👻 Cuenta la historia de una misteriosa librería fantasma que solo pueden ver los habitantes del pueblo.
No es que fuera secreta, ni fantasma..., es que no existía. La habitación de mi prima Gloria era la única librería, la única biblioteca disponible para mí durante los veranos de mi infancia, esos veranos eternos en casa de mi abuela, un caserón enorme en una aldea diminuta donde las cuatro calles se cruzaban en el lugar exacto donde asomaba blanca al sol, sobre las tejas amontonadas y rojizas, la iglesia. Adoraba el olor de la tierra arcillosa y reseca en el aire, ese aire caliente y diáfano que mi padre perfumaba a abeto a manguerazos contra los árboles en fila, pero no había biblioteca, y el montón de libros que embutía en mi bolsa estampada con perritos de colores en el asiento de atrás del coche, entre tres pares de piernas flacas y las protestas de mis dos hermanas, se hacía siempre demasiado corto. Así que acababa recurriendo una vez detrás de otra a la habitación de Gloria, que vivía allí, en la casa de al lado, todo el año, y tenía en su cuarto una estantería, casi siempre con los mismos libros, pero que yo examinaba con mucho cuidado cada vez. El cuarto de Gloria tenía una media luz a rayas anaranjadas y un montón de cuentos fascinantes por lo ajenos que ella me prestaba y yo leía sentada junto a la piscina, con los pies en el agua algunas veces, y después le devolvía. Casi siempre. Ahora, treinta años después, veo en mi anaquel una novela que salió del suyo. Es lo único que queda de aquel tiempo..., pero esa es otra historia.
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María Luisa Toribio
Redactora en "El Mundo" antes, correctora desde hace años; por mis manos han pasado más de ciento…
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Miembro desde hace 7 años. 4 historias publicadas.
Saludos Insurgentes