Este texto es un fragmento de

Tu vida en positivo

Antoni Martínez

 Los términos de los que más se hablan en psicología dirigida al crecimiento personal son los de depresión, ansiedad, falta de habilidades sociales, problemas de pareja...
 
Cierto. Estas son las pandemias respecto a la salud mental del siglo XXI, como las estadísticas nos muestran repetidamente. El malestar ha estado siempre acompañándonos, como lo ha estado el objetivo universal de sentir gozo, la alegría, la esperanza y la felicidad. Ambas forman parte de lo que es ser humano.
 
Pero hoy día lo primero se ha incrementado exponencialmente.
 
Sí, el estrés, las demandas, la dificultad de conciliar, de sobresalir, de “parecer ser feliz” son muy de hoy en día e influyen sin ninguna duda en cómo nos encontramos.
 
Sin embargo, hay algo en la base de todo ello. Algo que influye de forma muy determinada.
 
Estoy convencido - y cada semana así también lo veo en la consulta, en los comentarios en mi podcast y en mis talleres - que la pandemia actual es la de pensar de forma que no favorezca a nuestros intereses emocionales, relacionales y de equilibrio y felicidad.
 
Y pensar de forma incorrecta equivale a hacerlo demasiado, a hacerlo de forma incorrecta y a hacerlo de forma que nos de más malas noticias que buenas en nuestro día a día.
 
Pensar en exceso es primo hermano de pensar incorrectamente, y de forma que no nos acerca a nuestros objetivos de “sentirnos bien”. Te pongo varios ejemplos:
 
-La ansiedad, por ejemplo, implica exceso de pensar en el futuro. No paramos de preocuparnos por lo que va a suceder, por miedos difusos, por cosas que aún no han sucedido.
 
-La depresión en el pasado. Y nos quedamos anclados en aquella persona que ya no está, en ese estatus del que ya no disponemos. O aún peor, en lo que tal persona me dijo ayer y no me puedo quitar de la cabeza.
 
-En habilidades sociales pensamos de forma incorrecta y no clara respecto a nosotros mismos y a los demás. Pensamos que todos nos escrutan al milímetro cuando hablamos en público o que si me dirijo a un grupo de desconocidos todos pensarán que no tengo amigos y que soy lo peor.
-En pareja solemos tener muchas ideas distorsionadas sobre el amor, las relaciones o lo que el otro debería de hacer, como debería yo de comportarme.
 
Y además solemos tener más pensamientos negativos que positivos, lo cuál no favorece a nuestros intereses ¡Menudo negocio estamos haciendo pues! Por suerte hoy día tenemos una alternativa, como dentro de muy poco vas a ver.
 
Tal y como pensamos nos sentimos... y acabamos actuando. Y esto se puede cambiar.
 
El pensar viene asociado de forma íntima al sentir, a las emociones. Un determinado tipo de pensamiento nos va a llevar a un determinado tipo de emoción.
 
Hay muchos motivos por los que la gente viene a la consulta o busca ayuda para dar un giro a su vida. Tantos como personas, prácticamente. Es más, hasta en la propia persona esos motivos van cambiando a lo largo del tiempo conforme avanza el proceso.
 
Ello unido a que en cada proceso de terapia hay avances, retrocesos, éxitos, miedos, descubrimientos ilusionantes y parones hace que encontrar esos motivos sea casi tan complejo como encontrar la Atlántida, el Santo Grial o una aguja en un pajar.
 
Los pensamientos van modificándose a lo largo del proceso de cambio así como las emociones. Vamos pasando por diferentes etapas y viendo las cosas de forma más optimista.
 
Es decir, que una cosa nos lleva de forma directa a la otra, a modo de círculo virtuoso. Se retroalimentan. Si comienzo a tener pensamientos más optimistas, voy a acabar teniendo emociones más agradables, y voy a acabar haciendo cosas que vayan en sintonía con esos pensamientos y emociones.
 
Por ejemplo, si estimulo el comunicar las cosas buenas que veo en los demás, ello parte de un pensamiento. Sería el de localizar y darme cuenta de esa cosa buena que estoy observando (un rostro bonito, un acto de amabilidad...). Ese hecho me hace sentir bien (emoción) que además si la comunico (conducta) probablemente hará sentir bien a la persona, con lo cual me provoco más emociones positivas (me siento mejor tras haberlo dicho) y más pensamientos agradables (“es bueno comunicar las cosas bellas que vemos en los demás”).
 
Todo libro tiene una idea básica, un objetivo principal ¡Vamos a por él!.





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Guía práctica sobre las herramientas necesarias para alcanzar el bienestar en función a nuestra actividad mental

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