El día que dejamos de creer en los ángeles

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Encuadernación
Páginas
14x21
Tapa blanda
sin solapas

Año 2047. La vida de la detective Michelle Cavelier da un giro inesperado cuando acepta echarle una mano al Señor de la Muerte, un ángel impredecible y caprichoso, empecinado en desvelar el misterio que ronda alrededor de un brutal asesinato, cometido por otro ángel. Lo que parecía ser un simple favor, una investigación de rutina, de pronto se convierte en un viaje alucinante a los recuerdos de Michelle para averiguar lo que sucedió con una misión fallida y mortal, borrada de su memoria muchos años atrás. El Ángel de la muerte decide violar algunas reglas para tratar de recuperar lo que desapareció de la mente de la detective. Mientras tanto, una adolescente llamada Isabel quiere hacer algunos ajustes a su aburrida existencia, sin sospechar que uno de esos cambios —perder su virginidad— despertará fuerzas poderosas que pondrán a temblar a la nueva clase dirigente de la Tierra: los ángeles, que conviven con la humanidad desde hace más de veinte años en paz y armonía (por ahora).

El día que dejamos de creer en los ángeles es un thriller distópico entreverado de fantasía y ciencia ficción que engancha al lector desde las primeras líneas.

Sobre el autor

Luis Mariano Estela Aldana (Bogotá, 1966) se graduó como publicista en la Universidad Jorge Tadeo Lozano en 1991, se especializó luego en Comunicación Visual. Trabaja en publicidad y como creador de contenidos. En 1999 obtuvo el primer premio en un concurso de escritura nacional de guiones para largometrajes, lo que lo motivó a definir su sueño de ser un generador de historias fantásticas. En la actualidad vive alejado de las grandes urbes en una de las zonas más bellas de Colombia: el Eje Cafetero.



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Hace 5 meses


El Día que Dejamos de Creer en los Ángeles
La Reseña




«—¿Quieres que vaya al grano?
»—Please, darling: hazme mucho más sabia, porque belleza me sobra.
»—[…] Si tratas de modificar algo de lo que ya
fue, corres el peligro de alterar
 peligrosamente lo que
es en el ahora y mucho de lo que será en el mañana.»



Sinopsis

Año 2047. La vida de la detective Michelle Cavelier da un giro inesperado cuando acepta echarle una mano al Señor de la Muerte, un ángel impredecible y caprichoso, empecinado en desvelar el misterio que ronda alrededor de un brutal asesinato, cometido por otro ángel. Lo que parecía ser un simple favor, una investigación de rutina, de pronto se convierte en un viaje alucinante a los recuerdos de Michelle para averiguar lo que sucedió con una misión fallida y mortal, borrada de su memoria muchos años atrás. El Ángel de la muerte decide violar algunas reglas para tratar de recuperar lo que desapareció de la mente de la detective. Mientras tanto, una adolescente llamada Isabel quiere hacer algunos ajustes a su aburrida existencia, sin sospechar que uno de esos cambios —perder su virginidad— despertará fuerzas poderosas que pondrán a temblar a la nueva clase dirigente de la Tierra: los ángeles, que conviven con la humanidad desde hace más de veinte años en paz y armonía (por ahora).

El día que dejamos de creer en los ángeles es un thriller distópico entreverado de fantasía y ciencia ficción que engancha al lector desde las primeras líneas.



Introducción

¿Por ahora?
Me he tomado la licencia de comenzar esta reseña con la cita inicial que llamó mi atención por esa afirmación final tan lapidaria, la cual y lejos de restringirse a la mera ficción, resulta certera.
Escrita con espíritu transgresor y visión futurista, El día que dejamos de creer en los Ángeles es la primera novela de Mariano Estela Aldana, de quien hablaré más adelante. Esta narración me sumergió en una realidad cuando menos inquietante pero no tan remota como parece dado el auge constante de tecnologías de ultimísima generación.
En un primer momento me llevó a congraciar Regreso al futuro con El Quinto Elemento, el primero por los viajes temporales de McFly (a bordo del Delorean) y el segundo porque está ambientado en un entorno altamente tecnológico (con vehículos que también desafían las leyes gravitacionales).
Pese al avance tecnológico y que este beneficie para un mejor abordaje, los métodos de investigación siguen siendo los mismos y en mi opinión es muy positivo que así sea: toda ficción tiene un "anclaje" en lo real.
Viajamos en el tiempo a través de los recuerdos y ese es uno de los aspectos que la diferencian de otros títulos que haya leído anteriormente. Decir que fue un "flechazo". Si hay algo que me apasione es el tridente pasado - presente - futuro, sumado al ocultismo de varios pasajes, que me sorprendió para bien, superando con creces cualquier tentativa que pudiera tener mi imaginación. Pero sí que me llevó a pensar en un "gobierno único", en apariencia feliz, y nunca hubiera contado con la presencia de semejantes plumas.
Este contexto de armisticio humano-angelical no me dejó indiferente y claro que repito en la segunda remesa.



La Estructuración

Como comentaba, un escenario tan heterogéneo, cambiante y que se mueve en distintos planos temporales exigía una estructura que no hiciera chirriar el engranaje. Dividir la trama en cinco «libros», me pareció un acierto ya que de ese modo no me desconecté en ningún momento de la historia, manteniéndome en vilo a la espera de lo que pudiera suceder con las cacatúas.
A medida que leía, me gustaba anticiparme, pero muy contadas veces mis cábalas coincidían con la propuesta del autor. Y he aquí otro factor distintivo: son libros con nombre propio, a cada cual con su personalidad inherente, cuya esencia permanecía constante cual leitmotiv.
Me encantaron los giros argumentales con que me he topado aquí y, encima, son coherentes y no menos sorprendentes.



