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Bruno.dlsm

«No se puede hacer el amor con el estómago vacío»

916 palabras
7 minutos
81 lecturas

Despertar era horrible, saltaba del piso del cuarto maquinalmente con la espalda destrozada y me quitaba las hormigas que me caminaban encima. Suerte ninguna de ellas eligió morderme. Nunca soñaba o al menos nunca recordaba soñar, dormía muy poco, algunas horas solamente y ambos colchones inflables que había comprado estaban pinchados y se desparramaban inútiles en el suelo. Dormía encima de ellos en posición fetal llegada las cuatro de la mañana.

Andrea me recomendó preguntar en Internet por un colchón, también me recomendó que haga terapia y reciba medicación. Yo sostenía que nadie que valiese la pena podría escribir en paz. Sentía endurecerse las manos, sentía los dedos dispuestos, y me intimidaban las hojas en blanco. Un mes sin escribir nada, mal aliento, falta de propósito, y la Internet llena de basura. Había tantas personas escribiendo que era inconcebible, imaginaba conseguir un empleo, cualquier empleo.

No existe glorificación alguna para lo que hago, la verdad es que soy un ser humano horrendo, déspota, maligno y despiadado. Solo andaba por ahí buscando satisfacer mis necesidades, tratando de olvidar algunas cosas y así también lograr echar un polvo. Muchas mujeres estaban dispuestas no puedo mentir, pero que polvos fríos y científicos portaban. La verdad, vivía en mi imaginación y allí yo era el héroe, el gran salame, el escritor de primera, el super fotógrafo. Sonreía a causa de mis incesantes fantasías mientras observaba con detenimiento la suciedad de mi habitación, la pobreza de mis bolsillos y la miseria gravada en mi cara.

No, no follaba con nadie, era absurdo intentarlo, las cosas no funcionaban y podía ver a Daniel diciéndome que consiguiera un trabajo, eso Arturo, un trabajo. Horas me las pasaba escribiendo cartas a mis posibles empleadores, siendo sincero, era lo único que escribía, temía sobre todo ser demasiado sincero simplemente por el hecho de que las cartas enviadas iban a ocupaciones que ni me interesaban. Fingía, de una manera hermosa y sin precedentes que podía con todo aquello, que podía levantarme todos los días por un año y nunca escupirles en la cara. Pero la verdad era distinta apenas y podía pronunciar palabras elocuentes, apenas y podía levantarme de la silla de mimbre que me tenía atrapado hace días y, cuando salía de ella, cegado e importunado por el hambre y el recuerdo solemne de que soy pobre, solo ahí, movido por el interior de mis tripas lograba algo.

Cómo verán, esto es un llamado desesperado y muy cordial a un buen colchón o, incluso un colchón malo. También un trabajo pero no me hago tales esperanzas. ¿Podrían donarme uno? Me ayudarían considerablemente. Incluso imaginaba a aquellas sensaciones de Internet ayudándome. Era tan estúpido y triste, aparte del hecho de que solo podía escribir de mi, yo, en consecuencia de todas mis ideas, estaba solo.

-Hey, no seas marica-

Me decía en vos alta.

-¿Hace un par de días no bebes y te pones así? dale, conseguí un trabajo, báncate tus cosas no seas una mariquita insostenible-

Trataba de animarme, trataba de decirme a mi mismo que era un hombre, que no había propósito para estar tan mal.

-¿Acaso Knut Hamsun no pasó hambre y desdicha? ¿Acaso Bukowski publicó una novela a los 25 años? ¡Eres un pendejo! Un pendejo idiota, incluso John Fante no fue reconocido hasta después de su muerte.-

 Y me animaba de nuevo a no dejarlo, a seguir escribiendo, a terminar algo algún día.

-Aunque sea una basura, va a ser tu basura y, ¿Cuánta basura hay publicada? Personas sin sentimientos, poetas adornadores de la nada-

Hay un lugar para vos en los estantes Arturo. Pensé.

Y me imaginaba a mi mismo como un autor celebre, reconocido, paseando por galerías de arte donde se exponían mis trabajos fotográficos y, sin decir una palabra incluso notaba la admiración en los ojos de todos los demás. Fantasías, me tomé la carme y la apreté, por la pierna, fuerte, y desperté. A mi me miraban con asco, incluso con recelo. No era un galán, estaba delgado y mi espalda sufría silenciosamente todas las noches que dormí en el suelo. Tampoco me veía muy bien ya que la barba estaba larga y enmarañada, igual que el pelo y a veces quedaba en posiciones extrañas más una vez que me levantaba y nunca lo corregía. Mi aliento apestaba. No había mujer que me aceptara en estas condiciones a menos que aquella mujer pensase de mi un hombre inteligente y con talento. Pasaba en pequeños momentos, pero después se desvanecían. Quizá no tenga talento, no sepa escribir, quizá no entienda nada de la vida.

Ciertamente había cosas que tendría que olvidar, para empezar había una muchacha de pelo rosa a la que clickeaba el perfil de facebook todos los días con religiosidad, y también el otoño entre otra enorme cantidad de cosas; olvidar Buenos Aires sobre todo.

Los días pasaban con una lentitud lejana parecida al letargo fantástico de algún thriller de Hollywood. Internet me las cobraba y en el auge de mi encierro existían ideas imaginarias que me perturbaban, una era volver a verla.

Un mes, solo hay que esperar un mes decía la cabeza. Pero ella se tentaba con el relato de mi fantasía. En ella yo estaba en una pizzería en el área metropolitana de Capital Federal, aguardando, impecable, impoluto, paciente. Ella llegaría tiempo después. Y, aunque temo fantasear con el encuentro muchas veces no logro evitarlo, y este es tan vívido y hermoso como la pared derruida de la habitación en la que duermo.

Reto creativo «Escribir es invitar»
😨 Cuenta la historia de un escritor o escritora atormentado por su miedo a fracasar.
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Bruno.dlsm
Miembro desde hace 1 año.

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Naufragoenlaluna
07 sept, 09:13 h
Me ha gustado, tiene ese rollo de humor y de tristeza jiji
Celia García Mendieta
08 sept, 23:16 h
Te recomiendo revisar algunas faltas además de añadir alguna pausa en los párrafos con tantas comas. ¡Suerte!
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