Este texto es un fragmento de

Los Plantagenet

Daniel Fernández de Lis

FRAGMENTOS DE LA OBRA

CAPÍTULO II. EL NACIMIENTO DE LA DINASTÍA Y ELORIGEN DEL NOMBRE DE LOS PLANTAGENET: GODOFREDO DE ANJOU Y LA EMPERATRIZ MATILDA

La sucesión de Enrique I

Tras el acceso al trono del primer rey normando deInglaterra Guillermo el Conquistador le sucedieron sus dos hijos,primero Guillermo II y luego Enrique I. Este tuvo dos vástagos, Guillermo y Matilda. La sucesión parecía asegurada con su hijo varón, pero entonces ocurrió algo que alteró todos los planes del rey y la historia del país. Al ostentar los reyes de Inglaterra soberanía en las tierras francesas de Normandía eran habituales los viajes en barco de la familia real entre ambas orillas del canal de la Mancha. En uno de ellos, a bordo del Barco Blanco naufragó y pereció el heredero Guillermo el 25 de noviembre de 1120.

La muerte de Guillermo ocasionó a Enrique I un enorme problema sucesorio; solo tenía otro descendiente legítimo (aunque engendró más de veinte hijos) y además de ser una mujer era viuda y sin hijos. Nada había regulado en la reciente monarquía anglo-normanda sobre la posibilidad de que una mujer heredase la corona, pero para la mentalidad de la época, en la que los reyes eran los primeros en la línea de batalla, parecía poco probable que Matilda fuera aceptada como reina. El hecho de que hiciera repetir la ceremonia hasta en tres ocasiones (1128, 1131 y 1133) demuestra que Enrique tampoco tenía nada claro que el juramento fuera a ser respetado.

Como era de esperar, el papel inicial de Matilda fue el de ser ofrecida en esponsales a un monarca con el que a su reino le interesase estrechar relaciones; en este caso con el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Enrique. De ahí el título de emperatriz que, a pesar del temprano fallecimiento de su esposo, ella siempre insistió en conservar.

Al morir el emperador, ella retornó a Inglaterra con un papel poco definido hasta la muerte de su hermano Guillermo. En ese momento, Enrique I, a pesar del juramento antes comentado, decidió que era necesario volver a casarla. Si no tenía un hijo heredero varón, quizás pudiera tener un nieto antes de morir. Y la elección de marido para su hija fue una obra maestra de estrategia política: Godofredo de Anjou, ducado situado en la frontera sur de los dominios normandos de Enrique, que podía amortiguar la tensión con Francia. De hecho, antes de fallecer en el naufragio del Barco Blanco, el heredero Guillermo se había casado también con una princesa de Anjou, hermana de Godofredo.

La pareja contrajo matrimonio el 17 de junio de 1128 en Le Mans y desde ese mismo momento Godofredo se convirtió en duque de Anjou, por la renuncia que su padre hizo en su favor. Los Anjou eran conocidos por su procedencia como angevinos y Godofredo, según la leyenda, acostumbraba a llevar como adorno en su sombrero una planta que en latín se conoce como planta genista. Aunque no existe certeza a este respecto, y a pesar de que no fue usado por sus descendientes hasta que lo hizo Ricardo de York en 1460, lo cierto es que, con el tiempo, el nombre Plantagenet se generalizó para denominar a los reyes ingleses descendientes de Godofredo y Matilda. El 5 de marzo de 1133 nació el primer hijo de la pareja, al que bautizaron con el nombre de Enrique, en honor de su abuelo materno.


ENRIQUE II (1154-1189) 

EL PRIMER PLANTAGENET

 

Leonor de Aquitania

En diciembre de 1154, Enrique II fue coronado en Westminster como rey de Inglaterra. Le acompañaba su mujer, uno de los personajes más extraordinarios de la Edad Media: Leonor deAquitania.

Leonor era nueve años mayor que él, duquesa de Aquitania, rica, bella, poderosa, dueña de una dote excepcional que se extendía desde Anjou a los Pirineos, experimentada en política, amante de la cultura y de la poesía, veterana de las cruzadas, famosa en toda Europa... y hasta dos meses antes de la boda, esposa del rey de Francia Luis VII, con el que ya había tenido dos hijas.

Leonor de Aquitania es uno de los personajes capitales de la Europa medieval por su personalidad, por la fiera defensa de sus derechos y los de sus hijos, por su patrocinio cultural, por su capacidad política y por los escándalos que le acompañaron desde bien joven. Hija de Guillermo X, duque de Aquitania y conde de Poitiers, nacida en 1124 en una corte en la que florecían el arte, la poesía y el amor galante, Leonor pronto destacó por su personalidad y su carácter independiente. Cuando solo contaba trece años murió su padre y Leonor heredó un rico y extenso territorio, equivalente a una tercera parte de la actual Francia, que incluía el señorío de Gascuña, las ciudades de Burdeos y Bayona y los condados de Angulema, Saintonge, Perigord, Limousin, Auvergne y La Marche.

