Rastro



Rastro

Este libro ha sido publicado tras completar una campaña de crowdfunding.

Mecenas, colaboradores y toda una comunidad de incondicionales dieron su apoyo a este proyecto para que ahora tú, lector, puedas tenerlo en tus manos.

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SOBRE EL LIBRO


Rastro es un libro de fotografía en blanco y negro porque no podría ser de otra manera, porque es atemporal como el propio Rastro de Madrid, ese mosaico ecléctico con forma de mercadillo y 400 años de tradición.

Es un relato mudo que cuenta la historia que no sale en los titulares pero que ayuda a construir la Historia con mayúsculas. Es la reflexión de un paseante que retrata lo que le rodea con perplejidad, buscando una vuelta de tuerca a lo cotidiano. Es el reflejo de un estado de ánimo y la historia de una mirada.

Rastro es la culminación del trabajo del fotógrafo, ilustrador y diseñador Rafael Ricoy (Alicante, 1968). Quiere ser un libro de fotografía moderno jugando a ser clásico y, en ocasiones, darle sentido a la paradoja que supone el “realismo abstracto”.



Rafael empezó a visitar El Rastro como un ritual dominical. Desde entonces, se sumerge en un mar de personas, objetos, formas, luces y sombras. Al principio iba sin cámara, pero pronto la incorporó porque le parecía un lugar ideal para hacer fotos.

En El Rastro encuentra un corte transversal perfecto de una sociedad, de un país y de un momento: funciona como metáfora a gran escala. En El Rastro ha encontrado caras, texturas, situaciones y ambientes que son muy de la ciudad y, por eso mismo, de todas partes. Rafael ha conseguido un trabajo con regusto clásico pero con un pie apoyado siempre en el surrealismo cotidiano, en buscar un significado mas allá de la mera descripción, un significado que corresponde al espectador redondear.



Sobre el autor


Rafael Ricoy Olariaga

Rafael Ricoy nació en Alicante y se trasladó a Madrid veinte años después. Es un autodidacta, aunque no le gusta la palabra, porque «en realidad, uno siempre aprende de lo que han hecho antes los demás». Creció rodeado de libros, de discos y de revistas. La imagen es su medio natural.

Empezó a hacer fotos «con una cámara soviética que pesaba un quintal» y a revelarlas en el cuarto de baño ante la preocupación de sus padres, que pensaban que pasaba demasiado tiempo ahí encerrado. Tras un montón de trabajos de supervivencia, consiguió vivir de su vocación, la ilustración, hace una década.



Desde entonces, ha podido profundizar más en la fotografía y dedicar tiempo a proyectos como Rastro. «Para mí, la fotografía es una pasión y una necesidad, algo que hago con la libertad del aficionado pero con el cuidado del profesional», dice Rafael.