La música no es lo más importante

Contradicciones de un melómano con su pasión


SOBRE EL LIBRO


19:58

Interrumpes la clase de Zumba que te has montado por videollamada con tus amigos y amigas porque se acerca la hora.


19:59

Llegas ajetreado al armario de la habitación y sacas una chaqueta. Lo que te faltaba después del esfuerzo es, encima, resfriarte porque hoy hace fresco y en el balcón corre mucho aire.


20:00.

Ahí están, los aplausos. Es ese momento en el que la rutina ha ido ganando al sentimiento, pero te mantienes en pie aplaudiendo y ves a tus semejantes en las ventanas del barrio haciendo lo propio.


20:04 

Ya se escucha de fondo. Los primeros acordes y una base perfectamente reconocibles.


Cuando pierda todas las partidas,

cuando duerma con la soledad,

cuando se me cierren las salidas

y la noche no me deje en paz. 



Javier Becerra, que ya ha cerrado la ventana y está sentándose en el sofá, amante de la música desde que tiene uso de razón y escribiendo sobre música desde los 17 años, ve los cimientos de su identidad como melómano tambalearse. No puede evitar pensarlo. «Menudo temazo», dice para sus adentros. Mientras tanto, en Twitter se suceden los mensajes de odio a una canción tan vulgar, plana, boba y cualquier adjetivo que imaginemos que diría alguien para sentirse mejor por no escuchar una canción pop.


Fotografía: Start Digital

Este proyecto nace la honestidad más visceral y la renuncia a los gustos impuestos para ser un buen amante del cuarto arte. La música no es lo más importante es una mirada crítica a la relación sentimental que los melómanos establecen con la música, con los criterios que a veces impone la crítica, y cómo se refleja en los fans. Una reflexión con tintes autobiográficos sobre cómo el conocimiento de la música nos puede convertir en personas que no disfrutan de ella.


Las opiniones prestadas, el uso del conocimiento como una herramienta de exclusión del otro y la traslación de los aspectos más tóxicos de la masculinidad son un cóctel perfecto para convertir a un melómano en alguien incapaz de ser feliz escuchando música


En La música no es lo más importante se habla de David Bowie, Enrique Iglesias y Jarabe de Palo. De Leonard Cohen, Natalie Imbruglia y Flying Saucer Attack. De Xoel López, Daddy Yankee y Los Del Rio. Pero también de esa prensa musical que rechaza la alegría y ridiculiza la felicidad; suplantaciones del ego en favor de una supuesta virtud intelectual que, a veces, no es más que un billete solo de ida hacia un mundo lleno de normas y prejuicios.



Sobre el autor


Javier Becerra

Javier Becerra es periodista especializado en música y dedica su profesión a escribir para que cualquiera que le lea pueda entenderle. «No quiero convertirme en alguien que habla para una parroquia pequeña; no quiero escribir para lucirme, quiero escribir para ser leído y entendido», cuenta.




Este libro nace con una evidente vocación autobiográfica, haciendo una profunda revisión a su propia relación con la música a lo largo de su vida. El punto de inflexión que lo cambia todo tiene nombre y apellidos y le gusta cantar Help de The Beatles y La Macarena de Los Del Río por igual: sus hijos. Su visión desacomplejada y de pleno disfrute de la música le descubrió que había vivido muchos años la música de manera equivocada.


«Si un amigo me dice que a su hijo de cinco años le gusta Joy Division seguramente le diría que necesita llevarlo al psicólogo», ironiza Javier. En su libro quiere hablar a ese tipo de melómano que se lleva las manos a la cabeza cuando alguien escucha música mal; ese rockero perdonavidas, como le gusta decir, que hace del prestigio negativo su virtud, una identidad alrededor del odio hacia la música mala.




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