Este texto es un fragmento de

En lo más ancho del Estrecho

Fernando García Arévalo



La travesía

Salimos en una barca hundida minutos antes de que el sol flotara en el horizonte. No sé cuántos éramos. No pude ni quise contarnos. Para qué.

Recuerdo peces voladores desafiando descaradamente leyes físicas elementales. Recuerdo olas perezosas e indolentes negándose a complicarnos el viaje. Recuerdo el telón de fondo del escenario: naranja aterciopelado y noble al norte, roto por la silueta azulada y nerviosa de un hombre que rezaba aferrado a la roda de proa.

Empieza la función, pensé. Recuerdo a una mujer que no paraba de mandar callar, petrificada por el miedo o para ser capaz de tener bajo control cada milímetro de su sistema nervioso; respiraba solo lo necesario, sin malgastar un gesto, sin desperdiciar un átomo de energía que podría salvarla más adelante.

Recuerdo estar sentado con la espalda pegada al costado de estribor y las piernas entumecidas aplastándome el pecho. Recuerdo oír con claridad el latir de un corazón. ¿El mío? Lo dudo: aquellas palpitaciones no me sonaban de nada a pesar de sentirlas dentro de mí. Recuerdo ver una lancha con cruces rojas pintadas en el casco dirigiéndose velozmente a nosotros. ¿Venían a salvarnos? ¿Salvarnos…? Recuerdo a sus tripulantes hacer gestos ostentosos pidiéndonos calma. Obedecimos. Navegamos juntos el resto del trayecto y durante todo ese tiempo vimos al patrón hablar por radio. La travesía no fue muy larga, pero se nos hizo eterna. Solo 14 kilómetros. ¿Solo? Recuerdo ver, ya cerca de la costa, a guardias esperándonos en tierra. Recuerdo peces que un día volaron desafiando leyes físicas elementales yacer muertos en la playa. Recuerdo olas suicidas rompiendo sobre pedruscos como heraldos de un desembarco triste y derrotado. Recuerdo ver llorar al hombre de proa y a la mujer serena perder el control de cada milímetro de su sistema nervioso. Recuerdo un corazón, ahora sí era el mío, fácilmente reconocible por estar obligado durante años a latir sin esperanza. Recuerdo llegar a tierra y ser detenidos nada más pisarla. Recuerdo que todos sabíamos nuestro destino. No recuerdo nada más… Para qué.









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Fernando García Arévalo

En lo más ancho del Estrecho

25 años de fotoperiodismo retratando el fenómeno migratorio en el Estrecho de Gibraltar.

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