Pero el regalo venía con sorpresa, desagradable, además. Aquitania era un condado tradicionalmente difícil de gobernar, con poderosos señores feudales acostumbrados a hacer su voluntad y a oponerse a la política del duque de turno, del que eran vasallos solo nominalmente. Si esta situación era difícil de controlar para hombres adultos con años de experiencia en los campos de batalla y en la política, mucho más lo parecía para una inocente e inexperta chica de trece años. En la mentalidad de la época solo cabía una solución para ella: encontrar un marido fuerte y poderoso que le prestase apoyo político y militar. Y el candidato ideal para ello no podía ser otro que el soltero más poderoso de la Europa continental: el príncipe heredero de la Corona de Francia.

Así, solo tres meses después de la muerte de su padre, Leonor se casó con el príncipe Luis de Francia; además, pocos días después, murió el rey francés Luis VI y su hijo le sucedió con el nombre de Luis VII, con lo que Leonor se convirtió en reina de Francia. Se produjo un inmediato y brutal choque de culturas entre la austeridad de la corte francesa del norte y del propio Luis (que según cronistas de la época «vestía como un monje») con la alegría y la despreocupación de la corte aquitana del sur, a la que representaba la joven Leonor, cuya actitud y costumbres causaron escándalo tras escándalo en la monacal aristocracia parisina.

La pareja real tomó parte en la segunda cruzada en 1147, pero los rumores escandalosos acompañaron continuamente a Leonor: que si aconsejaba militarmente a su esposo con desastrosas consecuencias; que si tuvo un romance con su propio tío y gobernador de Antioquía Raimundo de Tolosa; que si participó en una fiesta en Constantinopla disfrazada de amazona y con un pecho al aire; que si se enamoró y estuvo a punto de fugarse con un caudillo musulmán…

La relación con Luis VII se vio inevitable y progresivamente deteriorada; ni las severas admoniciones del papa Eugenio III ni el nacimiento de dos hijas (María, condesa de Champagne, y Alix, condesa de Blois, nacidas en 1145 y 1150 respectivamente) pudieron evitar que finalmente la pareja solicitase la nulidad de su matrimonio. Luis no soportaba los escándalos y el fomento del amor cortés de su esposa, ni que no le hubiera dado un heredero varón; Leonor, que poco tuvo que decir cuando fue prometida en matrimonio, no aguantaba la severidad de Luis y la pacatería de su corte. Y probablemente ya tenía en mente otro candidato para ser su esposo si se decretaba la nulidad matrimonial, como así hizo una asamblea de obispos franceses el 21 de marzo de 1152, con la socorrida excusa de la consanguinidad entre los cónyuges.

Una vez anulada su unión con Luis, la frágil soltería de Leonor ya no contaba con la protección del reino de Francia, y era probable que más de un candidato a su mano pensara en secuestrarla para obligarla a contraer matrimonio y poner al resto del mundo frente a los hechos consumados. Mientras volvía en secreto a sus dominios, Leonor pensó que la mejor forma de protegerse de los depredadores que pretendían conseguir (de grado o por la fuerza) su jugosa herencia era que el inevitable nuevo matrimonio que debía contraer lo fuese en sus propios términos y con la persona que ella eligiese. Había conocido a Enrique de Anjou en 1151 cuando él y su madre rindieron homenaje al rey de Francia por sus señoríos normandos. Es imposible saber si la pareja había experimentado en aquel momento atracción física, pero lo que es indudable es que uno y otro fueron plenamente conscientes de lo que supondría una alianza matrimonial entre sus respectivas casas.

Sea como sea, en cuanto llegó en secreto a Poitiers, Leonor envió un mensaje a Enrique, que se encontraba en Lisieux preparando una invasión a Inglaterra, para que urgentemente se reuniera con ella. Enrique no perdió tiempo, canceló todos sus planes y se reunió con Leonor en Poitiers, donde se celebró la boda el 18 de marzo de 1152. Grande fue la sorpresa de toda Europa (sobre todo la del monarca francés, que aunque debía saber que Leonor se volvería a casar, pensaría que ella, como su antigua esposa, y Enrique, como su vasallo en Normandía, le pedirían permiso antes de comprometerse) ante esta unión, solo dos meses después de la nulidad del primer matrimonio de la esposa. Sumadas las posesiones de Leonor en Aquitania a las de Enrique en Anjou y Normandía, la pareja tenía en el continente tantas tierras como el propio rey de Francia, y ello sin contar con el derecho de Enrique al trono de Inglaterra. Para empeorar las cosas para Luis VII, en poco tiempo Leonor quedó embarazada y dio a Enrique un hijo varón, lo que no solo constituía una burla a la supuesta incapacidad de tener un heredero de Leonor, sino que suponía una amenaza para los derechos de sus hijas con el rey francés a heredar el ducado de Aquitania. Las relaciones entre Luis VII y Enrique de Anjou no mejoraron precisamente.










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