Este texto es un fragmento de

Hijas del sueño olímpico

Elisa Cabello Olivero

Primera temporada deportiva en Madrid (1968-69)


El Plan de Promesa comenzó en Madrid durante el curso 1968-69. Nuestra llegada a Madrid se realizó en dos fases. Las gimnastas valencianas fueron las primeras en alojarse en la residencia de señoritas, ubicada en la calle Barquillo nº 16, que la FEG había reservado para ese curso ya iniciado. Por lo tanto, todas tuvimos que interrumpir el curso en nuestras ciudades para adaptarnos a un nuevo y desconocido centro educativo madrileño. En esta residencia, también estaba alojada Pepita Sánchez, gimnasta con experiencia procedente de Barcelona que en septiembre había participado en el critérium internacional clasificatorio para los JJOO de México-68 sin llegar a conseguirlo. Las últimas en incorporarse fuimos las sevillana.El Diario ABC de Sevilla, correspondiente al 10 de noviembre de 1968, dedicó un espacio a esta noticia:


La Federación Española de Gimnasia ha becado a las gimnastas Amalia Navas y Elizabeth Cabello del Club Medina; a Pilar Expósito  y Amalia García de la A.G. Macarena, y, a Fabiola Fiances del Club Natación Sevilla, las cuales se trasladarán a Madrid para seguir estudios y ponerse a las órdenes de la entrenadora búlgara contratada por la Federación Española, señorita Swetana Stancheva, profesora de la Universidad de Sofía.


La prensa del momento también se interesó por el Plan de Promesas que la FEG estaba organizando:


Aunque todavía faltan cuatro años para que se celebre, once niñas españolas sueñan de día y de noche con la Olimpiada de Munich. Todas andan todavía en esa edad de jugar a las muñecas, pero se someten diariamente a la dura disciplina del potro y las paralelas. Viven a muchos kilómetros de distancia de sus familias y se les ha impuesto este sacrificio porque son las seleccionadas para el equipo de gimnastas femeninas que representará a España en la próxima Olimpiada.

 
Es obvio que el titular  hacía  clara referencia a la corta edad que en su mayoría contábamos las gimnastas seleccionadas. Es evidente que nuestras edades y necesidades no tenían nada en común con las chicas mayores alojadas en la residencia pues, la mayoría trabajaban mientras que nosotras compartíamos nuestro tiempo y juegos bajo la tutela de una institutriz. En este primer año fuimos matriculadas en el Instituto Beatriz Galindo de Madrid ubicado en la calle Hortaleza muy próximo a la calle Barquillo. Al instituto íbamos andando mientras que lo habitual era ir al gimnasio de La Almudena en transporte público o en taxis.


El primer período lejos de casa representó para todas un cambio importante en nuestras vidas tanto desde el punto de vista emocional, físico como social. La convivencia no era fácil pues, ninguna teníamos experiencia previa en estas convivencias tan largas y los conflictos surgían con relativa frecuencia. En ocasiones incluso se produjeron algún tipo de rivalidad entre el grupo de valencianas y sevillanas por cualquier tema superficial. La nueva vida en Madrid nos demandaba una gran disciplina pues teníamos por un lado las obligaciones escolares, régimen de comida, entrenamientos que se prolongaban hasta las nueve y media de la noche, deberes antes de acostarnos o tareas relacionadas con menesteres personales como coladas, etc. En definitiva, unas responsabilidades poco habituales para la edad que contábamos y el desarraigo  por todo cuanto habíamos dejado atrás: familia, amigos, colegios, entrenadoras, nuestras ciudades… nos producía mucha melancolía, tristeza y desasosiego. El llanto era nuestro modo de desahogarnos ante cualquier incidente bien fuese en el entrenamiento o con cualquiera de nuestras compañeras.


