Este texto es un fragmento de

La mujer que dijo basta

Charo Nogueira

ADELANTO

“Te he llamado porque ya estoy mayor. Me moriré pronto. Quiero que cuentes estas cosas, porque la gente se está olvidando”. Ana María Pérez del Campo Noriega lo dice con media sonrisa. Apunta el verano de 2015. Con ochenta años cumplidos y la salud haciendo alguna jugarreta, la veterana activista quiere dejar su testimonio ordenado, una pieza de la historia de las mujeres. Las fuerzas menguan, pero aun así va a diario a su despacho, a atender a las ciudadanas que acuden en busca de ayuda. Lleva más de cuarenta años ofreciéndola.

Pérez del Campo, la madre de la lucha contra la violencia de género en España, tiene un papel protagonista en el largo camino femenino hacia la igualdad. Desde que, junto a otras compañeras, logró que le autorizaran una asociación de separadas en 1974 -antes de la muerte de Franco- hasta ahora mismo, como presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Separadas y Divorciadas, una de las organizaciones feministas más peleonas. Una trayectoria que ella narra a la periodista en decenas de horas de conversación, desde el verano de 2015 hasta el otoño de 2017.

Su historia ilustra el profundo cambio que han vivido las españolas en el último medio siglo. Aunque su punto de partida fuera poco común: una joven de cuna aristocrática que rechaza su destino asignado, el de señora bien. Separada cuando dar ese paso era una lacra, en los años sesenta del siglo pasado, se hará feminista por su cuenta, al entender que aquellos malos tragos los sufría por ser mujer. Desde entonces lucha para evitárselos a las demás. Encierros, manifestaciones, alguna detención, protestas. Siempre con el despacho abierto a quien busca ayuda.

Todavía hoy, esta mujer de pelo blanco dicta cartas conminatorias a los ministros y se pone tras la pancarta cuando toca. Ella, que colaboró en la primera ley de divorcio, en 1981; ella, que no cejó hasta lograr una ley integral contra la violencia de género, en 2004, y que mucho antes levantó un centro de recuperación de mujeres maltratadas.  Ella, que todavía dice con una sonrisa: “Pues si tenemos que hacer un encierro, lo hacemos”.


CAPÍTULO 1 

DE NIÑA BIEN A  SEÑORA MAL. (HISTORIA FAMILIAR Y  POLÍTICA 1935-1975). 

«Nací en 1936, el 19 de mayo. Bueno, eso creía. Hace poco encontré una partida de nacimiento que dice que nací ese día, pero de 1935, así que he cumplido los 80 años sin saberlo. Habrá que darse prisa en celebrarlo. Me llamo Ana María Pérez del Campo Noriega. Provengo de una familia destacada y muy conservadora que me ha echado mucho en cara que yo sea feminista, de izquierda, porque no se puede ser feminista y de derecha. Me han mortificado mucho por eso».

«Vine al mundo en casa. En un piso enorme de la calle de Serrano 8, en Madrid. Me crié con mis abuelos porque mi padre,  Rafael Pérez del Campo, murió en la guerra. Era teniente de navío y estaba destinado en Mahón. En agosto de 1936, hubo una sublevación. Cogieron  a los oficiales, que murieron sin juicio en el fuerte de La Mola. Los mataron y los enterraron en cal viva. No pudimos recuperar el cuerpo de mi padre. De él solo tengo lo que me han contado y las fotografías. Mi madre, embarazada, volvió a Madrid, donde se refugió en  la Embajada de México. Ahí nació mi hermano, hijo póstumo».





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