Los Personajes

Destacaré los que me parecieron las piezas fundamentales del mecanismo y daré mi opinión dos a dos:
1) El Ángel de la Muerte y El Señor de las Sombras: dos entes celestiales poderosísimos, el primero irreverente por naturaleza, con cierto engreimiento y que, a priori, parece ostentar el don de la omnisciencia entre otros; el segundo, quiere dárselas de Gentleman, más oscuro si cabe, pero en realidad es lo más parecido a un sicario; lo supe desde sus primeras intervenciones e intranquila me quedé porque algún as se guarda bajo el ala. Además, este último sí que parece no tener corazón (lógico por ejercer su función), a diferencia del primero o eso fue lo que me sugirieron los acontecimientos.
2) Juanfe y el Capitán Wright: Todo un bonachón cuyos sentimientos es reacio a mostrar por vergüenza y que aceptará su destino aunque al principio a regañadientes por "desconocimiento", Juanfe es de mis favoritos también por su actitud altruista y protectora (la valiente Elena). El 'Capi' me pareció todo un líder motivador que bien podría hacer andar al bueno de Lázaro y que, como Juanfe, pondría la mano en el fuego por sus subordinados (cabo Torres incluido). ¿Pero qué traerá su otra faceta? Seguro algo gordo.
3) Michelle Cavelier e Isabel: Se dice que lo mejor viene al final. Entonces, ¿cómo no mencionar a estas damas cuya presencia tiene visos de ser crucial? Por una parte, la Cavelier me ha parecido una mujer de armas tomar a la que cualquiera se atreve a intimidar sin salir escaldado/a y, sin embargo, tan solo dos mestizos (Helga y el asistente del delegado) fueron capaces de doblegarla, cada uno a su manera y hasta aquí puedo leer. Por otro lado, Isabel se me antojó como la "típica joven incomprendida" y, por tanto, rebelde pero con causa y siempre porsilasmos (me encanta esa expresión, lo que la hace más natural, más ella con la curiosidad de cualquier polluelo neonato). He de confesar que me identifiqué con ambas, con Michelle de inmediato pues es de los pocos personajes con los que comparto tanto, como si fuera mi doble. Pero el destino es caprichoso, ahí lo dejo.
E inventariando un poco, a mi juicio, hay un personaje que requería mención aparte por su estatus de eminencia en el escalafón celestial: el Querubín, un ser superior en todos los sentidos y con una dieta tan peculiar que me llevó a pensar que era tanto o más despreciable que El Señor de las Sombras, pero me sorprendió para bien el hecho de que tras su extravagancia desmedida, haya caridad (y no poca); los hechos así lo atestiguaron. Me dejó expectante y ávida de ¿otras demostraciones de su particular probidad? Porque «Los tratos con los humanos eran simples: ellos seguían dirigiendo sus naciones mientras los Ángeles asumían una posición de seres supremos. Muy simple: unos arriba y otros abajo.»
Lo sensato: adoptar una posición neutral para no sufrir las duras consecuencias.



El Autor

¿Qué hacer sino desaherme en elogios ante un autor revelación que no creía serlo? Decir que comulgué con su estilo narrativo desde que me atreví a leer –intrépida de mí, como Michelle– el prólogo y primer capítulo. Automáticamente, confié en que se acabaría publicando y helo ahí.
Oriundo de Colombia, Mariano ha demostrado tener pleno dominio sobre cómo construir una historia consistente y bien trazada para que te deje con la miel en los labios gracias a sus finales abiertos; lienzos en blanco que rellenar por nuestras mentes inquietas pero con la certidumbre de que la incertidumbre va a ser la constante protagonista.
Mediante el uso de un lenguaje con múltiples registros, desde el más formal al más "callejero" y según qué personaje, creó un clima óptimo del que ya soy asidua. Resultado: un escenario fresco y en constante evolución reflejado a través de los personajes y sin abandonar el tono sarcástico.
Ahora bien, dejando aparte el aspecto más profesional y técnico, como persona también me ha demostrado ser un tipo jovial, íntegro y generoso al que no le importa echar una mano a quienes realmente lo necesiten. Doy fe.
Como dijo Max Estrella en otra obra homónima, me quito el cráneo...



Conclusiones finales

Y pensando más a largo plazo, ¿dónde y cómo estaremos en 2047? Por mi parte la respuesta es clara: si me preguntaran qué llevaría conmigo ante un cataclismo como el descrito por Mariano, esta novela se convertiría en mi mapa y brújula.
De hecho, vamos por más de la mitad del 2021 y el estado de salud (medioambiental, social y geopolítico) del Planeta que habitamos no es que sea tan boyante como cabría esperar y El día que dejamos de creer en los Ángeles da pistas sobre cómo podríamos reencauzarnos para dejar de estar abocados a la Nada, destino que aún podemos eludir si ponemos un poco más de conciencia de nuestra parte.
Representa, en líneas generales, una llamada de atención a sabiendas de que estamos en tiempo de descuento.
Por tanto lector, discrepes o no del despertar, en efecto este Título lo tienes recomendado.
Feliz viaje.




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