Esta circunstancia se agravaba más si cabe porque la relación con chicas de nuestra edad se limitaba al horario escolar ya que en la residencia sólo vivían chicas mayores y en el instituto, si bien no hubo rechazo, es cierto, que no conseguimos integrarnos ya que el grupo gimnástico fue nuestro mejor  refugio emocional. Pero con sinceridad, a pesar del apoyo que recibíamos por parte de todas las compañeras concentradas, esta primera etapa fueron meses de mucha soledad y emociones difíciles de controlar. El artículo “Las preolímpicas españolas juegan a las muñecas” también  se refería al tipo de amistad y camaradería que existía entre nosotras. Así, el Diario Ya, apuntaba que:

 
El sustituto del hogar lejano ha sido encontrado en una residencia privada de la calle Barquillo. Allí ven la televisión, estudian, juegan con sus muñecas y hacen su especial vida familiar. Ellas solitas se han constituido en familia, una encantadora familia que trabaja codo con codo para hacerlo mejor cada día.


Tsvétana, en su afán de conseguir más tiempo de entrenamiento pretendió consultar al Ministerio de Educación y Ciencia la posibilidad de que nos adaptaran el horario académico algo que, por supuesto, no logró. Por consiguiente nuestro régimen de vida escolar no tuvo ningún tipo de ayudas, convalidación o tratamiento especial. A pesar del escaso margen que teníamos para estudiar estábamos obligadas a realizar el mismo tipo de trabajos y deberes que el resto de alumnas y entregar éstos en las mismas fechas a pesar de que éstos o los exámenes coincidieran con viajes o campeonatos. Todo el esfuerzo recayó en nosotras mismas. El Presidente de la FEG nos exigió como condición para permanecer en el Plan de Promesas que  tuviéramos buenos resultados académicos y así lo señalaba en su entrevista al Diario Ya.


Personalmente prefiero que las muchachas estén preparadas primero, humanamente, y, luego, físicamente. La que quiera llegar a la Olimpiada tendrá que estudiar y eso deberá verse en las notas.


Esas declaraciones corresponden a nuestro primer curso en Madrid 1968-69. Al finalizar el mismo, muchas comprobamos que el cansancio físico provocado por los entrenamientos diarios y las escasas horas de estudio habían repercutido de forma negativa en las notas escolares. Y es que tal y como afirmaba Santiago Lomillo, periodista del Diario Ya


Todas las niñas estudian bachillerato en el Instituto Beatriz Galindo. Son pequeñas y los estudios se les hacen bastante cuesta arriba, sobre todo, porque las tardes están dedicadas al gimnasio.


Las dificultades a la hora de estudiar así como unos resultados académicos mediocres fueron con el tiempo una constante a lo largo de nuestra pertenencia al equipo nacional. En los primeros meses de estancia en Madrid esta cuestión preocupaba mucho a la FEG y la entrenadora Tsvétana también aludía a estos problemas en su entrevista al Diario YA.


Las notas son causa de grandes disgustos para estas pequeñas gimnastas. Zvetlana, al presentarnos a una dulce niña de cara y ojos redondos, decía: “Esta es una gran promesa gimnásticas, que ha tenido cinco suspensos este mes.

Este primer reportaje realizado por El diario Ya señalaba la importancia que el Plan de Promesas tenía para el deporte femenino. Lo tituló “Las preolímpicas juegan a las muñecas”. El periodista,  Lomillo, S. (1969, 16 de marzo), hizo una gran descripción del entrenamiento que llevábamos a cabo haciendo alusión a los ejercicios rítmicos realizados:


El piano suena machacón mientras se filtra la luz de la tarde por los amplios ventanales del gimnasio. Las notas se repiten con un ritmo aburrido y las gimnastas realizan el mismo movimiento una y otra vez.

 
El artículo insistía en nuestro estado de ánimo: 


A veces, alguna de ellas deja escapar una lágrima pensando en su familia o porque algo le salió mal en el último ejercicio que ha intentado. Pero, automáticamente, se ve rodeada del resto de sus compañeras.


Las instalaciones de La Almudena contaban por aquel tiempo con el polideportivo en el que se celebraban los campeonatos pero que, como gimnastas de la selección de la FEG, nunca utilizamos. Además contaba con dos gimnasios pequeños en los que entrenábamos diariamente. Recuerdo que el primero de ellos, tenía el suelo de parquet (algo excepcional para mí, que siempre había entrenado en cemento o en césped al aire libre), muchos espejos y un piano.


  
     
  
   



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