Gato Jazzz

Gato Jazzz

La autodestrucción sostenible

Este libro ha sido publicado tras completar una campaña de crowdfunding.

Mecenas, colaboradores y toda una comunidad de incondicionales dieron su apoyo a este proyecto para que ahora puedas tenerlo en tus manos.

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SOBRE EL LIBRO


Este es un poemario, pero no uno cualquiera.

En este libro coexisten dos facetas autónomas y vitales para su autor en la producción creativa: la vulgar cenicienta cínica y la solemne hada poética. Ambas, dicotómicamente, subyacentes la una a la otra, sirven como modelo global de expresión. 

En este poemario hay obscenidad y belleza a partes iguales; se logra la belleza de lo obsceno, y en la belleza, evocadora y sensual, puede verse cierta obstinada obscenidad, presente en lo irreal de la rima artificiosa frente a la trivialidad pasajera de la existencia. No hay una sin la otra. A pesar de la futilidad, qué sería de nosotros si no nos motiváramos un poco más de la cuenta de vez en cuando. 



En este poemario se recogen poemas de los últimos tres años del autor. Por eso en algún punto hay también contradicción; es atractiva la idea de que si uno es muy contradictorio, por qué no habría de serlo su obra también.

Su estructura es un guiño a un autor que marcó mucho a Guillem durante su adolescencia: Allen Ginsberg. La obra empieza con un poema largo -23 páginas- para luego dar paso a una sección  heterogénea -los treinta y tres poemas- en la que se exponen sus desvaríos de juventud -al menos, los que han quedado fielmente capturados-.


Sobre el autor


Guillem R. Dasquens

Guillem Roca Dasquens vive en La Garriga, un pueblo cercano a Barcelona, desde que nació. Allí hay una numerosa presencia de artistas que han ido influenciando su trabajo y motivación desde hace años. 

Empezó a escribir por lo que muchas veces se empieza: un romance. A los dieciséis, sin saber muy bien por qué, le dio por escribir poemas de amor para una chica con la que estaba saliendo. La historia con ella no salió bien, la poesía, afortunadamente o por desgracia, sí. Ha convivido con él desde entonces, creciendo juntos, expandiéndose. Fue una época un tanto turbulenta y decidió encontrar un apoyo fundamental en los libros que leía a modo de evasión y los pequeños textos que escribía y que, precipitadamente, enseñaba a ciertas personas que le animaban a seguir.

Ocasionalmente Guillem vuelve a esos primeros escritos y no acaba de entender muy bien cómo es posible que sus amigos sigan a su lado.



Tres años y muchas idas y venidas después, aquí está Guillem. Siendo consciente de las buenas y malas decisiones, pero sin intención de rendirse. «No voy a dormirme en los laureles ni a abandonar ese sueño de mi yo imbécil y porrero de dieciséis años. No, en absoluto. Esa es mi identidad, el punto más relevante al menos, y quiero vivir de la escritura aunque sea un objetivo romanticoide chapado a la antigua; aunque en esta aspiración haya más de obsoleto que de realista.  Este es mi sueño, mi meta, mi derrotero y mi excusa recurrente para dedicar todos los hechos de mi vida a un fin que se presenta constantemente en mi modo de actuar y de ver el mundo».

No podemos añadir nada más. Este es Guillem.