
Salgo de casa y aún es de día, eso me hastía.
Me acostumbré a la oscuridad y no quiero luminosidad.
No quiero presenciar a la humanidad.
Los perros se me acercan y no me paran de ladrar,
y me hacen pensar que quizás puedan notar en mi interior la oscuridad.
Bravooo!
Saludos Insurgentes