Hugo sin querer entrar en detalle.

-¿Eres encargado? – quiso saber Montse.

-No, soy reponedor, llevo sólo unos meses. 

-Quizás con el tiempo sí que llegue a encargado -continuó Berta. 

Hugo le echó a su chica una mirada de incredulidad, intentando que no le viesen sus padres, pensaba que al menos les habría contado dónde trabajaba y así allanarle un poco el terreno.

-¿Y qué has estudiado? Tengo muchos contactos y quizás podría conseguirte un puesto mejor.

-¡Papá por favor! -le recriminó Berta.

-No pasa nada Berta -le indicó Hugo calmado, aunque por dentro sentía que una llama se había encendido por el desprecio que su padre había mostrado hacia su trabajo. Se dirigió a él, sabiendo que su repuesta le iba a gustar menos todavía que su puesto. – No he estudiado nada, no era muy bueno en los estudios. Acabé el instituto y desde entonces me puse a trabajar. Llevo casi 5 años trabajando. 

-¿Pero cuantos años tienes? – preguntó el padre.

-Tengo 24.

-¿Y con 24 años qué has pensado hacer con tu vida? ¿Vas a trabajar siempre en el supermercado? – continuó su padre. Hugo tenía la sensación de que trataba de dejarlo en evidencia delante de toda la familia.

- Papá – apaciguó Berta- ahora mismo Hugo tiene un puesto fijo y lleva dinero a casa para ayudar a su madre. Y más adelante ya veremos, no tiene por qué decidir ahora qué va a hacer con su futuro.

-¿Sabes que Berta está en tercero de Periodismo, verdad? -le preguntó bajándose las gafas para mirarle directamente a los ojos. 

-Claro que lo sé -respondió Hugo muy serio-. Y estoy muy orgulloso de ella. La voy a apoyar en todo lo que necesite y a aceptar sus decisiones. -Era una puñalada directa pues Hugo sabía que su padre no había aceptado al principio de su carrera que eligiese esos estudios.

De repente se creó una fuerte tensión entre ellos, con sus miradas fijas el uno en el otro. Berta no sabía si intervenir y de qué forma. Miró a su madre, pero ella parecía asentir a la opinión de su padre. Miró a Fran en busca de ayuda y este le guiñó un ojo, era la persona adecuada para calmar los ánimos.

-Y hablando de la carrera de Berta, – intervino Fran- tengo un regalo por haber aprobado este duro curso. – Y diciendo esto, le entregó una cajita de no más de un palmo envuelta en papel de regalo.

Berta se quedó muy sorprendida, no se atrevía a tocar la cajita, que atrajo también la atención de los demás comensales permitiendo a Hugo relajarse un poco.

-Pero si todavía me faltan 2 exámenes por hacer y varias notas por saber – dijo Berta.

-Hermanita, ¿cuándo has suspendido tú? Anda ábrelo y dime si te gusta.

Berta obedeció intrigada por lo que contenía la caja misteriosa y cual fue su sorpresa al descubrir que se trataba del iPhone, el teléfono de Apple que todavía no había llegado a España.

-¿Pero cómo lo has conseguido? ¡Si aún no está a la venta! Sale el mes que viene, ¿no? -preguntó Berta maravillada a su hermano.

-¡Exacto! Sale el 11 de julio en España. Este es un modelo americano, en exclusiva para ti. Me lo ha conseguido un compañero de trabajo que viaja mucho a Nueva York y lo hemos formateado para que puedas usarlo con tu operador de telefonía. ¿Te gusta?

-¡Me encanta! 

-Mira, te enseño todo lo que trae de serie. Aquí tienes las fotos, la cámara que es una pasada, el acceso a internet, que tendrás que configurar, los mapas… Y esto te va a flipar, el iTunes para descargar música y tonos…

Fran le fue enseñando todo lo que tenía el teléfono. Berta estaba emocionada. El cacharro había captado también toda la atención de sus padres, que por un momento se habían olvidado del chico y de su trabajo en el súper. Comparado con el Kindle que Hugo le había regalado para su cumpleaños, su regalo se quedaba a la altura del betún. Sin embargo, tenía que agradecerle dejar de estar en el punto de mira de su padre.

El resto de la cena trascurrió más tranquila, con el iPhone como tema principal de conversación. Un rato después de los postres, Hugo dio las gracias a la familia por la invitación y alegó que se marchaba pronto porque debía madrugar al día siguiente para el trabajo. Berta sabía de sobra que tenía turno de tarde, pero había ido tan mal la presentación con su padre, que ella también prefería que se fuese enseguida. Decidió acompañarlo hasta el coche.

-Siento que mi padre se haya comportado como un auténtico cabrón. - Se disculpó Berta.

-Ya, no ha sido muy amable, la verdad…-respondió Hugo- Pero no me importa lo que piense tu padre. Lo que más me jode es que no les hubieses contado nada de mí. Me hubiese ayudado un poquitín si les hubieses contado algo.

-Sí que les he hablado de ti – mintió Berta – pero no les había dicho en qué trabajas. Ya has visto cómo se pone mi padre y no quería pelearme con él antes de que os conocierais, porque hubiese sido todavía peor y me hubiese empezado a decir este chico no te conviene y esas gilipolleces.

-No te preocupes, que esa conversación seguro que te está esperando para cuando vuelvas a casa.

-He intentado que te conozca a ti y que le caigas bien por ti mismo, sin pensar en trabajos o qué vas a hacer en un futuro – se defendió Berta.

-Ah, así que soy yo el que la ha cagado, ¿no?

-Yo no he dicho eso.

-Pues yo creo que sí… Mira Berta, me voy porque vamos a acabar mal hoy. Ya hablamos…

-Sí, llámame mañana – pidió seria Berta.

-No te preocupes, que te llamo… A tu teléfono nuevo. -dijo con un tono de guasa.

-Adió Hugo. -Dijo Berta cerrando la puerta del coche de un portazo. Se dio la vuelta y fue caminando hacia su portal sin mirar atrás. 




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Ester Martín Santos

El túnel del tiempo

Una trepidante novela de aventuras que mezcla intriga, amor, ciencia ficción y grandes dosis de buen humor